Desenmascarados, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Por fin, desenmascarado. Tras su coronación digital (a dedo) mediante un congreso analógico de democracia virtual, la era Feijóo en el PP nacional comienza (que no todo va a ser arrancar, ¿o, en este caso, sí?) arrancando motores con Vox de copiloto, ese partido que no existe en Galicia porque está dentro del fundado por Fraga. Tras ser arrancado de su tierra natal, el hombre que susurraba a los camellos, como le he llamado en alguna ocasión, ahora cuchichea al fascismo patrio, pero disimulando. Para no salir en las fotos, que a él ya le han jugado alguna mala pasada, no asiste a la toma de posesión de Mañueco alegando problemas de agenda, rellenada a sobrevienta.

No es moderado, sino ambiguo; y no por gallego, como afirma el tópico injusto, sino porque él es así. En el citado Congreso Extraordinario, tan vulgar, el profundo debate ideológico concluyó que hay que bajar impuestos, supongo que por incrementar las desigualdades sociales. También que, como él, el PP es un partido de centro. Tras la elección por aclamación (solo el 1,65% votó contra el nuevo líder e ignoro si fue el dedo inestable del diputado Casero el que produjo tamaña oposición), vuelve a reanudarse el continuo viaje al centro al que nunca acaban de llegar, lo que indica (creo que ya lo dijo Alfonso Guerra) cuán lejos estaban de él; y ahí siguen. En este sentido, el nuevo jefe ha dado un giro de 360º (y digo bien, 360º), como es la costumbre, para volverse a situar amagando al centro desde la lontananza, desde donde siempre lo han hecho.

El Aznarísimo bajó de los cielos para repartir bendiciones. El que casó a su hija en El Escorial con ínfulas imperiales; ese inmoral que, haciendo un trío en las Azores (o algo así), apoyó la guerra de Irak con mentiras de destrucción masiva y manipuló de forma miserable la información sobre los atentados del 11M; ese políglota con disartria que hablaba catalán en la intimidad; el cínico que se refería a ETA como Movimiento Vasco de Liberación mientras acusaba a los socialistas de traicionar a las víctimas; ese siniestro personaje de la derecha hispana es el nuevo referente del nuevo PP; o sea, es el mismo viejo referente del viejo PP. Ahora se dedica al sinapismo ubicuo.

El otro referente es Rajoy, aquel que animaba a Bárcenas con el animante “Luis sé fuerte” o que aseguraba, ufano, que «lo que nosotros hemos hecho, cosa que no hizo usted, es engañar a la gente», dirigiéndose a Pedro Sánchez, en lo que se define como un acto fallido o desliz freudiano. La Gürtel, la Púnica y toda la corrupción “popular” son cosa del pasado en la que nadie tiene nada que ver. «Todo lo que se refiere a mí y que figura allí y a los compañeros de partido que figuran ahí, no es cierto, salvo alguna cosa que han publicado los medios», llegó a afirmar Rajoy. “It´s very difficult todo esto». Al nuevo inquilino del viejo Génova todo esto ni le suena, aunque continúan estallando sentencias gürtelianas alrededor. Una, dos, tres…

Daniel Yebra publica en elDiario.es una valoración de varios economistas sobre el Plan de respuesta del Gobierno al impacto de la invasión de Ucrania en la actividad económica. Es un plan que aporta 6.000 millones de euros (más 10.000 millones en vías de financiación para las empresas), que podría ser ampliado. Las medidas tienen un papel importante para reducir la inflación, limitar el frenazo que sufrirá el crecimiento y proteger las rentas de los trabajadores. Las subidas de precios de la energía y alimentación afectan en mayor medida a los hogares más pobres. Valentín Pich, presidente del Consejo General de Economistas de España, nada sospechoso de comunista, valora positivamente el Plan de choque del Gobierno. El aumento del Ingreso Mínimo Vital (IMV) junto a la ampliación del bono social eléctrico son las medidas más progresivas, que ayudan a quien más lo necesita.

PP, Vox y Cs exigen al Gobierno bajar impuestos. Núñez Feijóo, siguiendo la estela de Ayuso, abandera tal reivindicación. ¿Cómo se pagan entonces los planes de choque?

Begoña Ramírez publica en infoLibre un artículo sobre este asunto. Algunos de los datos que aporta son muy interesantes. España, que tiene poco margen de maniobra para bajar impuestos, soporta una presión fiscal del 37,5% del PIB mientras que la media de la zona euro alcanza el 41,8%.

En sus propuestas fiscales, el PP y la CEOE aseguran que si España reduce el gasto público en un 14%, ahorraría 60.000 millones de euros, pero seguiría ofreciendo el mismo nivel de servicios públicos. A más ingresos más gasto, lo que provoca “más fugas de recursos y pérdidas de eficiencia”. Falso. Si así fuera, Madrid debería tener, por ejemplo, una sanidad pública modélica. Es la Comunidad con el mayor PIB per cápita, pero es la de menor gasto sanitario público, un 3,7% del PIB (media nacional del 5,6%; Extremadura, con un PIB mucho menor, un 8,3%).

Un informe de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública evaluó en 2021 la gestión sanitaria en las CC. AA. analizando varios parámetros. Según sus conclusiones, la mejor sanidad pública de España es la del País Vasco, que obtiene en el análisis un 98 de puntuación sobre una máxima de 130. Le sigue Navarra con 97 puntos. Madrid es la quinta por la cola, con 72.

La filosofía general del Libro Blanco para la reforma fiscal, presentado a la ministra de Hacienda por el comité de expertos que lo realizó, es aumentar el potencial recaudatorio del sistema tributario español. Bajar los impuestos sería suicida para el mantenimiento del Estado de Bienestar, como advirtió Pedro Sánchez a la propuesta de la derecha, la cual, como ya ha hecho otras veces, baja impuestos a los ricos, los sube a los que no lo son (“Dije que bajaría los impuestos y los estoy subiendo», manifestó Rajoy en su día) sin entrar a juzgar la chapuza-amnistía fiscal de Montoro. El FMI, tan bolivariano como los expertos, ve contraproducente la bajada de impuestos que propone Feijóo.

Las crisis siguen su curso con algunas variantes. Al inicio de la pandemia hubo déficit de papel higiénico en las estanterías de los supermercados, quizá como consecuencia de la diarrea provocada por el miedo. En estos últimos desabastecimientos falta leche, ignoro si porque hemos decidido hacernos fuertes y proteicos o porque deseamos inconscientemente volver a la niñez buscando refugio en la lactancia.

Ante el cachondeo energético, aparte de de reconocer el esfuerzo del Gobierno para que Europa acepte la excepcionalidad ibérica, he desarrollado defensas contra su carestía. No abro el frigorífico porque las cervezas las traigo bebidas de fuera (desconozco otras funciones del bicho); leo de día; he asumido que la arruga es bella, en la ropa, o inevitable, en la piel, y ya no plancho (antes tampoco, pero solo era por pereza, ahora, además, por ahorro). Hasta apagué la calefacción tiempo ha, porque soy un chicarrón del norte. Aun así, antes de mirar el recibo de la luz, me tomo un Valium.

A todo esto, PP y Vox, que ya gobiernan juntos en Castilla y León, pasarán a llamar intrafamiliar la violencia machista (Madina dijo en la SER que la violencia intrafamiliar se refiere al hecho de que, por ejemplo, tu primo le pegue un puñetazo a tu cuñado en Nochebuena). Y sustituirán la memoria histórica por una ley de concordia, cruel ironía.

Desenmascarado Alberto el moderado, que pretendía enmascararse en una reunión con los agentes sociales, también lo han sido los comisionistas más caras que ganaron millones cubriendo de las máscaras más caras, y de peor calidad, la Madrid de un Almeida enmascarado en la torpeza (¿o en la estafa?). “Pa la saca”. Me he liado, vale.

Vamos siendo desenmascarados poco a poco, vía BOE, para devolver la sonrisa a su sitio más natural, los labios, aunque no estaría de más no perderla en la mirada.

PD.: Todos con Ucrania. Todos contra Putin

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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