Mi ex coronavirus y yo (XXXIV), por Algarabía. “Palabros”

 

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Desde muy pequeña y supongo que por la influencia de mi abuela y abuelo, padre y madre, he ideado inventado palabras que adapto a mi gusto, o he recopilado las que han dicho otras personas y me han gustado, las colecciono. Para mí el encaje perfecto de las letras formando palabras es como para otras personas el encaje de los números.

Así, me he partido de risa con ocurrencias que unas veces por ignorancia y otras por prisas, por querer parecer más listos que nadie, o por hablar habitualmente un idioma distinto y hacer una traducción literal, se convierten en verdaderos pozos de risa.

Entre estos que se pueden determinar como involuntarios, está “primicios” dícese de aquello que empieza, ósea inicio, en concreto la frase ante mucha gente, fue la siguiente “estamos en los primicios de la negociación” ahí queda eso, a lo mejor con la negociación adelantada estarían en los “finicios”, esto suele pasar porque a veces, las personas que tenemos que hablar en público, pensamos que por escoger palabras rebuscadas, parecemos más interesantes, y lo cierto es que somos los mismos, pero más lerdos.

Otra buena, confundir “lascivo” por “lesivo”, os cuento: Sicilia 1927, perdón me he equivocado, es la costumbre que tenemos entre mis amistades para poner en contexto lo que estamos contando.

Reunión de negociación de un ERE, toma la palabra un asesor de un sindicato que no voy a decir, pero no es el mío, “la empresa ha tomado el camino más lascivo” miradas de estupefacción entre las personas asistentes 26, yo le comento al compañero de mi derecha, “aquí acabamos todos en una bacanal” a lo que él responde, “pero los de comisiones con los de comisiones” en voz más alta de lo que le hubiese gustado y de repente estalla una carcajada general, que deja perplejo al dicente, que no se percata de su error y retoma la exposición dónde la había dejado “decía que la empresa ha tomado el camino más lascivo” risas.

Luego están como os decía, quienes habitualmente hablan otro idioma y al hablar en castellano traducen literalmente. Final de viaje de vacaciones, un amigo toma la palabra para dar las gracias por lo bonito y lo bien que se han portado guía y conductor y de repente se oye una voz al final del bus “un aplaudimento pa Paco” los que no hablamos su idioma, le decimos ¿Eso qué es? Y nos responde haciendo el gesto del aplauso “coño si había hasta un programa de tv que se llamaba así aplaudimento” y claro los listillos de los castellanoparlantes le decimos que se dice aplauso.

Luego están las palabras inventadas, como “conversarisión” que como me lo he inventado yo, lo escribo como quiero. Es esa cómo ya os dije, que empieza con una conversación normal y finaliza en risas tontas o inteligentes, pero risas al fin y al cabo. También está “zamburdia/o” que denomina a aquel o aquella persona amiga de la cual, no nos acordamos el nombre en el momento de llamarla.

“Mochipón” es una de mis favoritas, no sé si es invento de mi familia pero yo sólo lo he oído en este espacio. Dícese del obstáculo que encuentras en forma de saliente del suelo, habitual y modernamente se le llama bolardo, a mí me gusta más mochipón, ese elemento estático con el que te das en la rodilla cuando vas en manifestación, también los que marcaban antiguamente los kilómetros en las carreteras. Otro que me gusta mucho es “pichucha” no es lo que estáis pensando, ya sé que el confinamiento es duro, pero no es eso. Es el marcador de “leído” en el wasap. La frase puede quedar “lo ha leído porque salen dos “pichuchas” azules.

O las que mezclamos para hacer una perfecta como “abrazoquitapenas” o “romanticonquetemueres” de ambos, yo quiero ración doble hoy.

Y luego están las palabras que utilizamos a sabiendas de que están mal dichas, o mal ubicadas en el contexto de una frase, pero es a propósito. Por ejemplo lo que os contaba el otro día de mi relación con las aves, que para mí son todos pollos. O lo que me acaba de pasar, como trabajo en la terraza para ver seres vivos, o sea arboles y mis plantas, de vez en cuando se cuela un bicho volador, y se da contra el cristal. Yo no sé sin son abejas, avispas, o cualquier otra especie, para mí es un asqueroso bicho que vuela. A mí me asustan y ellos se pegan unos morrones contra el cristal, si tienen morro.

Y hasta aquí mis palabros de hoy, para que paséis un rato entretenidas hasta que dejemos de contar días de confinamiento y empecemos a contar deseos, besos, abrazos de esos que se puede dar todo el mundo y no sólo Lancelot, Ginebra y Arturo.

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