El final de la crisis, ¿para quién?. Por José Félix Sánchez-Satrústegui

 FOTO MONTEJURRA SOLO

Una vez borradas las últimas huellas del Estado de Bienestar, la crisis ha terminado. Esta frase de final de guerra con vencedores y vencidos es lo que aseguran los apóstoles del dios Mercado, los ricos de cuna o ex novo y los políticos mamporreros de todos ellos.

Durante el año 2017 apareció un nuevo milmillonario cada dos días y el 1% más acaudalado del planeta acaparó el 82% de la riqueza creada.

¿Y la España del milagro económico que proclama el gobierno de Rajoy? Intentaré ser escueto con los datos, pero es necesario exponer algunos para entender la magnitud del problema.

Según la Comisión Europea, España está en situación crítica en desigualdad económica (el 20% más rico gana 6’6 veces más que el 20% más pobre) y el poder adquisitivo de las familias es un 8% menor desde el comienzo de la crisis. La población en riesgo de pobreza o exclusión social es en España del 28% y los trabajadores pobres llegan al 13’1%, como Grecia y Rumanía.

El 1% de la población española con más patrimonio acapara más de la cuarta parte de la riqueza del país, mientras el 20% más pobre se queda con el 0’1%. La fortuna de las tres personas más ricas de nuestro país equivale a la del 30% más pobre (datos de 2016). Según un informe de Cáritas, el 70% de los hogares españoles sigue en crisis después de tres años de recuperación económica.

Más de 40.000 dependientes murieron en 2016 sin haber recibido la prestación reconocida y cerca de 320.000 están en lista de espera. Cada 15 minutos muere uno de ellos sin haber recibido la prestación (datos de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales).

Los pensionistas son cada vez más pobres ya que los precios suben más que las pensiones. La alta tasa de paro, la precariedad laboral y los sueldos bajos, entre otros factores, impiden que se recaude lo necesario. Han esquilmado sin escrúpulos la hucha de las pensiones. El Gobierno de la defensa a ultranza de la Constitución se ha situado fuera de ella, sin ningún pudor, en este asunto.

Según el Consejo de la Juventud, la mitad de los jóvenes ocupados tiene un contrato temporal, solo dos de cada diez puede emanciparse y cuatro está en riesgo de pobreza.

El gasto público social en España es un 5% del PIB más bajo que la media de los países de la eurozona.

El diario El País, que una vez fue la prima dona del socialismo, se abrazó al PP, debido quizá al empujoncito de la vicepresidenta Sáenz de Santa María para el reequilibrio financiero del grupo. Ahora, tras la caída en desgracia de Cebrián, se acerca a Ciudadanos. PRISA sustantiva su acrónimo para apoyar con celeridad al partido de Albert Rivera. Dicen que los votantes socialistas prefieren los planes de futuro para España de Ciudadanos que los del PSOE. Si no resulta difícil creer que muchos renieguen de estos, sí lo es que apuesten por aquellos. El partido naranja, maniquí de la derecha rancia, que se coloca el traje que más interesa en cada momento, parece la apuesta de futuro de medios de comunicación conservadores (casi todos ya) e IBEX 35 y afines. Mientras, la izquierda mira al cielo, para ver si llueve o para ver si escampa.

Aunque lo intenten disimular, se siguen practicando políticas de austeridad y se establecen techos míseros de gasto público (Podemos y PSOE han introducido el término “suelo de ingresos” para contraponerlo a aquel, lo cual me parece una propuesta interesante). Para colmo de cinismo, Rajoy da una vuelta de tuerca más instando a ahorrar para complementar las pensiones o para la educación de los hijos. El actual Gobierno, además, se propone reducir de forma gradual la inversión en sanidad pública en sus previsiones hasta 2020.

El miedo ha paralizado a la sociedad, que se ha rendido y ha normalizado la visión de la pobreza; nos hemos acostumbrado a la precariedad. Asistimos, perplejos e inmóviles, a la decadencia de un sistema que pretendía buscar más bienestar para más gente.

Hemos tocado fondo, pero, si bien parece contradictorio, aún podemos escarbar más en busca del abismo. O, por el contrario, reaccionar para subvertir la creciente estabilidad del Estado de malestar corrupto, “himnótico” y “banderil” que nos lleva hacia el empobrecimiento de la mayoría.

El famoso “¡A la mierda!” de Labordeta fue el primer grito de los indignados en el Congreso antes de llegar a la calle. Después, hemos enmudecido. Recuperemos el grito ante la injusticia, la palabra frente al miedo y la acción subversiva contra la inercia reaccionaria.

 

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

2 comentarios en “El final de la crisis, ¿para quién?. Por José Félix Sánchez-Satrústegui

  1. Declarándose Usted republicano y de izquierdas, tiene la misma objetividad que al Pais y el grupo PRISA. Y claro, cada uno cuenta la parte de la historia que le interesa.
    Ni Ciudadanos es tan malo, ni los socialistas y Podemos tan buenos.
    Eso si, con el PP no hay duda… todos los que no les votamos estamos de acuerdo.

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  2. Yo veo a mi alrededor como muchas familias hacen de sotén económico, por tanto muchos ya están en el umbral de la pobreza a expensas de la familia, y los jóvenes, a los que hemos insistido tanto en su formación, ahora se ven forzados a emigrar en busca de las oportunidades que aquí no encuentran. No es una fuga de talentos, es una búsqueda de empleo para poder independizarse, no tengo la solución, ya me gustaría…

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