Mi ex coronavirus y yo (XV), por Algarabía. “Los besos”

 

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Ayer estaba demasiado indignada para hablaros de besos, pero era el Día Internacional del Beso, ¡¡Ayyy!!! Esa manifestación de cariño, deseo, ternura, pasión, etc., y hoy, un arma biológica por deferencia del COVID19, qué mala baba la del bicho canalla, no podía contagiarse a patadas, por ejemplo que así habría menos contagios, no por las gotitas.

Ya os contaba el otro día que en mi familia los besos los regalamos generosamente, sólo yo cuando era pequeña por lo visto, según las malas lenguas me los quitaba y no los quería dar a quién no conocía, ósea lo natural.

Por qué obligamos a los niños a besar o que les besen, vecinas o amigos, algunos de ellos que se dejan la baba en el moflete, no, ellos deben decidir a quién, cuándo y cómo, no debe formar parte de la educación el ir besando a cualquiera, no, con los besos hay que elegir el o la receptora, como en el cariño, el amor, o la amistad.

Ayer salí a la calle por primera vez en 38 días, bueno lo de salir a la calle es un decir, de casa al coche 25 m, llegada al super, comprar, otra vez al coche y otros 25 m dos veces, porque no podía subir todo. Pues bien, nada más abrir la puerta de casa me ha empezado a latir el corazón y a faltarme el aire, como si tuviese que pasar el arco de un aeropuerto.

He tardado 30 min escasos, pues todos y cada uno de ellos, más un par de horas después, seguía hiperventilando. Os queréis creer que me he cabreado conmigo misma. Yo me decía “a ver, qué te va a pasar, si vas como Darth Vader (la mascarilla es negra, no me voy a poner estupenda), no vas a contagiar a nadie, llevas dos guantes en cada mano, no toses, hace 24 días que no tienes síntomas, con el acorazado Potemkin que te has colocado tampoco te vas a contagiar ¿Qué pasa?

Un par de horas después, mi chiquilla la mayor, la madre de Julia (por cierto para comérsela), al contárselo y hacerle mi razonamiento “tu sabes que yo soy fuerte psicológicamente”, me ha contestado la triste realidad, “si, pero nunca nos habíamos enfrentado a una historia como la que estamos viviendo”.

Exacto, el miedo a lo desconocido es lo que nos mina más, si cabe que la propia enfermedad, y el miedo es un sentimiento irracional, o lo sientes, o no lo sientes y yo me agarroté hasta el punto de dolerme los músculos de la espalda, hala valiente, ahí lo llevas.

La irracionalidad lleva a las personas a dejar notas en la puerta de una vecina enferma, o de un sanitario que se ha infectado en el desempeño de su trabajo, que al abrir la puerta se encuentra con que le han rociado su parte de descansillo, puerta y manillar con lejía y le han dejado una nota diciendo que el hotel no se qué, es para los sanitarios. Mi amiga la del bajo me ha dicho, si se entera la Pelicolorá te pone una estrella amarilla en la puerta como hacían los nazis con los judíos.

Y es que el miedo es, repito, irracional y en estos tiempos, podemos pensar qué canallas, pero es que a lo mejor, la persona que hace eso de poner notas, es la misma que le dijo que si necesitaba algo. Es la misma que sale al balcón a aplaudir todos los días, pero también es la misma que se traga todos los programas sensacionalistas de todas las televisiones privadas.

Hace unos días un conocido que hace muchos videos de protesta social a través de You Tube, visiblemente emocionado pedía a las Susanas y Ana Rosas, que por favor dejaran de atemorizar a su madre que vivía sola, tenía muchos años y todos y cada uno de los días lloraba cuando le llamaba su hijo contándole las cosas que había oído en la tele a las dos super periodistas carroñeras. Y lo decía llorando porque le partía el alma el sufrimiento de su madre. Eso no es periodismo, eso lo único que hace es crear temor, caos, odio, el vale todo con tal de tener audiencia, no debería existir, no debería estar permitido, no en aras de la libertad de expresión.

Vaya racha que llevo, perdonad que me enciendo. Yo en su día a mis padres les bloqueé Telemadrid, porque se ponían enfermos, literal.

Bueno, volviendo a los besos, quienes podáis besaros mucho, besaros todo, besaros largo, profundo. Hoy leía un artículo de una sexóloga que decía que los beneficios de un beso largo, profundo y con reconocimiento mutuo de lenguas, son tantos que debería estar recetado por la seguridad social. Lo he compartido en FB, osea que si lo queréis leer, podéis hacerlo.

Lo dicho, besaos hasta que Casado y Ayuso dejen de decir tonterías (en esas cabezas no hay nadie al volante) y mientras tanto vamos sumando un día más, y restando uno, para el resto de nuestras vidas y no dejemos de soñar, hoy con besos.

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