“Democracia, ma non troppo”, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Ma non troppo, como sabéis, es una locución adverbial que significa “pero no demasiado”. Es frecuente su uso como acotación musical tras allegro o piano (rápido o lento…pero no demasiado). La expresión italiana me ha parecido muy apropiada para acompañar a democracia en el título. Veremos los porqués.

Es posible que el problema no fuera 2020, sino nosotros, los que viajamos a través de él, incluido el bicho; tendremos ocasión de comprobarlo. Comenzamos 2021 con sobresaltos de diversa índole. El primero de ellos es la sucesión de olas cada vez mayores en un mar de incertidumbre: la pandemia que no cesa. El virus continúa su expansión y solo la vacuna aporta alguna esperanza de momento. No salvamos la Navidad y empeoramos la cuesta de enero, que se ha hecho mortal.

Filomena, a nuestro pesar (Memorias de una borrasca que nos ha descolocado) — si me permitís parafrasear el título de la novela de Torrente Ballester—, nos hace tiritar entre la nieve y nos obliga al confinamiento a nuestro pesar. Algunas bromas consecuencia de aquella señalan que, en solo dos años de gobierno socialcomunista, Madrid ya parece la Moscú soviética. Teodoro García Egea, a falta de huesos de aceituna que escupir, arroja sandeces del tipo “noche de mantita y peli” para acusar a Sánchez e Iglesias de no hacer nada. Lo mejor, sin duda, es la imagen de Casado retirando nieve pala en mano y fotógrafo a mano. Ante tal demostración de valentía y solidaridad, Filomena se ha retirado amedrentada. Los conspiranoicos no cesan y advierten de que lo que ha caído sobre Madrid no es nieve sino plástico, seguramente debido a una conjura de la Internacional Calefactora apoyada por Miguel Bosé. Almeida y Ayuso solicitan la declaración de zona catastrófica para Madrid ya que los madrileños no reivindican para esta versión sosa de Luisma y Barajas (de la serie televisiva Aída) la declaración de pareja catastrófica.

La nieve, en fin, que es poesía lírica a través de la ventana, se convierte en prosa épica al caminar sobre ella; incluso en grito postraumático cuando se hiela.

Confinamiento, la palabra del año 2020 para la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), sigue de moda ayudada por otras causas. Ante el oleaje recurrente-remitente estamos volviendo a él poco a poco.

Más de 30 millones de estadounidenses aprueban el asalto al Capitolio alentado por Trump, en un intento de golpe de Estado del propio presidente derrotado en las urnas. Además de la gran cantidad de calificativos que pueden aplicarse al energúmeno (narcisista, megalómano, manipulador, egocéntrico, dictador, prepotente, misógino, racista, agresivo, fanático…), él, como el resto de sus seguidores y votantes que lo continúan apoyando, son fascistas, así de simple; bastantes de ellos, incluido el jefe, con serias taras cognitivas (como nos recuerda Rosa Artal en un gran artículo).

La caverna mediática, cada vez más crecida, acusa a los antifascistas norteamericanos del asalto y la compara con protestas democráticas como la de rodear el Congreso. Un invitado en Cuatro llegó a sostener que los asaltantes eran americanos de Podemos. Pablo Casado, que comenzó criticando la invasión, también hizo tal comparación. Le resulta muy difícil esconder su vena facha y separarse en exceso de Vox.

Lo ocurrido en EE.UU. tiene unos antecedentes que deberían sonarnos. Allí, las mentiras salían del presidente y de su asesor Bannon. Aquí se decía y se dice: “Este es un gobierno social comunista… que quiere destruir la familia… imponer una dictadura chavista… que va a eliminar la propiedad privada”. Es preciso no olvidar estas y otras frases similares expelidas por los “defensores de la verdadera España”, la suya. Se va creando una retahíla de noticias falsas o falseadas, bulos, falacias e infundios que terminan por calar en almas susceptibles y en cráneos desocupados. También se realizó con éxito una estrategia similar en el referéndum sobre el Brexit.

Distintas formas y acepciones de peste nos han castigado con dureza. No ha sido asunto menor la reaparición de la “peste borbónica” (nada que ver con aquella otra que inundaba de abscesos a los afectados, salvo en su parecido esdrújulo), que nos atiborra de borbones y deja un hedor recurrente desde 1700 con una serie de adictos al dinero, al sexo o a la caza (o todo junto) como Felipe V, Carlos IV, Fernando VII o Isabel II entre otros. Entre su afición a las amantes como Corinna y a la caza de elefantes en Botsuana (¿gastos a cargo de quién?), con un patrimonio de 2.300 millones de euros según The New York Times, el Demérito parece continuar con los vicios de sus antepasados. Felipe VI, en su discurso navideño, perdió una gran oportunidad para dar pasos en el espíritu renovador de ejemplaridad y transparencia que pretende en su reinado; también renunciar a la inviolabilidad. Sin embargo, lo más grave fue no repudiar la actitud de los militares retirados golpistas y la extrema derecha que los jalea. Sus silencios hablaron de sobra.

Si los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer (o quienes firmaran con el seudónimo SEM si no fueron ellos) se atrevieran a publicar hoy Los Borbones en pelota, es probable que fueran a la cárcel por injurias a la corona. La larga lista de faltas de respeto de los reyes Borbones al pueblo español, incluido presuntamente el Demérito, contrasta con que la crítica hacia ellos sea delito aún en España. La libertad de expresión está más perseguida que en el siglo XIX gracias a los abogados cristianos, apostólicos y romanos; al grupo teocon hazte oír, qué me escuchen o algo así; los hogares sociales antisociales y racistas; los varios trifachitos; la caverna mediática; la confabulación de jueces retrógrados contra la democracia y otras organizaciones y personajes de similar ralea.

La principal amenaza actual es la pandemia ultraderechista. Trump, es una consecuencia, la más visible, pero hay muchos como él, también en Europa y en España. No somos inmunes. La crisis económica y social, Vox y adláteres, la cultura franquista residual (según el historiador Francisco Espinosa “todavía no nos hemos recuperado de la lobotomía que el franquismo practicó en el ‘lado izquierdo’ del cerebro de la población”) y el discurso del odio hacia las izquierdas y hacia el gobierno de coalición (al que el PP acusó de ilegal, como Trump al de Biden) crean unas condiciones para que algunos exmilitares no tan ex se atrevan a arengar en favor de un golpe de Estado al que numerosos ultras seguirían.

A pesar de reconocer el grave error de su aplicación, tras el “austeritarismo” cambiaron pocas cosas. Las élites neoliberales siguen dominando y manteniendo políticas económicas que incrementan las desigualdades y la injusticia social. El precio de la luz sube, como siempre, para mantener en la oscuridad y el frío a quienes no puedan pagarla. La mafia eléctrica es así. El hecho de que expresidentes y exministros, en un incansable ejercicio de puertas giratorias, formen parte de sus consejos de administración será una casualidad, que no quiero ser malpensado. Los mensajes sobre planes de pensiones privados para enriquecer a la Banca se suman a quienes amenazan que el sistema público de pensiones será inviable en un futuro próximo. El salario mínimo no deja de ser ínfimo. Hay más, pero basta por hoy.

El mercado es quien reparte la riqueza y así no hay nada que hacer. Es necesario reforzar el Estado de bienestar y un giro socioeconómico progresista que es el que esperamos de este gobierno. El profesor Vicenç Navarro publicó el libro Bienestar insuficiente, democracia incompleta (XXX Premio Anagrama de Ensayo en 2002). El título es sobradamente ilustrativo: sin aquel, esta no lo será del todo. Democracia ma non troppo, o sea.

José Félix Sánchez-Satrústegui

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