El Sol siempre sale para todos. Por Ana Sánchez.

 

AUTO EGA CALLE MAYOR

El otro día yendo a trabajar, me crucé con un camión en el que sobre el parabrisas, a modo de visera, se podía leer: “El sol sale para todos”.

Durante el resto del trayecto y antes de que llegase el momento de centrarme en lo urgente en vez de en lo importante, me empezó a hervir la cabeza con esta idea: Y si el sol no hace distinciones ¿por qué nosotros sí? ¿Acaso aflora esa soberbia propia del ser humano cuando se siente atacado, cuando encuentra un responsable del dolor que le acucia?

Siempre me ha sorprendido esa capacidad que tenemos de sacar el ángel o el demonio que llevamos dentro según aparezca en nuestra mente un culpable o no ante lo que nos sobrecoge.

Cualquier catástrofe natural provoca que una marea de bondad inunde la zona afectada. Surge en nosotros una solidaridad e implicación que nos saca de nuestros pequeños egos en auxilio de aquellos con los que nos sentimos hermanados – nos podría haber ocurrido a cualquiera.

Ante un terremoto, incendio, volcán, epidemia, huracán o tsunami, el culpable, o no existe o no se puede identificar; aunque siempre nos queda la opción de enfadarnos con Dios.

En otras circunstancias, el dedo acusador predomina sobre cualquier otro argumento o razón. Y a pesar de que el sol sale para todos por igual, el demonio que surge de nuestro interior desea que al otro no le lleguen sus rayos.

Todos los días nos indigestamos con noticias, opiniones y acusaciones que nos lanzan el mensaje de que hay que tomar partido: “o conmigo o contra mí”. Y en muchos casos lo estamos haciendo.

Ante los graves acontecimientos que presenciamos a diario, estamos acusando a los del otro bando de radicalismo. Pero ¿no estamos haciendo lo mismo en alguna medida? ¿No estamos atrincherándonos en nuestras posiciones y puntos de vista?

Hoy aparece un tercer “bando” que pide el diálogo. A mí me enseñaron que la diferencia entre diálogo y debate radica en que en el primero, se mantienen abiertos los oídos, la mente y el corazón para permitir que la suma de las aportaciones de cada uno construya en beneficio de todos. En el debate en cambio, hablan las vísceras, con la cerrazón de mantenerse en el propio punto de vista, defendiendo esa posición como si de una batalla se tratara.

No queramos apagar el sol, por favor. Es como si en una comunidad de vecinos le cortásemos la luz al que no nos saluda en la escalera, pero cuando ejecutásemos la pequeña venganza, nos daríamos cuenta de que el generador era común para todos.

 

Ana Sánchez.

 

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