Becerros de oro. Por Javier Miguel Aquerreta.

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Soy un hombre del deporte. Profesionalmente vivo del, por y para el deporte. Creo firmemente que es una escuela para la vida en los niños y jóvenes. Enseña disciplina, sacrificio, respeto por rivales, compañeros, árbitros y reglas. Te hace convivir de forma temprana con el éxito, el fracaso, el compañerismo, la solidaridad, la empatía…  Todo esto sin contar las ventajas que conlleva para la salud y el desarrollo armónico de cuerpo y mente.

A lo largo de mi andadura como médico de deportistas he conocido desde el deporte aficionado jugado por amigos hasta el deporte de altísima competición, habiendo tenido en mi equipo jugadores  premiados como mejor del mundo en su día y he convivido con campeones olímpicos, del mundo o de Europa.

Últimamente la vida me ha llevado a trabajar con equipos nacionales de cadetes, juveniles y junior. Sin ir más lejos este verano he tenido la fortuna de estar en el staff de la selección española juvenil de Balonmano preparando y jugando el Campeonato del Mundo de la categoría. Han sido 52 días de entrenamientos, amistosos y partidos del propio campeonato. Casi dos meses entre la estepa castellana, Croacia, Rumanía y Georgia. Un tiempo en el que se desconecta de la realidad cotidiana de la que uno se entera, fundamentalmente por las redes sociales y lo que te cuentan desde casa.

Un verano con algunas noticias (me ciño solo a lo deportivo) malas (Ángel Nieto), tristes (Ruth Beitia o Usain Bolt) y otras buenas (Mireia Belmonte, Garbiñe Muguruza o las chicas del waterpolo). Ninguna de esas noticias tuvo la relevancia que la gente le dio a una competición de medio pelo entre los dos grandes del fútbol español. Unos millonarios defraudadores protestando, fingiendo y montando su teatrillo particular tienen más eco que campeonatos o records mundiales que, puedo garantizar suponen mucho más trabajo, esfuerzo, dedicación y sacrificio.

Por favor, conmigo que no cuenten para su deprimente espectáculo. Me niego a llamar deporte a una actividad en la que lo que cuenta es el dinero sobre todo; no hay respeto por el árbitro, por las normas ni, por supuesto por el rival. El forofo medio se regocija casi más cuando pierde el rival que cuando gana su propio equipo. Si llegan a justificar y perdonar  que nos roben, vía Hacienda, cifras millonarias qué no serán capaces de justificar y perdonar (muchas veces su miopía les hace no verlo) en el campo con el fin de ganar y, a ser posible, humillar al eterno rival.

No puedo entender cómo se puede tener como ídolo a un sujeto ególatra, insolidario, generalmente inculto y cuya principal preocupación es su bronceado, sus tatuajes o su corte de pelo. Tipos que ensombrecen con su chulería, sus ademanes y sus declaraciones la única cosa buena que tienen, saben pegarle a una pelota con el pie.

Soy consciente de que clamo en el desierto pero, aunque solo sea como desahogo quería hacer constar que hay gente para la que Messi o Cristiano no son si no presuntos delincuentes investigados por fraude fiscal que no merecen ningún tipo de admiración. Yo, personalmente soy mucho más de Nadal o Belmonte y, después de este verano, de los chicos entrenados por Alberto Suárez y capitaneados por Ian Tarrafeta y Eneko Goenaga.

 

Javier Miguel Aquerreta Cangas

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