Elogio de los matices, por José Félix Sánchez-Satrústegui

 

                                                                            

felix                         En un testicular debate entre banderías en el que se arrojaban verdades absolutas, que enfrente eran mentiras categóricas y viceversa, alguien quiso introducir un matiz y fue lapidado desde ambas facciones. Los confalonieros, vestidos de colores chillones como exabruptos, enarbolaban certezas irrebatibles.

Goya nos interpretó en una de sus pinturas negras, Duelo a garrotazos, la típica lucha fratricida de arraigada tradición en España. Los personajes, descentrados a propósito, permiten la visión amplia, a la derecha del cuadro, de un paisaje de tonos suaves, ocres y rosados que parecen querer escapar de la brutal riña por un claro entre las nubes.

“…Paisaje sin momentos / y sin aristas bruscas, / diluido en matices, / hecho todo de ritmos sin premura,…” (Torres Bodet). A pesar del deseo del poeta mejicano, corren malos tiempos para los matices.

Incorporemos cualquier tema al debate público y arreciarán filias y fobias enconadas, con más gritos que argumentos y sin hueco para las tonalidades. El que las introduzca será acusado de traidor; el que manifieste una duda, de cobarde. Y no me refiero a equidistancias pávidas, tampoco a ambigüedades o cambios de chaqueta calculados sobre intereses espurios ni a decisiones salomónicas sensu stricto (aquí y ahora se partiría al niño en dos, sin contemplaciones).

Observamos los asuntos desde perspectivas dispares y creemos que la nuestra es la única posible, cuando ya nos enseñó Ortega que todas pueden ser ciertas y enriquecerse mutuamente.

En el asunto político, superadas las comprimidas citas electorales, toca pactar, gobernar, hacer oposición, desarrollar los programas, hacer política. Pero parece que preferimos seguir a la gresca. Aquellos que pretendían acabar con el bipartidismo como fuera, son los primeros en dificultar los acuerdos: pues ya me dirán cómo gobernar. Tanto pintar líneas rojas para los demás, algunos han quedado enredados entre ellas. Ya hay que ser melindrosos para poner un cordón sanitario a Ángel Gabilondo, por ejemplo. Sin embargo, C’s, que niega haberse sentado a negociar con Vox, le hace la genuflexión de tapadillo. La derecha puede pactar con quien le plazca, la izquierda comete felonía si lo hace. Maroto llevaba a gala “hablar entre diferentes” cuando negociaba con EH Bildu siendo alcalde del PP en Gasteiz, pero si se les ocurre a los socialistas, serán considerados traidores a las víctimas del terrorismo. Y al revés, serán desleales para la izquierda abertzale si pactan otra cosa. Y conste que opino que Navarra siempre resta con la suma de las derechas y no comparto la decisión tomada en Estella-Lizarra. Pero estaremos de acuerdo en que algunas situaciones políticas son muy complejas como para resumirlas en un solo adjetivo. Como expresaba la genial frase atribuida a Pío Cabanillas Gallas: “A veces la política se complica tanto que yo ya no sé si soy de los nuestros”.

El griterío no cesa. Aunque me temo que, cuando se vaya apaciguando, las izquierdas volverán a las andadas, unas al exceso de fantasía y otras al exceso de realidad. ¡Entendeos ya sobre la base de un programa de marcado carácter social! El profesor Elorza, citando a otros autores, propone un socialismo de lo posible sin rechazar la utopía, entendida esta como proyecto para desplegar el conjunto de posibilidades contenidas en la realidad social. En cambio, la vieja derecha, la naranja descentrada y la escisión decadente de la clase dominante (Andrés Villena, autor de Las redes de poder en España, llama así a Vox) se aliarán para seguir con el chollo, alentados por el IBEX 35 (ánimo, en la Comunidad de Madrid, verbigracia, aún queda mucho por robar).

Se llenarán los balcones de enseñas patrioteras desafiando a otras donde se envolverán los problemas para ocultarlos, las clases dominantes periféricas dibujarán fronteras que algunas izquierdas asumirán olvidando que la izquierda es internacionalista. Se escupirán idiomas unos a otros sin comprender que quien ama un idioma ama todos los idiomas (FJ Irazoki).

Los matices son producto de una mayor sensibilidad y ayudan a aceptar mejor las diferencias, los enfrentamientos y las actitudes simplistas. Pero cualquiera se atreve.

Arrinconada entre debates falsos, quedará sepultada la solidaridad. En algún momento llegará el hastío, que dará paso a la indiferencia. Mientras tanto, seguirán siendo invisibles los desempleados, los marginados de todo tipo, los inmigrantes ahogados, la destrucción del planeta o las desigualdades sociales.

Andaba uno en estas cuitas, paseando despacio por la otra orilla de los exabruptos, por los arrabales de las conchabanzas, procurando enlentecer el ritmo atropellado de las informaciones que entorpecen el pensamiento y mantener las dudas en el entorno favorable de la primavera cuando me atropelló la noticia.

El Tribunal Supremo paraliza la exhumación de la momia del dictador genocida, equipara los intereses de la familia con el interés público y le da el tratamiento de Jefe de Estado desde 1936, cuando fue nombrado por los militares sublevados en el Golpe de Estado (ese sí que lo fue y no la declaración unilateral de independencia catalana, por muy irresponsable, ilegal y punible que fuera, que en mi opinión lo fue) contra la República legítima. El poco respeto a la historia, a las víctimas de la dictadura y a la democracia de una parte del altísimo tribunal sí que parece enorme. Y da miedo.

Disculpad mis contradicciones, pero ante  tan supremo despropósito judicial y ante la escalada de chanchullos “políticobajeros” con apariencia de acuerdos, solo se me ocurre salir corriendo en sentido contrario a la realidad, sin detenerme siquiera a introducir matices.

José Félix Sánchez-Satrústegui

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Un comentario en “Elogio de los matices, por José Félix Sánchez-Satrústegui

  1. Entonces ¿Porque el PSE gobierna y se reparte ayuntamientos con el PNV y no con EHBildu?. PNV es derecha vasca y UPN es derecha navarra, unos nacionalistas y otros regionalistas. Quizás el problema sea que UPN no es vasquista, ¿verdad?.

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