“Que por mayo era por mayo…”, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Comienza mayo con el Día Internacional de los Trabajadores, la conmemoración del movimiento obrero mundial. El periodista Adolph Fischer (ajusticiado después) redactó una proclama que decía: “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”.

Años antes, el 2 de mayo de 1808 se inicia el levantamiento popular que desembocaría en la guerra de independencia. Actualmente se celebra el Día de la Comunidad de Madrid.

El pasado 4M, los madrileños acudieron a votar en libertad por la libertad en contra de la libertad. No se puede apelar a ella a la vez que se realizan políticas que incrementan las desigualdades sociales; son incompatibles. El uso torticero de tan hermoso concepto y bella palabra es de un enorme cinismo. Muchos de esos votantes lo hicieron contra sí mismos. La amenaza roja que se cernía sobre Madrid le procuró a Miguel Ángel Rodríguez (MAR), el panderetólogo de Isabel Díaz Ayuso ([IDA], su nombre es Isabel Natividad y el acrónimo debería ser INDA, todavía peor) un sólido argumento inexistente para que enfrentara la libertad, lema de su campaña, contra el gobierno socialcomunista, que la amenazaba cerrando bares y alimentando la tristeza. A juzgar por los resultados, que le han dado una aplastante mayoría, el mensaje ha calado. Ha triunfado el mensaje, no la libertad. Respeto la decisión de la mayoría, faltaría más; pero como no los considero escasos de entendimiento, permitidme no darles la razón como a los tontos; en cambio, propongo intentar desengañarlos de manera democrática.

IDA y MAR inventaron el nacionalpopulismo madrileño contra un gobierno central empeñado en tomar decisiones necesarias e impopulares, en un ambiente de fatiga pandémica. La gestión de la pandemia y de las residencias por el gobierno de Madrid ha sido siniestra. Claro que, después de enterrar a sus muertos, los madrileños se podían ir a tomar una caña o un vermú viendo pasar féretros de los que no pudieron ser atendidos porque IDA les negó ese derecho.

Fernando Savater escribió en una de sus columnas sabatinas que votaría al PP de Ayuso para evitar al “comunismo intervencionista” y a los “bolivarianos de guardarropía” en Madrid. Jordi Gracia escribe que no hay anestesia contra el dolor de ver a este heredero insumiso de la Ilustración secundar los eslóganes de la derecha. Quien en su día se confesó influido por Nietzsche, Cioran y Spinoza, entre otros, ha evolucionado desde el pensamiento libertario junto a Agustín García Calvo a la insensatez libertina de la Presidenta. Si mente tan privilegiada ha sido abducida por la gatamusa, qué no esperar de cerebros normales y corrientes como los nuestros.

Ignoro cómo lo explicará cuando se presente en Madrid para pedir la independencia de Madrid, ya se le ocurrirá algo al asesor; los medios de desinformación masiva dependientes del poder financiero se encargarán de vociferarlo, como han hecho con la campaña del PP. Los mismos que han callado ante las mentiras de la lideresa y ante el retroceso económico y social de Madrid (los datos están ahí). El escritor norteamericano Upton Sinclair afirmó que “es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”. Y ya sabemos quién manda en esta época de Dictadura del Privilegiado.

Es imposible resumir todos los anhelos sociales en una papeleta; la democracia, en el instante de depositar un voto; tampoco un programa político cabe en un eslogan. Cuenta Joaquín Estefanía que el pensador francés Pierre Rosanvallon escribió que el 15M tomó implícitamente la idea de pasar de una democracia intermitente, presente en cada momento electoral, a una democracia permanente, y de una democracia de delegación a una democracia de implicación.

Cuando uno de los líderes de aquel 15M, Pablo Iglesias, intentó alcanzar el cielo, los ángeles que guardan las esencias divinas lo consideraron un Satanás moderno y lo enviaron al infierno. Si las múltiples amenazas que recibió las hubiera realizado ETA (felizmente  desaparecida), estaría en el altar de los mártires; sólo consiguió ser asediado por todas las derechas, algunas de ellas insertadas en una presunta progresía. Cometió errores y abusó de la autoestima; no obstante, aportó una manera nueva de hacer política. Mi reconocimiento a su contribución a la historia de la política y de la izquierda, y mi repulsa hacia los que decidieron asaetearlo sin tregua.

Tengo por arraigada costumbre no acertar en los pronósticos; sin embargo, predije en mi anterior artículo en Estella Noticias que Gabilondo sería devorado desde todos lados, incluso desde el suyo, y acerté. Era muy fácil de prever.

La campaña para convencer a los votantes debe iniciarse desde el trabajo diario, en la Asamblea y en la calle, algo que hizo Más Madrid, no el PSOE. Gabilondo presenta su candidatura citando a Kant, el filósofo que escribió La Crítica de la razón pura. Cuando te presentas a la ciudadanía enfrentando a uno de los pensadores más influyentes de la filosofía con la ontología tabernaria (una de las propiedades trascendentales del ser humano es la capacidad para demostrar su omnisciencia en la barra de un bar), ya lo haces como perdedor. Kant no tiene nada que hacer contra la alegría cervecera y la visión panglosiana que le sigue.

A esto habría que sumar los consejos desacertados (no me atrevo a elevarlos a la categoría de táctica, ni mucho menos de estrategia) del todopoderoso Iván Redondo, jefe de Gabinete de Pedro Sánchez.  El camaleón disfrazado de mago suele acertar a favor de corriente, tiene buen ojo para apostar a caballo ganador. Una vez arriba adquiere otra rutina: destruir al que ayudó a subir. Ya le queda menos para acabar con el Presidente, será en las próximas elecciones.

La izquierda debe hacer autocrítica (que en España se suele referir al juicio crítico sobre obras o comportamientos “de tu compañero de al lado”), reflexionar sobre el presente y el futuro inmediato, ser valiente y hacer políticas de izquierdas sin demora, antes de 2050. Todo ello para volver a la política, que parece haber quedado reducida al marketing, que, a su vez, ha sido degradado al papel de publicidad engañosa. Tampoco puede olvidarse de parar al fascismo que no cesa (en primer lugar, llamándolo por su nombre).

La izquierda es derrotada en Cataluña por la propia ERC, que queda ceñida a la C. Prefiere gobernar con la derecha nacionalista y xenófoba (Torra llamaba a los catalanes que no hablan catalán “carroñeros, escorpiones, hienas y bestias con forma humana”), tutelada por  Puigdemont.

Está de moda la equidistancia. A la que se refiere a la pretensión de mantener el equilibrio entre dos puntos desiguales deberíamos llamarla de otra manera: hipocresía, cinismo, cobardía, indiferencia… depende del caso.

Para los emigrantes que huyen, el punto equidistante entre las dos orillas (en una, la mísera, amontonan a los niños en la calle; en la otra, más ordenada, los apilan en estanterías) es la muerte oculta bajo el mar. Guardar equidistancia entre el gobierno israelí y el pueblo palestino es equiparar al exterminado con el genocida.

Los empresarios del IBEX y los grandes banqueros incrementan hasta el infinito las diferencias salariales con sus empleados. El presidente de CaixaBank  se sube el sueldo de 500 mil € anuales (una miseria) a 1’65 millones; entretanto, prepara mandar al paro a 8000 trabajadores. Estos tipos huyen de la equidistancia disimulada. No son hipócritas, son sinvergüenzas.

El anónimo “Romance del prisionero” es un romance lírico cuyo tema es el sentimiento de tristeza del protagonista ante la imposibilidad de disfrutar del esplendor primaveral. Su único consuelo y esperanza es una avecilla a la que al final mata un ballestero y lo sume en la más absoluta soledad. Los últimos versos relatan la muerte de la esperanza y del sueño de libertad. Ojalá no se cumpla. ¿Recordáis? Comienza así: “Que por mayo era por mayo…”.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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