Me cagüen Jalogüen. Por Dani Albors.

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No me imagino una procesión en Texas, bajando al Cristo de los Faroles por el río Misisipi.

Las calabazas llegaron para quedarse, divertimento puro nacido en Irlanda, ese país que se parece tanto a nosotros, pese algunas diminutas diferencias, pero los que hemos vivido en la tierra de los duendes y San Patricio sabemos lo mucho, que nos une.

El Santo de fuera siempre hace mejores y más milagros que el de casa. Es así, la España profunda ya lo dice en su refranero mayor y de ahí no salimos, hemos convertido la apreciada labor laica de territorio, en sentimiento religioso, una mala mezcla, coctail desacertado, como meter en una coctelera, bicarbonato y jugo de limón; eso revienta seguro.

Este estado de huesos de santo, mazapanes y flores en los cementerios, cuando en vida hay que regalar a nuestros seres; momentos, cariños y “te quieros”, no gastar fortunas en postureo camuflado de penitencia.

Y todo se basa en el cash, sistema capitalista, comerciante y financiero, como todo desvirtuado, ya que el movimiento del oro, del dinero, de la moneda es de origen espiritual y ritual.

Estaría más contento aceptando la cultura de nuestros hermanos mexicanos con su Santa Muerte y calaveras pintadas de alegrías y esperanza.  

Confundimos en los ritos y las celebraciones, aquí se celebra todo y se huye del rito, el rito significa verse, adentrarse en uno mismo, soledad y silencio y de esto huimos despavoridos.

El invento de los “puentes”, los días festivos y las depresiones contiguas. 

Dicen que esta noche bajan las almas a visitarnos, a estar con nosotros, qué bonito, poder sentir a nuestros seres amados, ¿se imaginan?, reunirnos con ellos alrededor de una mesa, como en las felices cenas de navidad, que seguro todos recordamos con cariño.

Ahora es futuro, zombies, trucos y tratos de traca, calabazas, que están mejor al horno asadas con azúcar y melaza, que agujereadas en forma de rostro, telarañas y tridentes, cuernos de falso diablo y narices puntiagudas de bruja, que para bruja ya sabemos nosotros un rato, con las de Zugarramurdi. !Qué falta nos hacen con sus Akelarres!

Hoy saldré a buscar huesos de Santo e investigar qué se come en todo los Santos en mi amada ciudad y en forma de verbo se lo pasaré a mis hijos, para que al menos sepan el origen.

Dani Albors

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