Ni rampa ni rampo, por Silvia Solano Ugarte

Os voy a contar algo que me ha sucedido esta semana. Cómo muchos de vosotros ya sabéis soy una persona con movilidad reducida, que precisa de un andador para poder desplazarse. En el año 2019 me tocó empezar con las mamografías para la prevención del cáncer de mama. En ese momento subí al hospital de Estella, sin más, pensando que habría alguna manera de salvar las escaleras que dan acceso a la unidad móvil en la que se realizan las pruebas. Me equivoqué y, si bien no es un número excesivo de peldaños los que hay que subir, la inestabilidad que presenta la barandilla unido al hecho de que no llegaba hasta el final, hizo que la cosa se convirtiera en una actividad de alto riesgo.

Se dejó constancia para que en próximas ocasiones no ocurriera lo mismo y se me dijo que si la prueba era por la mañana, venían con una rampa para que en el caso de que alguien lo necesitara, no tuviera problemas. Así se quedó. Hace mes y medio recibo una llamada en la que me comunican que van a empezar con las revisiones, y que al ser conscientes de mi situación, me avisarán cuándo vienen a Estella-Lizarra, para disponer de la rampa.

El martes 23 de marzo me llaman y me dan cita para el día siguiente, pero cual es mi sorpresa cuando, gracias a que iba con mi padre para decirles que ya estaba allí, me saltan:

-Anda pero si te defiendes muy bien, entonces sube andando que montar la rampa es un follón y una pérdida de tiempo.

Así que ni rampa ni rampo.

Silvia Solano Ugarte

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