Al debate le faltó respeto y le sobró sueño, por Juan Andrés Pastor

22448342_10155380059089093_1045681169041009140_n                Hay un debate que no se ha abierto sobre el debate a cinco que nos trajo a mal vivir la noche y madrugada del lunes y buena parte de hoy, y lo que te rondaré morena. Dos horas antes de que se iniciara la “lucha de gladiadores“ las distintas cadenas de televisión ya comenzaron a darnos la turra con todo lujo de detalles prescindibles, que tenían que ver con los vehículos en los que los candidatos llegaban al Palacio de Cristal de la Casa de Campo madrileña.

Nos hablaron de la labor de maquillaje que es necesaria acometer, que ese trabajo es diferente si se tiene barba, como era el caso de Abascal y de Casado, o barbita en el de Iglesias, que si uno venía en furgoneta y otro en taxi, que aquellos habían encargado pizzas para todos, etc, etc. Fueron dos horas de una crónica previa absolutamente vacua y prescindible.

A las 22 horas se levantó el telón y nos regalaron tres horas de debate que, estoy seguro, muy pocos vieron íntegramente. Y digo que estoy seguro, porque hay una España que madruga, a la que no solo le sobra mes al final del sueldo, sino que también le falta sueño al principio del día. Incluso hay quien trabaja a turnos, no como nuestros políticos que solo trabajan entre legislaturas inconclusas o entre campañas que les dejan donde estaban, unos en babia, otros a la luna de Valencia y a todos en Jauja. Unos lo hacen opositando a ser oposición y otros intentado funcionar en funciones con poca o ninguna funcionalidad.

En todo caso, lo que más me ha llamado la atención es el horario. Sí, así como suena, el horario. Seguramente que muchos recordáis aquel toque de queda paterno y materno, que nos obligaba a estar a las diez en casa. Aquello era innegociable. Se cenaba a las ocho y si salíamos a dar una vuelta (yo le habré dado más de cien al planeta), a las diez de la noche estábamos recogidos.

No se sabe muy bien cuándo, en qué momento y porqué motivo, aquel horario razonable y lógico estalló. Algo debió ocurrir entre nuestra adolescencia y esta madurez, para que lo racional se fuera a hacer puñetas. No se puede entender que el único debate electoral en el que vocean cinco de los aspirantes a gobernar el país terminé al día siguiente de haberse iniciado. Si no me equivoco el telón caía a eso de la una de la madrugada.

Por otro lado, se puede aplaudir que trascendiera el horario infantil, o protegido, porque durante buena parte de la discusión lo único que hicieron es medirsela para hacer creer a los demás, a todos los demás, que la suya era más grande que la de los otros cuatro. Yo por mi parte no vi nada excepcional, más bien al contrario.

Así que a la nocturnidad incompresible, a la alevosía esperada de la política patria y a la premeditación somnolienta, deberemos unir la maleducada carencia de respeto hacia quienes hacen que el país, mal que bien funcione. Va siendo hora de racionalizar los horarios en una España, en la que al cerrar octubre, hay 97.948 personas que han dejado de madrugar al perder su trabajo.

Al debate le faltó respeto y le sobró sueño.

 

Juan Andrés Pastor

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