De encierros, alcaldes y festejos taurinos, por Jesús Javier Corpas Mauleón

Qué soberbio título Oráculo manual y arte de la prudencia, de Baltasar Gracián. En todos los temas existe, tanto gente que sabe de lo que habla, como otra que habla sin saber.

Archiconocida es la tradición taurina que, desde las leyendas hiperbóreas o Creta, alberga el Mediterráneo. Público que, en esta tierra de la Casta Navarra, es donde surge el toreo a pie, además de dar trece espadas de alternativa, explotaciones pecuarias bravas etc. También que durante las cinco últimas décadas la tauromaquia ha tenido una gran expansión; compárese un cartel de la feria hoy con otro de finales del XIX o hace sesenta años. Y en el resto de España, igual. Así mismo, resulta evidente su pujanza en Francia, donde, además de protegida por el ministerio de Cultura, los antitoros solo pueden manifestarse a más de cien metros de una plaza.

He leído estos días que, desde algún despacho consistorial y la bancada del Congreso, varios próceres voceaban que en Portugal no se mata; que eso es chachi pirulí.

Nones. Allá sí hay muerte. La diferencia es que se ejecuta de tiro en la nuca, por la espalda, con toda la ventaja y a escondidas; en el corral. Y es así desde1836. Entonces, la reina Mercedes II impidió que se realizara como en Francia, España o Hispanoamérica: si no hay indulto, se estoquea de frente, por derecho, arriesgando el diestro la vida durante la suerte más peligrosa.

La tauromaquia ya fue perseguida cuando llegó al papado monseñor Ghislieri. Este pontífice proclamó su bula «De salutis regis dominici» excomulgando a quien organizase festejos taurinos. Claro que había sido comisario general de la Inquisición, financiado la guerra contra los hugonotes, expulsado a judíos y  prostitutas de los Estados Vaticanos, ordenado «vestir» los desnudos de Miguel Ángel en la capilla Sixtina, e impuesto el rito tridentino sobre el mozárabe. Pio V ha creado escuela, aunque él la quiso atajar por ser juego suicida para los humanos. No tuvo éxito. Sin embargo parece que ahora, de tanto tirar la historia para atrás, se quiere retroceder a 1567.

Que el alcalde de Pamplona no tiene miedo al ridículo, esta demostrado: citó a los medios para, autodenominándose «experto en construcciones militares», confundir los dos castillos pamploneses, datados tiempo antes, y con un muro visible e integrado desde la peatonalización del casco urbano, hace más de una década.

Él, cargo de EH Bildu que suprimió las corridas en San Sebastián, felizmente recuperadas tras la caída de la coalición radical, preside aquí la jornada del 7. Y recibe la monumental pitada ciudadana con una sonrisa de «a mí, plin». Claro que también se le ve hermanado con el obispo en la procesión del Santo y no entra a misa porque «no participa en actos religiosos».

 De paso, mientras el cuatripartito se jacta de retirar cientos de placas, otro primer edil de esos cuatro, el de Estella, se ampara en que «es un tema delicado» (sic), para retrasar la colocación de una a guardias asesinados por ETA.

Y el de Pamplona (aunque no reside en ella, Asirón es su regidor) la vuelve a liar, justo cuando Observatoire National des Cultures Taurines galo, Pro Toiro luso y Fundación Toro de Lidia, de nuestra España, sellan un acuerdo de cooperación europea para defender y promocionar la fiesta. Ahora él, mezclando en su almirez todos los ingredientes anteriores de coherencia, sabiduría y desparpajo, se ha despachado con eso de «encierros pero sin lidia», y «promover un debate social para abordar la supresión de las corridas» (sic). Tras la fuerte polémica desatada, añade: «no suprimiré las faenas para 2019». Gracias majo; sujeta tu impulso habitual hacia el bolígrafo tachador.

La respuesta de todas las asociaciones de cría ha sido precisa y oportuna. Entresaco algunas de sus afirmaciones:

«Las corridas son las que justifican los encierros». Cierto, y además añado que se evita pagar las reses de los impuestos contra los ciudadanos, una pasta, ya que corren a cuenta de la empresa. Y algo que suelen obviar algunos: los beneficios sirven íntegros para una obra benéfica, la atención en la Casa de Misericordia.

«No se entiende San Fermín sin que los toros que se han corrido por la mañana sean lidiados por la tarde, por lo que no vamos a consentir los encierros en Pamplona sin la celebración de las corridas».

Yo añadiría que la supervivencia del ecosistema y la de numerosas especies, depende del arte de Cúchares. En ecología, si varías un parámetro tiene efectos demoledores. Restringirlo acabaría con las dehesas y buena parte de la biodiversidad ibérica. Por algo la red Natura 2000 las declara «lugares clave para defender el medio ambiente»(sic), clasificándolas como hábitats 6330 y 6390 de protección, aunque algunos lo quieran ocultar. Ya expliqué como para la dehesa es imprescindible el bovino bravo, que implica menos reses por hectárea, ausencia humana, y ramonea con menos daño arborícola.

Finalizan los ganaderos recordando que los espectáculos, hasta y en, el coso de la Meca, suponen una entrada de setenta y cuatro millones de euros para Pamplona, con casi doce en retorno por IVA. No se evalúa la inmensa publicidad que proyectan las retrasmisiones, gracias a las que numerosos viajeros conocen la zona.

Y ellos, que viven entre los animales, sí saben de lo que hablan.

Jesús Javier Corpas Mauleón

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