El otoño caliente y una propuesta para calmar el ardor, por José Félix Sánchez-Satrústegui

 

felix sanchez satrustegui                  Desde que apareciera por primera vez (si no estoy en un error) en el año 1969 en Italia, el otoño caliente, ese tópico anual que nos anuncia el final de las vacaciones y el comienzo de un nuevo curso, se ha convertido en un pleonasmo. Cada otoño se anuncia como tal por unanimidad, por lo que resulta innecesario añadirle el adjetivo, para no caer en redundancia, como ocurre, por ejemplo, con antecedentes previos o sorpresa inesperada. Sin embargo, esperemos que, al contrario de lo que ocurrió con aquel, a este, o a los que estén por venir, no le sucedan épocas de extremismos opuestos, después conocidos como años de plomo. Veremos.

Aunque soy de ciclo vital hebdomadario, que acaba cada tarde de domingo, siempre gris, y nazco desganado y lloroso cada lunes entre sábanas cálidas y amnióticas, asumo septiembre como un lunes gigante que recibo con desconfianza y pereza.

La izquierda a palos, que bien pudiera parecer el título de una comedia de Moliere, es un drama real que ha ido sumando capítulos, a cual más descorazonador, hasta alcanzar el triste final de un desacuerdo con repetición electoral. Ignoro el porcentaje de influencia que ha tenido Iván Redondo, ese infiltrado de la derecha y jefe de gabinete de Pedro Sánchez, en el camino seguido, pero yo se lo devolvería al PP envuelto en papel de regalo cuanto antes. Ya le ha hecho suficiente daño a él y al PSOE. Aunque la estrategia llevara a una mayoría absoluta en unas futuras elecciones, me parece inmoral haber ayudado a provocarlas. Mi recelo hacia Pablo Iglesias y su camarilla de asesores celestiales tampoco es poca cosa, pero no hablo de él porque no tengo por costumbre dirigirme a dioses de ningún tipo.

Estos dos dirigentes de izquierdas, de forma irresponsable, han impedido llevar a la práctica los ideales de sus votantes. En mi opinión, deberían hacerse a un lado y dejar paso a otros. De acuerdo con Iñaki Gabilondo, ambos han demostrado su incapacidad y soberbia.

Veremos si Vox, la derecha heredera directa del franquismo; la del PP de Casado, que también reclama con hechos ese puesto, y la de Rivera, el niñato veleidoso que a saber cuántas vueltas dará de aquí al 20N, no nos da un disgusto en forma de victoria (o sea, de retroceso para el país).

De momento, lo que nos espera es otra campaña electoral fogosa e insufrible.

La próxima sentencia sobre el “procés” catalán, ese despropósito político y democrático, también ayudará a caldear el ambiente. Desde mi perspectiva, sin base jurídica alguna, no creo que aquello fuera ni sedición ni rebelión y me gustaría que los políticos presos estuvieran esperando la sentencia en sus casas. Pero si pensaban que los poderes del Estado iban a permitir tal barbaridad, o son unos incompetentes o unos insensatos o unos farsantes. O todo ello.

Quisiera dedicar un párrafo para apoyar a los jóvenes del caso Altsasu, algunos de los cuales llevan más de 1.000 días en prisión, sobre el cual el Tribunal Supremo está debatiendo estos días. Sin entrar en otras cuestiones, ni defender en ningún caso la violencia contra los guardias civiles, la exageración ha presidido el caso desde el principio. Desde el disparate de calificarlo de terrorismo (lo que además supone su banalización por parte de los que piensan que “todo es ETA” –recuerdo que, por suerte, ya desaparecida-) hasta la desproporción de las penas e irregularidades de todos conocidas, deseo que el despropósito de algunos aspectos judiciales pueda ser corregido cuanto antes.

Menos mal que he tenido la suerte de poder dar la “vueltica” por mi querida Estella-Lizarra natal, pasear por sus calles, plazas y parques, abrazar a conocidos, amigos, amigas y familiares, potear, “juevear” e incluso jugar una buena partida de mus. Eso me ha cargado positivamente.

Entre los artículos leídos este verano me quedo con uno de eldiario.es, “El día O”, escrito por la periodista ecuatoriana Sabrina Duque. Se refiere en él a la propuesta de José Arimatéia Dantas, concejal de Esperantinas, una ciudad brasileña de 38.000 habitantes, para celebrar lo que después se convertiría en el Día Mundial del Orgasmo Femenino, conmemorado el 8 de agosto. Que Dantas, en las siguientes elecciones, solo recibiera el 0’31% de los votos indica el machismo y la frigidez puritana de la política, solo ardiente en apariencia.

Paz y orgasmo es el lema de un grupo de psicólogos y terapeutas sexuales de Estados Unidos que celebra el 21 de diciembre el día del orgasmo global por la paz. El objetivo es dedicar cada orgasmo a la paz mundial, a la resolución de conflictos, canalizar “conscientemente la energía orgásmica para lograr un cambio positivo energético de la Tierra”. Según los organizadores, se producen quince millones de orgasmos por minuto en el planeta. Aportemos nuestro granito de arena a tan noble causa multiplicando los momentos de éxtasis, cada uno y una según sus posibilidades. Además, sobrellevaremos de mejor manera el calor otoñal y la insufrible campaña.

Que el otoño caliente, ese pleonasmo, lo sea por la preeminencia del orgasmo y no por el cansino marasmo (inmovilidad moral, en este caso, de la política). Aun así, prefiero el tópico ya consolidado a que a alguno de los muchos angliparlas que nos rodean se le ocurra, a partir de ahora, denominarlo “Otoño on fire”. Quizá no debería haber lanzado la idea; aunque, como me leen poco, el riesgo es bajo.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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