En el día en el que cumplía 43 años ha muerto Silvia Ederra después de una larga enfermedad que se ha llevado a un referente deportivo para todos los seguidores del balonmano y a una buena persona para quienes tuvimos la suerte y el enorme privilegio de compartir con ella lo cotidiano, es decir las alegrías, las penas y la esperanza. De esto último, Silvia, tuvo mucho, lo cual habla de su afán de superación y su compromiso de lucha. A lo largo de su corta vida tuvo que sobreponerse a lesiones que a cualquier otra persona le hubieran dejado en casa, ella siguió jugando y lo hizo por encima de su ciento por ciento, superó un accidente de tráfico e incluso un adiós cuando el Sporting de La Rioja le pidió que volviera para apuntalar al equipo cuando ascendió a División de honor, y allí estuvo.
Su colección de camisetas sólo se ve superada por las muestras de cariño que siempre recibía agradecida y avergonzada, pero también orgullosa por haber dado todo y más a quienes confiaron en ella: Itxako, Mar Alicante, Bera Bera, Castro Urdiales, Sporting La Rioja, Selección Española, perdón selecciones españolas, porque prácticamente pasó por todas desde que a los ocho años, siguiendo la estela de su hermana Cristina apostó por este maravilloso deporte que es el balonmano y que ella llevaba en su sonrisa, en su comportamiento, en su personalidad y en su ejemplo.
No es un cambio por dos minutos, es eterno, tampoco es una sustitución, ya que no hay nadie que ocupará su puesto. Hoy el cariño y el reconocimiento de compañeras y rivales, retira su camiseta, la que permanece colgada en lo más alto de decenas de pabellones en los que se dejó la piel y el alma. Alma que nos deja en miles de momentos compartidos y que estará por siempre jamás en el recuerdo. Porque recordar significa volver al corazón, del que nunca te fuiste, en el que siempre estarás.
Uno de los clubes al que Silvia tenía especial cariño, escribió ayer en sus redes sociales, y lo hizo desde el vestuario de las confesiones más sentidas. Dijo el Sporting La Rioja:
«Hay personas que pasan por un club y, aunque el tiempo pase, permanecen para siempre en su historia y en el corazón de quienes tuvieron la suerte de compartir camino con ellas. Silvia, siempre tendrás un lugar en nuestra historia y en nuestros corazones».
Para sentir que en estas palabras hay un cariño pausado y un dolor cierto, sólo hizo falta aplaudir a rabiar ese gol de vaselina recibiendo el balón en una caída imposible desde los seis metros y verla incorporarse sonriendo a la grada.
Gracias, Silvia.
Juan Andrés Pastor

