La Razón de las Mayorías.

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El pasado día 8 de noviembre, asistí atónito, al igual que la mayoría de la población estadounidense, como Donald Trump, candidato republicano a sentarse en el despacho oval de la Casa Blanca, por los próximo 4 años, iba ganando uno a uno los votos electorales de los estados que supuéstamente iban a votar, al partido demócrata y por ende a su candidata Hillary Clinton.  No hubo absolutamente ninguna encuesta, emitida por una empresa medianamente acreditada o ningún politólogo reconocido, que vaticinase el resultado que al final tuvo lugar, lo cual hizo que el resultado final, fuese incluso más increíble.

Ahora, sentado delante de mi portátil, me pongo a pensar cómo ha podido pasar lo que nadie preveía y, sobre todo, como esto puede afectar a las vidas de aquellos que vivimos en este magnífico país y fuera de él.  Ni soy politólogo, ni pretendo serlo. Tan solo pretendo reflejar mis opiniones basado en el hecho de que convivo con personas de todo tipo y condición y sin llegar a pretender que sea un estudio sociológico. Me conformo con que algunas preguntas queden respondidas. Los expertos ya están elaborando teorías perfectamente convincentes de por qué no ocurrió lo que habían previsto que iba a pasar. En mi opinión deberían engrosar la lista del paro de manera inmediata.

¿Qué ha movido al votante norteamericano a elegir a un candidato que ha vertido comentarios sexistas, racistas, injuriosos y que a otro candidato le hubieran descalificado de inmediato? Esta es la gran pregunta que se hacen, al menos en el partido demócrata en general y en el equipo de su candidata en particular. Entendamos primero quien es votante tipo de Donald Trump. El candidato republicano no ha ganado en ninguna ciudad de más de 1 millón de habitantes. Este dato trasladado a la realidad de España es como si un candidato que ha ganado las elecciones en España no hubiera ganado en ninguna ciudad de más de 50.000 habitantes.

Esto refleja el hecho de que los votantes del señor Trump viven en comunidades pequeñas, donde la economía global, que es obvio que está mejorando, no afecta al bolsillo de dichos habitantes y, por ende, ha calado muy hondo el mensaje de reducción de impuestos, retorno de empresas norteamericanas dentro de sus fronteras nacionales y proteccionismo respecto a productos fabricados fuera de este país. Estos ciudadanos han creído que el candidato republicano va a generar empleos en sus comunidades, van a tener trabajos mejor remunerados, van a pagar menos impuestos y  van a tener más dinero a su disposición.

Por otro lado, tenemos el hartazgo con el establishment político americano. Estos votantes, que viven en comunidades pequeñas y que ven desde muy lejos la capital federal, Washington, y cuyo grado de popularidad otorgado al político común es tan bajo como el que podemos estar dando a nuestros políticos patrios, han dado un golpe en la mesa, han dicho hasta aquí hemos llegado y han votado a un señor, sin ninguna experiencia política, que le ha dicho a todo el que quiso oírle, que había que acabar con los corruptos que pueblan Washington.

Donald Trump era el candidato del partido republicano, pero realmente fue un candidato independiente, ya que su propio partido le fue dando la espalda conforme abría la boca y soltaba, comentario tras comentario, a cada cual más políticamente y socialmente inapropiado. Esta falta de apoyo incluso le pudo ayudar, ya que reforzaba la imagen de alguien que no tenía nada que ver con los políticos al uso y que iba a luchar, por el pueblo americano en contra de esa jerarquía gobernante, que nunca ha entendido o quiso entender, la realidad de sus votantes.

La candidata demócrata, que por otra parte no caía excesivamente bien entre los ciudadanos norteamericanos, ha venido a reforzar dicho sentimiento, con el ya famoso affaire con su cuenta de correo privado. La sensación de que no dijo toda la verdad, el papel que se otorgó el director del FBI y el uso, hasta a veces, exagerado por parte de Donald Trump de este regalo en forma de argumentario político, no ha hecho mas que incrementar el número de personas con derecho a voto, que lo han ejercido más en contra de Hillary Clinton que a favor de Donald Trump.

Si añadimos el hecho de que su salud siempre estuvo en tela de juicio, después de episodios como el acontecido el 11 de septiembre de este año y la pésima gestión de la misma que hizo sus responsables de campaña, encontraremos razones por las que la que la que fue primera dama durante la presidencia de Bill Clinton, no iba a ganar esta carrera electoral.

De fronteras hacia adentro se espera la añorada bajada de impuestos, el aumento de la obra pública la cual generara nuevas infraestructuras que, honestamente, son necesarias y nuevos empleos para dar soporte a dichos proyectos, ahora bien, no necesariamente mejor remunerados. Entre dichas infraestructuras, se encuentra el tan cacareado muro entre México y Estados Unidos, físicamente inviable y políticamente inaceptable. Este muro entre ambas fronteras se encuentra en el número dos, de las promesas a cumplir por el presidente electo, siempre por detrás de la derogación del Obamacare, que ha acumulado en ocho años tantos detractores como ciudadanos que han podido beneficiarse del plan estrella del Presidente Obama.

La política exterior del presidente Trump o, mejor dicho, las líneas maestras que se están empezando a hacerse notorias, ya se han cobrado la primera víctima. El tratado de libre comercio transpacífico, que debería ser refrendado en el congreso norteamericano, no lo va ser bajo la presidencia de Barack Obama. El nuevo congreso salido de las mismas urnas que el presidente electo, lo tendrá que tratar y atendiendo a la política proteccionista respecto a productos fabricados fuera de Estados Unidos, me temo que no saldrá refrendado.

Esta política de protección del producto “made in USA”, la cual va en contra de las teorías del libre mercado, del que este país es referente mundial, va a imposibilitar igualmente el tratado de libre comercio entre USA y Europa, en el que buena parte de las empresas europeas habían puesto sus esperanzas. Incluso amenaza con la finalización del ya existente entre Canadá, México y Estados Unidos de Norteamérica. Si esto llegase a realizarse, sería tan catastrófico para la economía de México, que el hecho de haya sido elegido  Trump y que haya una mínima posibilidad de que este tratado acabe siendo finiquitado, ha llevado al Peso mexicano a la mayor de las caídas del mercado de divisas, por encima del 15% de pérdida de valor respecto a su cotización el día anterior a las elecciones.

Estos sentimientos de incertidumbre, sobre la política a desarrollar por el presidente electo, no se recordaban desde que un candidato republicano, que había conseguido cierta notoriedad como actor de cine, llegó a ser el presiente número cuarenta de los Estados Unidos de Norteamérica. Me refiero obviamente al presidente Ronald Reagan, el cual gobernó este país durante ocho años, superando ámpliamente las expectativas que estaban puestas en él, ya que hizo un gran trabajo.

No creo que estemos ante un caso similar, porque  Ronald Reagan tuvo una experiencia previa como gobernador de California, durante ocho años, donde también consiguió el aplauso de propios y extraños, por la manera en que supo llevar a este estado que hoy en día, es la séptima economía mundial. Es por todos sabido que la experiencia política del Presidente Electo, Donald Trump, es inexistente.

La democracia no es perfecta, pero sin duda alguna, es el mejor de los sistemas de gobierno que los humanos nos hemos dotado. La razón de las mayorías es indiscutible y en este país es algo que se lleva a gala. Sirva de ejemplo la predisposición de la candidata perdedora a apoyar a su nuevo presidente en lo que fuera menester. Incluso la forma modélica con la que ha comenzado el traspaso de poderes entre la administración Obama y la de Trump.

La verdad es que uno siente envidia de cómo se gestionan estos procesos políticos por estos lares, viendo como lo hacen nuestros representantes en las cortes españolas.

 

Javier Ongay Andrés

Atlanta -Georgia- EEUU.

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