Gente de bien, por Pilar García Torres

En el artículo anterior, os hablaba de las diferencias entre “los suyos y los míos”, desgraciadamente hay mucha tela que cortar, ya que de los creadores de “que se sienten coño” llega la frase del año, bueno dejémoslo en la del mes, porque Feijóo seguro que nos deleita con alguna mejor o más desapropiada que ese “Señor presidente deje usted en paz a la “gente de bien”.

La gente de bien es esa que provocó una incivil guerra civil y posterior dictadura, con la connivencia de la iglesia católica, es la que no cree en la democracia salvo si el partido que gana es el suyo, la que no concibe derechos para las mujeres, más allá de que sean depósitos de procrear, la que odia a los inmigrantes salvo que sean ricos.

La gente de mal, que digo yo que si hay una gente de bien, habrá otra que sea de mal, es la que cree en la democracia, mucho más allá del interés individual, la que entendemos que la democracia o es feminista o no será y que los derechos reproductivos van más allá de parir por obligación, la que entiende y siente igual a los inmigrantes aunque sean pobres.

La gente de bien es la que confunde la caridad cristiana sectaria y excluyente con la solidaridad entre iguales. Me explico; la caridad cristiana es la que hacen los super ricos con las migajas que les sobra y de paso les viene bien para evadir impuestos, véase Amancio Ortega, pero luego tiene semi esclavos a las personas que trabajan para él.

La solidaridad es la que hace “médicos sin fronteras” por poner una organización sin ánimo de lucro, o sea una ONG, con su tiempo libre, con medios propios, con la pérdida de su vida personal y familiar por atender a las personas en aquellos conflictos dónde se requieran sus conocimientos.

La gente de bien es la que le regala a su interna (esclava a tiempo completo por cuatro perras), lo que ya no quiere o le estorba en su casa, pero pone el grito en el cielo, si es que la tiene asegurada, porque el SMI haya subido un 47% en cuatro años.

La gente de mal es la que lucha por los derechos de esa interna, le da una estabilidad y seguridad en su puesto de trabajo, la sienta a su mesa, les habla de tú y no la mete en un cuarto sin luz y al lado de la cocina para que no pierda tiempo, por que en el caso de necesitarla, valora su trabajo.

La gente de bien es la que te dice que su hijo ha estudiado una carrera y no gana lo que la interna que cuida a su madre las 24 horas del día, aunque su madre sea lo más preciado que tiene, esté impedida, tenga Alzheimer y se levante dieciocho veces durante la noche y haya que cambiarle los pañales seis veces al día, mientras su hijo está tranquilamente sentado en una oficina delante de un ordenador.

La gente de mal es aquella que le sube ese 47% el salario, le da cobertura cuando viene una pandemia, legisla las becas para que su hijo y los nuestros puedan estudiar, es la que va a Europa a contar las excelencias de nuestro país en vez de denostarlo.

La gente de bien es la que hace lo contrario, poner piedras en el camino del gobierno, aunque con ello, ponga en dificultades a la propia ciudadanía a la que pretenden representar, la que vilipendia a una ministra por pensar diferente y defender los derechos de las mujeres de cualquier género e identidad, por cierto ministra reconocida en todo el mundo, menos en este país de meapilas.

La gente de mal es la que cree en las personas independientemente de su país de procedencia, condición, género, identidad, color de piel, de a quien ame o con quién se acueste, porque respeta al otro u otra por encima de su propia manera de pensar.

La gente de bien es la que ha estado sometiendo bajo la dictadura de la religión y el pecado durante miles de años, sin respetar al diferente a pueblos enteros, la misma que decía que las mujeres estaban al servicio de los hombres porque tenemos menos capacidad intelectual.

La gente de bien es la que niega el cambio climático y cualquier tipo de ley que intente educar en civismo, ética y respeto a los demás, incluso a aquellos cuyas manifestaciones, no deberían ser respetables de ninguna de las maneras por atentar contra los derechos más elementales.

La gente de bien es la que habla desde un escaño del congreso del “alarmante incremento de casos de homosexualidad y transexualidad” como si la opción personal de una persona homosexual o transexual, fuera un delito como el asesinato o el robo.

La gente de mal es la que respeta la opción sexual de cada una o uno y quiere educar en igualdad, precisamente para que cada niño, niña o niñe, sea capaz de desarrollar libremente su manera de amar, sin que nadie lo acose, le maltrate o le mate por su condición sexual.

La gente de bien es la que justifica la violación o agresión a una mujer porque iba borracha o llevaba minifalda, la que entiende que la ley del sólo sí es sí, les obliga a hacer un contrato con una mujer cuando quiere acostarse con ella, o la que va diciendo que se priva al hombre de la presunción de inocencia, sin haberse leído la ley, o lo que es peor, habiéndosela leído y mintiendo descaradamente.

La gente de mal es la que quiere proteger a esas mujeres para que puedan ir vestidas como les de la santa gana, sin por ello tener que estar temiendo por su integridad física, emocional y/o psicológica, para no tener que confiar en la decisión totalmente subjetiva de un juez como estamos viendo en estos días y que sólo el consentimiento expreso signifique asentimiento a una relación sexual.

Ayer leía con estupor, que el abogado de Dani Alves no veía en el informe médico de la persona violentada, que las lesiones que ésta presentaba en la vagina fuesen compatibles con una relación sexual no consentida, veremos lo que dice el juez. Llop sinceramente, no sé si eres de bien si de heriditas hablamos.

Por estas cosas, es por lo que la Ley de libertad sexual pone el acento en el consentimiento y no en la demostración de la violencia, porque la violencia no tiene porqué ser física. La gente de mal queremos que nuestros hijos e hijas, sepan detectar un abuso, pero también que sepan que hay diferentes tipos de personas y diferentes tipos de sexualidad.

La gente de bien quiere que sus hijos estudien en guetos pagados por todos, segregados por sexos y cuya educación vaya enfocada a la  diferencia entre hombres y mujeres y la supeditación de éstas a aquellos, que los ricos lo son por derecho propio y que los pobre lo son porque no se esfuerzan.

La gente de mal quiere que a la infancia se le eduque en libertad y en igualdad desde la guardería, que vean al de al lado como un igual sea éste o ésta como sea, que puedan estudiar siempre que quieran, aunque su familia sea la más humilde del lugar, que no hay diferencias entre hombres y mujeres.

Y como a las que se supone que somos gente de mal, nos parece bien lo que fastidia a las gentes de bien, por favor, Sánchez, Montero, seguid fastidiando a la gente de bien porque sólo así el mundo será bastante mejor de lo que es hoy en día, seguid haciendo leyes que protejan a las mujeres, a las niñas, a los niños de los curas y a todas y todos de la hipocresía maledicente de los innombrables y de su lacayo Feijóo.

 Así que sí, definitivamente me siento ajena a la gente de bien a la que se refiere el amigo del narcotraficante, a esa misma gente que entró en las cortes pegando tiros en democracia, a esos que están vendiendo nuestra sanidad, educación y dependencia a sus amigos, sí definitivamente yo no lo soy.

Pilar García Torres

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Un comentario en “Gente de bien, por Pilar García Torres

  1. Tienes razón.
    En la parte que mencionas a las interinas conozco un caso.
    El desalmado se llama Echenique, pagaba a su interina poco y en negro y el sinverguenza cobra más de 80000 euros al año.
    Que MALA GENTE

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