Porqué no me fío de Don Pablo Casado, por Juan Andrés Pastor

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Bueno, pues ya está. Pablo Casado es el nuevo mandamás del Partido Popular. Dicen que con él ha ganado la derecha y eso acojona, porque el Congreso de los Diputados de España es el único de Europa, en el que la extrema derecha no tiene representación.

Estoy seguro de que eso es así porque los del brazo en alto, el cara al sol y el moriréis como en el treinta y seis, ya están dentro, dentro del PP. Ojo, no quiero decir que todos los votantes del partido de la gaviota o, que todos sus representantes públicos sean fascistas de camisa azul que tú bordaste en oro ayer, no. Yo no he dicho eso. Digo que aquellos que añoran la dictadura franquista votan al PP y no os creáis que son pocos.

Son aquellos que dicen “En el siglo XXI no puede estar de moda ser de izquierdas. Son unos carcas, están todos los días con la guerra del abuelo, con la fosa de nosequién, con la memoria histórica”. Esta frase, dicha entre risas la pronunció el Sr. Casado, tan moderno, liberal y progresista. Alguien que bromea con este asunto no es de fiar. Yo no me fío de él.

Con Don Pablo, han ganado los manipuladores de la realidad, los que utilizan todo tipo de ardides para engañar, mentir y socavar la verdad:
Casado publicó un airado tuit con un vídeo donde podían verse violentas protestas. “Me manda esto un amigo de Venezuela: el pueblo se enfrenta con la policía chavista pidiendo comida”, denunciaba. Las imágenes eran del Congo.
Alguien que actúa de manera consciente utilizando la desgracia del prójimo en beneficio propio, no es de fiar. Y no me fío de ti. A estas alturas ya nos vamos a tutear, como colegas.

En un debate de televisión, este mozo elevó el tono de voz para asegurar que:
“el PP ha acabado con los desahucios”. Y se quedó tan ancho, sonriendo, peinadito para atrás y convencido de que otra mentira le colocaba en el altar de los milagros del liberalismo rancio. No eres de fiar.
Querido Pablo, una mentira no tendría ningún sentido a menos que sintiéramos la verdad como algo peligroso. – Alfred Adler dixit.

Otra forma de embaucar, incluso más peligrosa, es el engaño, ya que este busca un rédito inmediato. Es un ardid de trileros, y Casado lo es cuando asegura que: “Maíllo no está imputado, está citado en calidad de imputado”. Da risa.

Sin embargo cuando la falsedad pretende destruir verdades, entramos en el peligroso terreno de la reinterpretación histórica. Es sabido que a Casado no le gusta que las palabras historia y memoria vayan juntas. Teme a la primera y reniega de la segunda, por eso la reescribe:
“el euskera no es el idioma de Navarra”. Ahí le has dado Pablo, será el idioma de Burkina Faso. O es muy ignorante, o es muy peligroso. De los unos me compadezco de los otros no me fÍo. De ti menos.

Metidos, como estamos, en terreno pantanoso, el intento de patrimonializar el dolor es ruin, hipócrita, infame y propio de jugadores con ventaja:
“Somos el partido de las víctimas del terrorismo”. Sin comentarios. No eres de fiar Pablo, el dolor no se mercadea a cambio de votos pagados con mentiras.

No obstante y, en su favor, tengo que decir que este hombre debe de ser una compañía entretenida para ir de cañas. Estoy convencido de que le aguantaría una tarde completa caña va, caña viene. Es ocurrente y, hasta él mismo se sorprende en sus reflejos. Dice: “el partido popular representa a la España que madruga”. Con dos cojones. Si madrugas eres de derechas, pero si trabajas a turnos, una semana de cada 3 serás del P.P, las otras dos vaya usted a saber.

Pablo Casado nació el 1 de febrero de 1981. Con apenas 8 añicos fue capaz de parar el comunismo y no contento con ello, como le sobraba tiempo, tiró el muro de Berlín: “En el 89 los jóvenes nos pusimos delante de un tanque en Tiananmen parando al comunismo, porque en el 89 los jóvenes tiramos con nuestras manos también el muro de Berlín”.

Hay más motivos por las que no me fío del nuevo presidente del Partido Popular. No quiero extenderme demasiado. Solo espero que con sus acciones, declamaciones, y liderazgo empiece pronto a quitarme razones, aunque no me fío. No me gusta el insulto, por eso no le he llamado imbécil o subnormal.

Él sí que lo hizo y de manera pública. Aún no ha pedido disculpas. Reproduzco:

“Javier Bardem es un imbécil y estoy harto de la familia Bardem, que vengan a dar lecciones de democracia, que no los ha votado nadie y hay que aguantarles en las manifestaciones cuando no representan a nadie. Que la gente vaya a ver Tadeo Jones en vez de a este subnormal”.

Ni me fío, ni confío en usted, Pablo Casado. He decido que será mejor hablarnos de usted. Así hay distancias.

Atentamente:

Juan Andrés Pastor Almendros

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