Montejurra 76 fue un «crimen de Estado, cometido por las más altas instancias»

El 9 de mayo de 1976 es una de las fechas «negras» de la Transición política española. Ese día se registraron unos graves hechos en la cima Montejurra, en la reunión anual del Partido Carlista, que acabaron con las muertes a balazos de Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos. Era el primer retorno de los carlistas a ese lugar tan emblemático, a pocos kilómetros de Estella-Lizarra, tras el fallecimiento del dictador Franco en 1975. En la convulsa vida política del momento, en pleno proceso de transición, preocupaba en las altas esferas del Estado el cariz que tomaba el carlismo, con una significativa presencia en Navarra, hacia un movimiento socialista y autogestionado dentro de una provincia marcada por una elevada conciencia social entre pujantes movimientos obreros.

Según los dirigentes actuales del Partido Carlista, que han convocado una rueda de prensa para dar a conocer detalles de la documentación que ahora se ha hecho pública, en los hechos de Montejurra intervinieron las más altas instancias del Estado, interesadas entonces en mostrar una imagen de división enfrentada entre los carlistas para terminar con ese movimiento político. Y es que los carlistas que estaban cobrando auge en las concentraciones anuales de Montejurra no compartían el esquema sucesorio diseñado por Franco en la persona del rey Juan Carlos I. Esa sería la razón por la que el ministro de Gobernación, Manuel Fraga, tomó cartas en el asunto junto al gobernador civil de Navarra, José Luis Ruiz de Gordoa, a través de la conocida como «Operación Reconquista», en la que contaron con «mercenarios» de grupos ultras y violentos tanto de España como de otros países.

Según ha manifestado Lázaro Ibáñez Compains, secretario general federal del Partido Carlista, «la agresión terrorista sufrida por el pueblo carlista fue realizada con el apoyo de la Internacional fascista, de los mercenarios italianos de Ordine Nuovo, de los mercenarios portugueses de la PIDE, de los mercenarios argentinos de la Triple A, además de los del Estado español -Fuerza Nueva y la UNE-, y la flor y nata del franquismo». Añade que «no tuvieron ningún inconveniente en ponerse la boina roja, cuando no eran carlistas sino fascistas».

El dirigente carlista ha hecho público un comunicado en el que denuncia «a todas las organizaciones políticas que han defendido y justificado el proceso histórico de la llamada Transición, la Constitución de 1978 y el sistema político actualmente vigente, considerados democráticos». Y señala que «el Partido Carlista quiere dejar muy claro que la violencia ejercida para su eliminación, decidida en las más altas instancias del Poder y realizada a través de las denominadas ‘cloacas del estado’, ha sido una constante» Y añaden que «en estos momentos estamos en condiciones de poder demostrarlo con documentación muy delicada, que implica a tres ministerios del Gobierno de Arias Navarro y al rey emérito».

A través de esa documentación se constata que los mercenarios que acudieron ese año a Montejurra, vinculados a grupos ultras, tuvieron «el apoyo económico y logístico del Gobierno español, así como de su Ejército que estaba acuartelado».

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