La tabla periódica y otros elementos, por José Félix Sánchez-Satrústegui

felix sanchez satrustegui.jpg               Naciones Unidas decidió proclamar 2019 como el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos. No digo yo que no haya motivos más que suficientes para ello: el descubrimiento de Mendeléiev se usa ampliamente en esferas fundamentales del conocimiento científico. Primo Levi, químico y escritor superviviente del Holocausto, unió ciencia y literatura en su obra “El sistema periódico” en la que utiliza distintos elementos químicos como metáforas de las relaciones humanas en aquellos tiempos difíciles.

Sea como fuere, no creo que el merecido reconocimiento a la famosa tabla vaya a desatar pasiones desmedidas, lo cual es de agradecer en un tiempo en el que están en desuso el juicio ponderado y el razonamiento y florecen el bufido y el exabrupto, sin complejos, como muestras de la excreción verbal de la testosterona sobrante. Aun así, habrá que estar vigilantes; aquí somos muy capaces de hacernos fanáticos, por ejemplo, unos de los actínidos y otros de los lantánidos y lanzarnos a la gresca por la supremacía entre los elementos de transición interna. Todo es ponerse.

Habitamos un país que vive ensimismado en la mitología y desprecia la historia, que a la verdad histórica antepone el victimismo histérico. Nos hemos instalado en la épica de la reconquista de no sé qué o en la épica de la liberación de la ocupación de no sé quién. A quien considere mentiras ambas o, simplemente, introduzca matices le llaman cobarde o equidistante. Sin embargo, la realidad está repleta de matices y la introducción de estos no es cobardía, sino una forma de acercarse a aquella.

Solo los muy débiles están seguros de todo, porque hay que ser muy fuertes para no estar seguros de nada (Manuel Vicent). La duda es sospechosa y el dubitativo, culpable. Pienso, luego dudo. Dudo, luego existo. Con permiso de Descartes. Siento, luego existo. Tampoco renuncio a los sentimientos, claro, pero no podemos ser arrastrados de continuo por las emociones violentas.

La política española está en un periodo de frenesí, porque la derecha patria no aguanta que la izquierda gobierne; mientras tanto no deja de lanzar mentiras al viento y a la ciudadanía la han atiborrado de sofismas. El anuncio (en mal momento, con el trifachito y algunos barones y jarrones chinos socialistas al acecho) del relator-mediador con el independentismo catalán ha sido el detonante. El PP usó mediadores con la Generalitat y Aznar a una relatora, luego condenada y encarcelada por terrorismo, en las negociaciones con ETA; pero no se iban a parar ante estas minucias.

De inmediato, Casado encargó la búsqueda de un listado de adjetivos des-calificativos a su activo secretariado de insultos y los colocó en fila para lanzárselos de seguido a Pedro Sánchez. Luego, se fueron todos los ofendidos a la plaza de Colón, utilizada como metáfora de la de Oriente a defender España de rojos y separatistas. Mientras la derecha atrabiliaria “Paquí Pallá SL” intenta echar a Sánchez, a los independentistas solo les interesa dibujar fronteras (a ERC, que se llama de izquierdas, como a la ex CIU, le importan muy poco unos presupuestos sociales y parece que prefieran otro gobierno ante el que justificar mejor su victimismo). La derecha patriotera, aliada con los independentistas catalanes, tumba unos presupuestos muy sociales. Y ríen su traición a los ciudadanos. El que pierde en la pugna es el único que cree en el diálogo, todo un síntoma de la mala salud de esta democracia.

Queda la esperanza de que el movimiento feminista rompa la tendencia retrógrada, derrote a ultras y a falangeros, a machistas y a xenófobos, a curas trabucaires y a jueces patriarcales, que conecte a las izquierdas divididas y espabile a la sociedad atolondrada. Apoyemos un ocho de marzo vindicativo y reivindicativo, revolucionario sin violencia, porque esta sociedad necesita cambios profundos.

Para descansar del odio imperante, que poda el cerebro de neuronas útiles, me he colocado delante de la homenajeada tabla periódica, uno de los grandes logros de la Ciencia que vincula a varias disciplinas científicas, como contrapunto a tanta sinrazón.

Los elementos químicos, de los que también estamos formados, proceden de explosiones estelares. Somos, entre otras cosas, polvo de estrellas. Que me perdone Quevedo: seremos polvo, mas polvo idiotizado.

 

José Félix Sánchez-Satrústegui

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