Mi ex coronavirus y yo (XVIII), por Algarabía. “Cuando esto acabe”.

 

 

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Estos días en todos los medios de comunicación, véase tele, radio, whatsapp, etc., se está hablando mucho de qué haremos cuando esto acabe y hay un denominador común en absolutamente todas las respuestas, “abrazar a los míos”.

Bajo esta premisa del abrazo, os tengo que confesar que yo voy a tener serios problemas para no ir abrazando a todo el mundo por la calle, porque son tantas las ganas y la necesidad de ellos, que no sé si me voy a poder reprimir. Luego están esos abrazos primeros que a todas nos apetecerá dar, cuando digo primero, no me refiero al orden de prioridades que podamos tener cada una.

Hay abrazos a familia y amigos a los que ya has abrazado con anterioridad y por lo tanto, conoces la piel, la intensidad y hasta la forma en que te van a abrazar y luego están aquellos de las amistades nuevas que se han reforzado en la distancia, o incluso se han creado durante el confinamiento, a esos primeros abrazos con personas que nunca han estado físicamente cerca. Esos son con los que a mí me gusta fantasear estos días, verdad Carol o Juan Andrés.

Esos primeros abrazos seguro que van a ser proporcionales a las ganas con que nos los daremos. Estarán llenos de todas las emociones por las que estamos pasando estos días, miedo, inquietud, desánimo, desesperación, rabia, frustración, pero también solidaridad, cariño, camaradería, consuelo, piel, mucha piel porque como además ya hará más calor, no tocaremos al abrazar los abrigos, tocaremos los brazos, los cuellos, igual hasta nuestros hombros desnudos.

Hablando de hombros desnudos, supongo que os pesaréis de vez en cuando, a ver si no nos abarcamos cuando nos podamos abrazar. En mi casa siempre hemos sido muy cuidadosos con eso de los horarios de comer, reminiscencias paternas, se comía a las 14.00 horas, estuviera el titi o no. Se cenaba a las 21.00 por el mismo motivo. Pues ahora esto es un sin vivir. Si mi padre levantara la cabeza; sé come cuando se tiene hambre, se duerme cuando se embolinga una, como ayer, con la celebración de cumple, etc., vamos que no hay manera.

Mi padre era tan estricto en eso de los horarios, que uno de los últimos cumpleaños que celebramos toda la familia junta, estábamos de vacaciones porque mi padre cumple los años en agosto, ummm acabo de decir cumple en presente, bueno que me disperso, que en el restaurante se retrasaron bastante en ponernos la comida y a Román (mi padre) le dio la hora de la siesta. Pues ni corto, ni perezoso, se levantó y dijo “Pilar, dame las llaves que me voy a dormir” éramos once personas celebrando con él y claro le decimos, “papá que falta la tarta” a lo cual muy resuelto contesta “si queda me guardáis un trozo, yo me voy a dormir”.

Supongo que cuando tienes muchos años, cumplir uno más no te hace ilusión, al revés seguro que piensas que estás más cerca del final. Pero si fue así, nunca lo dijo.

Ese era mi padre, eso sí luego lloraba con cualquier película, tanto de alegría como de pena, pero la siesta y la comida era sagrada, muy sagrada aunque no fuera creyente. Al final de sus días decidió que todo vecino al que no viera en tres días, estaba muerto. Por mucho que le decías,  que no papá que lo sabría si se hubiese muerto, porque generalmente eran los padres de mis amigas, o vecinos de toda la vida. Pues no, estaban muertos, ni que decir tiene que de tanto decirlo, alguna vez acertó.

Y volviendo al principio, a eso de que lo primero que queremos hacer cuando despertemos de la pesadilla, que como la canción de Víctor Manuel, “Quiero abrazaros tanto, con mis sentidos y tanto amor” que no sé si el conductor del autobús, el señor que siempre pasea al perro cuando yo voy a trabajar, el chico que siempre está en la parada cuando yo llego, la señora que nos cuenta su vida a voz en grito a las 7 am, que digo yo, hay personas que no necesitan un teléfono móvil, las deben de oír a 9.000 km de distancia, bueno pues todas esas personas, no sé si se librarán de un abrazo sentido de la que suscribe.

Desde luego mis compañeras y compañeros que ni sueñen hacerme la cobra o el erizo, porque me pienso quedar abrazada a cada cual, el tiempo necesario para que llegue el final de la jornada cuando abrace al último o la última que eso lo decantará la habilidad que tengan para esquivarme.

Y a vosotros y vosotras, estelleses y estellesas no os digo nada, el abrazo de Genovés va a ser pequeño comparado con el que os voy a dar, pero mientras tanto, ya sabéis, quedaros en casa que ya ha pasado un día más y falta uno menos para poder realizar nuestros sueños, entre ellos cumplir los deseos que van llegando cada día y poder suspirar en los brazos de quienes queramos cada una.

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