Mi ex coronavirus y yo (XLIII), por Algarabía. “Madre”.

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Hoy es el día comercial de la MADRE, qué preciosa palabra y cuanto sentimiento en ella, aunque ni ser madre es sinónimo de bondad, ni de ser persona realizada, es más, a veces ser madre supone sacrificar tu carrera profesional, tu vida, tus sueños y modificar absolutamente tu manera de vivir, dejas de vivir tu vida para vivir la de tus criaturas.

Y este es el momento en que pensáis, anda que esta vaya tela, menuda madre será si lo expresa así. Pues no tiene nada que ver que yo reconozca lo que cambió mi vida al ser madre y lo que yo haga en ese maravilloso, o no papel. Los y las que me conocéis sabéis de la devoción que mi hijo tiene por su madre, al igual que algunos de sus amigos.

Si a eso le sumáis que muchas veces, sobre todo en mi generación y anteriores, la madre era todo, padre, maestra, psicóloga, administradora, y todos los etc. que se os puedan ocurrir, la responsabilidad y la carga tanto física, como emocional es para tomar vitaminas diarias y muchas veces la recompensa es ninguna, porque pocos valoran esa abnegación.

Creo que mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero también que hubiese sido igualmente plena como persona, si no hubiese conocido la maternidad. No entiendo que sólo se idealicen dos facetas de la mujer, madre y objeto de deseo. Yo me reivindico en todas las facetas de mi vida, mujer, amiga, amante, sindicalista, gamberra, profesional, payasa, que no payuso, y cualquiera de las que otra persona pueda tener.

Es verdad que la madre marca mucho en la vida y que lo que recibes de ella es enseñanza de vida y de amor. No hay un manual de madre o padre, hay muchos libros que te enseñan lo que tú quieres que te enseñen, porque lógicamente, buscas el tipo de educación o forma de vida que tú previamente has elegido.

A ser madre te enseñan tus hijos o hijas, el resto es acumulación de información que dan psicólogos o pedagogos, que algunas veces ven la maternidad/paternidad de lejos. Ninguna criatura es igual a otra aunque compartan genes, ninguna, ni siquiera las gemelas univitelinas, por lo que intentar hacer “ Un mundo feliz” sacado de un libro, es complicado.

Las que hemos tenido la suerte de tener una madre como la mía, que iluminaba la vida de los que estábamos a su alrededor, que sus kilos de más confortaban tanto como su sonrisa, sus manos consolaban como un arrullo y dejaba huella en cada una de las personas que teníamos la gran suerte de ser las polillas que chupábamos de su luz.

Mi madre era muchas personas a la vez, Ángela, Angelita para los conocidos, Ita para la familia y mi padre, era de esas personas que siempre ven la parte buena de la gente, que lo mismo daba de comer a un niño en la calle, que ponía cepos para los ratones en casa de las vecinas, porque a mi madre las ratas o ratones no le daban nada, ni asco.

Ella siempre contaba, que en la incivil guerra civil y en la postguerra habían “pasado tanto” que se les había quitado el miedo a casi todo, convivían con las ratas y hasta les ponían nombre y si tenían una preferida, no dejaban que mi abuelo la matara. Así cuando en el barrio había una rata o animal parecido, era la señora Angelita la que ponía y quitaba los cepos.

Mis abuelos contaban que con un mes quisieron robarla, primero intentaron comprarla, pero mis abuelos pobres como eran, ni siquiera pensaron en la oferta y les echaron con cajas destempladas. Por eso cuando mi madre desapareció con nueve meses, no sólo mi familia, sino el barrio entero se escandalizó y salió a buscarla.

Madrid entonces era otra cosa, los vecinos y la familia eran lo mismo y preguntando, preguntando, un señor había visto una niña muy pequeña detrás de un rebaño de ovejas, en mi familia hemos hablado y andado muy pronto. Y allí con las ovejas rodeándola estaba ella tan feliz. Siempre decía, ayyyy mi Piluchita hija, nombre y apellido, lo uno no iba sin lo otro, si yo he pasado de todo.

Os podría contar muchas, muchas historias de mi madre porque cundía mucho y muy profundamente, ella pensaba que mi feminismo, ese que sacaba ya con 12 años, era producto de la enseñanza de mi amada profesora de francés, Violeta. Pero nunca me dijo que no le hiciera caso. Cuando llegué llorando de la iglesia porque me echaron, lo único que me dijo es “no tienes por qué volver más, es tu decisión, yo no volvería”

Pero bueno, no todas las madres son como la mía, las hay que no deberían haber tenido hijos en la vida, pero es que como decía al principio, ser madre no es sinónimo de ser buena persona, no te exime de la responsabilidad de ser empática, sociable, generosa, es más se puede dar la dicotomía de ser una excelente madre y una bruja integral como persona.

Por cierto, mi padre tal día como hoy nos regalaba flores a las dos, a mi madre y a mí, desde que lo fui, a su madre no. Mi otra abuela no fue buena madre sólo lo parió, por eso recayó en mí su homenaje, hace cinco años que no recibo flores el día de la madre.

Ya sabéis, si no habéis tenido la suerte que yo, recordad que siempre hay alguna persona que se preocupa por vosotros. Siempre hay alguien que está pendiente de cómo estáis, de qué sentís, y de si necesitáis algo de cariño, ternura, caricias, abrazos.

Y mientras, soñemos en el momento en que la piel se apodere de nuestras emociones, de nuestros sentimientos y de poder exteriorizarlo cuando nos apetezca. Feliz día de la Madre

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