Arrancar, por José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

felix                  Comienzo esta columna proponiendo arrancar, aunque no es lo que parece. No hace tanto que un artículo, un congreso o una campaña electoral empezaban; se iniciaba una obra; se desataba una tormenta o se emprendía una aventura. Ahora todo arranca. En rigor, solo puede hacerlo una máquina, un vehículo o algo que se hace de modo espontáneo o repentino (según algunos diccionarios no puede tacharse de incorrecto su uso como sinónimos). El problema radica más en el abuso, que ha llevado a Álex Grijelmo a incluirlo en esa nueva clase de verbos, los reiterativos, incorporados con entusiasmo al español periodístico.

No olvidemos que arrancar es, en la primera acepción del Diccionario de la Lengua Española, sacar de raíz. A ello quiero referirme, a pesar del preámbulo, pues se hace imprescindible un tratamiento radical para acabar con fascismos y similares.

Trump, Salvini, Bolsonaro y otros más, los nuevos líderes de la derecha extrema mundial, siguen un mismo patrón: incultos, cínicos, chulos, insensatos, patrioteros y xenófobos (además de fascistas o fascistizantes). También en España. Cuando surge Vox, PP y C’s se inclinan más a la derecha aún para disputarle el espacio al nuevo partido ultra. Y esta no es una buena noticia para la democracia.

Pablo Casado, heredero directo de Aznar y de los Reyes Católicos, anda aquejado de verborragia eufórica y escupe ocurrencias con la misma facilidad que su Secretario General huesos de aceituna, por ver si entre tanta cantidad alguna de ellas alcanza la cualidad de idea. Ni por esas. Las frases “sin el PP España no sería lo que ha sido en los últimos cinco siglos” y “las ideologías que más han defendido a la mujer son del PP” han sido pronunciadas por este superhéroe reinventor de la historia. En un ataque de anacronismo, sostuvo que formó parte de los jóvenes que se enfrentaron a los tanques en Tiananmén y ayudó a derribar el muro de Berlín. Le faltó un tris para asegurar que capitaneó en persona los tercios de Flandes. De Rivera no me atrevo a decir nada por si mientras escribo estas líneas cambia varias veces de opinión y ya no piensa como él, que diría El Roto.

Estos nuevos líderes forman parte de las élites, son su consecuencia o son sus lacayos. Cuando el ambiente se impregna de hedor neofascista, que ahora viste de Brioni, las Bolsas suben porque ganan los suyos.

El Alto Tribunal, tan Supremo para sus cosas, se viene abajo y mengua frente a la Banca. No es buena noticia que la Justicia sea parcial o temblante; tampoco que asuma el papel de incendiaria, como un pirómano vestido de pésame, collar y puñetas.

Que la dignidad, incluso la mínima requerida para mantener la bipedestación, se pliega demasiadas veces ante el dinero, lo han demostrado los gobiernos que agachan la cerviz ante la casa de Saúd, tan querida por la de Borbón que se llaman primos. Importan muy poco la catástrofe humanitaria en Yemen o el descuartizamiento de Kashoggi. Es el capitalismo feroz, amigos.

Alguien terminará culpando a los obreros de Navantia de querer defender sus puestos de trabajo, cuando los responsables son quienes venden armas a estos regímenes asesinos. Ya sabéis: “Con las bombas que tiran / los fanfarrones, / se hacen las gaditanas / tirabuzones”. Ahora se añade: “Por orden de los jeques / de árabes tierras, / hacen los gaditanos / barcos de guerra. / ¡Guerra! ¡Guerra!”. Perdonad la mala imitación.

Es necesario centrar a la derecha, volver al diálogo entre todos, incluidos los que solo ven banderas y fronteras. Hay que restablecer la Justicia independiente, restañar las heridas provocadas en los derechos humanos, sociales y laborales y defender la democracia, en peligro. Debemos trabajar en favor del progreso social, el respeto a la igualdad, luchar contra el patriarcado y por la paz, el desarrollo sostenible y una economía social y solidaria.

Hay mucho que defender y mejorar, pero lo primero es sacar de raíz las malas hierbas de la extrema derecha que se están haciendo dueñas del terreno. Termino como empecé: proponiendo arrancar, o sea.

 

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

 

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