¿Estamos volviendo a la inquisición? La opinión de Goyo Escobar

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El ser humano sin calificativos. Es decir tú, yo y la vecina de portal que nos saluda cada mañana, lleva consigo inherentemente ciertas dosis de debilidad, imperfección y una gran carga de contradicciones que,según nuestras circunstancias, nos conducen a cometer acciones de las que no nos sentimos precisamente orgullosos. Sin embargo, y más allá del común de los mortales, hay seres abyectos.

Los ha habido siempre y, desgraciadamente, seguirá habiéndolos. Contra éstos, aplicar todas las medidas legales a nuestro alcance para protegernos y para aminorar el efecto y la gravedad de sus acciones son de todo punto necesarios. Ahora bien, hacer tabla rasa colocando a todos los infractores en el mismo saco y adoptar posiciones extremas, nos lleva a una sociedad totalitaria y terrorífica en la que va a ser muy difícil respirar e imposible vivir.

A raíz de los últimos sucesos, teñidos de la crueldad más refinada, observamos que la sociedad está clamando por la prisión permanente e incluso por la pena de muerte. Ambas medidas punitivas, que aparte de no solucionar absolutamente nada y colocarnos a la altura y catadura moral de los asesinos, contienen en su aplicación terribles consecuencias si los encargados de impartirlas actúan al dictado de los poderosos de turno o de movimientos puntuales, como suele ocurrir regularmente y lo estamos comprobando en el día a día.

Me siento impotente y me horroriza que un presunto delincuente casual llegué a ser penalizado de manera desproporcionada, mientras que los seres auténticamente viles y reincidentes, se vean libres en la calle porque tienen de su mano los contactos o los medios adecuados que se lo van a permitir. No recuerdo quien fue el que dijo: “Antes queden sin castigo algunos criminales que sufra un solo inocente la injusticia de la prisión o la muerte”. Pues bien a ese pensamiento me adhiero. Precisamente dentro del tema del crimen y castigo me voy a referir ahora a una de las campañas sociales más rabiosamente actuales, desencadenada contra los históricamente autoproclamados privilegios del machismo que nos imponen sin miramiento ni consideración a los que no pertenecemos al mismo club.

La campaña a la que me refiero va al unísono con la toma de conciencia en la igualdad en poder y capacidad decisoria para todos los géneros sin distinción. Por descontado que esta directiva es muy necesaria y debe desarrollarse hasta su plenitud. Sin embargo opino que las derivas que va tomando su implantación nos conducen a un callejón sin salida en el que todos y todas vamos a salir perjudicados. Presente en la memoria de todos están los casos de Kevin Spacey, Woody Allen o Roman Polansky por mencionar algunos.

En su contra se están llevando acciones para no solo desprestigiarlos, sino eliminar sus producciones artísticas en base a sus desviaciones de comportamiento en la esfera de lo personal. Pongamos por caso, yo no he estado nunca en Hollywood pero siempre he sabido de los manejos por parte de los personajes influyentes de la industria cinematográfica para conseguir favores sexuales a cambio de promociones artísticas para determinados actores o actrices. Y si lo he sabido yo, mejor lo han tenido que saber todos los que vivían y pululaban por allí. ¿A qué viene ahora tanta proclamación del “y yo también” si tods lo conocían y consentían sin ambages. No puedo evitar sentir un evidente tufo a oportunismo e hipocresía. Y me pregunto yo… ¿Renegaría de la sublime música de Mozart si se descubriera que había sido un asesino en serie? ¿Solicitaría derribar el templo de la Sagrada Familia si Gaudí se hubiera confesado un pedófilo irredento? ¿Mandaría arrojar a la hoguera libros de contenido machista de autores como por ejemplo Pablo Neruda, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte? Si lo hiciese mi actuación sería propia de una dictadura o de un auto de fe. Y ya hemos conocido bastantes de éstos por desgracia.

Creo que, sobre todo la cuestión sexual, así como muchos otros condicionantes del ser humano no están definidos en blanco o negro. Consequentemente no se les pueden aplicar políticas ni eslóganes drásticos que luego acarrean acusaciones falsas. venganzas y todo tipo de acciones infundadas. Vuelvo a mi lema mencionado “Antes queden sin castigo algunos criminales que sufra un o una inocente la injusticia de la prisión o la maledicencia”.

 

Goyo Escobar

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