El futuro tras la primavera electoral, por José Félix Sánchez-Satrústegui

felix sanchez satrustegui

No recuerdo quien dijo que el futuro no es más que un espectro del pensamiento, y ahora no me voy a levantar a mirarlo. Otros señalan que todo es pasado; muchos, por el contrario, que todo es futuro o que el presente no existe. Sin embargo, por enredar aún más, yo creo que vivimos en una especie de presente efímero de indicativo, arrastrando un pretérito imperfecto, en busca de un futuro soportable de subjuntivo, dependientes de un condicional complejo e intentando sobrevivir bajo las botas del imperativo múltiple (sobre todo económico). Vivimos en el verbo y sus tiempos, o sea, aunque a veces pudiera parecer que lo hacemos en el adjetivo, sobre todo descalificativo.

En el PP, la derrota histórica tras su campaña histérica ha desatado la clarividencia de Pablo Casado, la cual le hizo declarar, sin complejos, que Vox era la extrema derecha. ¡Qué perspicacia en diferido! Pretende viajar al centro con tanta prisa y tan escasa destreza que va a ser difícil que encuentre transporte adecuado para llegar con bien al 26 M. En la rueda de prensa posterior a su reunión con el presidente Sánchez, su voz desafiante parecía estar envuelta en claras de huevo y su mal genio en orfidales.

Rivera se ha tirado en marcha del tiovivo en el que habita y ahora, tras seguir un tratamiento intensivo contra el mareo, debe averiguar, por fin, dónde coño está el centro, ese no lugar habitado por muchos nadie. Le cuesta la Geografía, de acuerdo, en cambio domina la Psicología y no precisa de ayuda para que el ego le suba tan alto como el de su dios Aznar.

Para desdicha de la democracia, Vox ha entrado en el Parlamento, aunque con menor presencia de la que muchos vaticinaban. Habrá que seguir haciendo frente a esos fascistas.

A muchos centristas, es de suponer que les resulte difícil de entender lo del trío de Colón, lo que suele ocurrir con otras trinidades así en la tierra como en el cielo.

El movimiento de Iglesias, en cambio, ha sido vertical. Ha descendido desde los cielos a tanta velocidad que a punto ha estado de ocupar el subsuelo mientras perdía a algunos compañeros en el aterrizaje. Su reacción última, parece que, al fin, lo ha dejado en tierra solo con rasguños. Me alegro de que haya abandonado la levitación.

PNV, Bildu y, sobre todo, ERC han obtenido muy buenos resultados. Y alguno de ellos puede, al menos, no obstaculizar gobiernos progresistas.

Pedro Sánchez, Manual de resistencia en mano, ha ganado pero… Todos le ponen un pero. Ahora necesitará el Manual de resiliencia. Los poderes económicos y las élites conservadoras, así como los medios de comunicación a su servicio, prefieren un acuerdo con Ciudadanos. Los militantes ya empezaron a advertir la misma noche electoral que “con Rivera, no”.

Da igual la fórmula, PSOE y UP tienen la obligación de aprovechar la victoria de la izquierda para llevar a cabo políticas sociales frente a la tiranía del mercado y del IBEX 35, así como diálogo como alternativa a los que prefieren la confrontación.

De las próximas elecciones todos tenemos clara la enorme importancia de las municipales (“Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”, nos aclaró, por si acaso, en versión surrealista M. Rajoy). También de las autonómicas, porque las CCAA poseen competencias fundamentales como Sanidad, Educación o Dependencia, entre otras. Además que existe el peligro de repetir la coyunda derechista a tres en otros lugares.

¿Y las europeas? “Europa es el resultado del mestizaje de razas y culturas que tuvo lugar entre los siglos IV y VII…El motivo que acrisola Europa es una larga memoria, es decir, el prolongado esfuerzo por captar la presencia del pasado en el presente y en la construcción del futuro” (Ruiz-Domènec. Europa, las claves de su historia).

En el libro La crisis de Europa (coordinado por Manuel Castells) se analiza en profundidad su etiología multidimensional, en la que se encuentran causas estructurales y otras muchas más, entre ellas la reciente crisis financiera y su forma errónea de afrontarla. Europa puede llegar a deshacerse, por eso hay que aprender de los errores y construir una UE más próxima a las necesidades y deseos de los ciudadanos.

No se puede pensar en la lucha de clases en la actualidad al margen de un escenario global. La UE no ha terminado de ser esa unión política necesaria para participar como actor principal en dicho contexto y debemos empujar en esa dirección.

Las elecciones europeas no son secundarias. Muchas políticas que nos afectan de lleno se debaten y aprueban en Bruselas. Si callamos, nos jugamos que el poder económico siga siendo más importante que los ciudadanos o que las extremas derechas antieuropeas nos hagan retroceder hacia nacionalismos que ya nos arruinaron con guerras o, por el contrario, podemos decidir ponernos enfrente de quienes amenazan nuestras libertades y hacer una UE más democrática y social.

Acordémonos de los pasados violentos para no recaer en ellos; avancemos, aún desde el escepticismo sano, a partir del presente inestable. Aunque, como advirtió Paul Valery, el futuro ya no es lo que era, no hagamos de él un acto voluntario, por activa o por pasiva, de autodestrucción. Votemos alcaldes y presidentes, pero también votemos más Europa, mejor Europa. Y sin fachas, a ser posible.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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