El Imperio de los Mendaces, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Los bulos nunca son inocentes. La gran crisis de las boñigas de caballo comienza con un vaticinio del diario londinense The Times en 1894: “Dentro de 50 años, todas las calles de Londres estarán enterradas bajo tres metros de boñigas”. Posteriormente se dijo que, tras la aparición del vehículo a motor, el riesgo desapareció; es decir, que las soluciones tecnológicas pueden poner fin a problemas que creemos insalvables. En 2018, un político conservador canadiense concluyó que, igual que no hizo falta crear un impuesto entonces, hoy no es necesario hacerlo a las emisiones de CO2, principal responsable del calentamiento global. Lo más curioso de la crisis citada es que ni existió ni el diario lo anunció jamás, como reconocía la jefa del archivo histórico de The Times. “La humanidad no estuvo enterrada en boñigas, sino en mentiras”, dijo.

Es conocida la frase del nazi Göbbels cuando afirmaba que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Al igual que para los partidarios de Maquiavelo, para el ministro de Hitler el acto de mentir debía ser analizado y evaluado más allá del prisma de la moralidad para extraer de él la innegable influencia en la sociedad. La moda de la estrategia está fuera de toda duda entre demasiados personajes públicos.

Lo que la Psicología llama “ilusión de la verdad” es un atajo que toma la mente para evitar hacer más esfuerzos de los necesarios. Pero el poder de manipulación sobre nuestra mente es limitado. Solo nos atrapan con la ilusión de la verdad cuando no empleamos otras facultades más elevadas de razonamiento. Si decidimos emplearlas, la ilusión de la verdad se diluye.

Entre los clásicos, Campoamor escribió sobre lo subjetivo de la mentira y la verdad, “todo es según el cristal con que se mira”; Calderón poetizó “porque tienen de su parte / mucho poder las mentiras / cuando parecen verdades”. Quintiliano y Corneille coincidieron en señalar, con dieciséis siglos de diferencia, que el mentiroso debe tener buena memoria. Y eso que faltaba tiempo para la llegada de las hemerotecas.

En un trabajo reciente se demostró que la mentira solo aumentaba con el tiempo cuando el participante en el estudio obtenía algún beneficio.

Fernández Mañueco, presidente de la Junta de Castilla y León, del que se desconoce actividad laboral fuera de la política y del PP, de fidelidad más que acreditada al poder de Génova hasta ahora, mande quien mande, tendrá que compaginarla con la recientemente declarada admiración por Díaz Ayuso. Un “horizonte judicial complicado” (Perla negra, trama eólica, financiación ilegal…), según Público, podría ser una de las razones estratégicas para adelantar la convocatoria electoral.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (cerca del despacho presidencial, por cierto), este olvidadizo de la memoria histórica cuando era alcalde de Salamanca, fue el primero en salir a criticar duramente al ministro Garzón por sus declaraciones en The Guardian. El “menestro de verduras” (ver la tira humorística de Postigo en el Periódico de Aragón del 6 de enero), calificó las macrogranjas de insostenibles porque contaminan el suelo y el agua y exportan carne de mala calidad de animales maltratados, provocando un impacto ecológico descomunal. Ya lo sabíamos. La UE nos había advertido por incumplir los límites de contaminantes en aguas y suelo causados por los desechos; la turbidez del Mar Menor lo ha dejado bien claro. Criticar la ganadería intensiva no es atacar a la totalidad de los ganaderos, y menos aún a las pequeñas explotaciones familiares que siguen el modelo tradicional de la ganadería extensiva, ecológicamente sostenible.

Pedro Barato es presidente de la Asociación Agraria-Jóvenes Agricultores (ASAJA), próxima a la derecha política. Con 62 años, el Peter Pan de los terratenientes, que sigue dirigiendo esta organización de apellido tan juvenil desde hace tres décadas, se apresuró en criticar a Garzón, como hicieron Casado, Vox y Cs.  Los dirigentes de los tres partidos recurren al lanzamiento de bulos con una frecuencia e intensidad cada vez mayores. Les da lo mismo que antes dijeran lo contrario. De ellos, es esperable. Como lo es la de los grandes propietarios, jóvenes o no.

Lo que sorprende es la distancia tomada con Garzón por parte del Gobierno. No se entiende que el ministro de Agricultura, que prepara un decreto para limitar el número de animales en las granjas, desapruebe al colega. Sin embargo, era de esperar que Lambán y Page, que proyectan normativas para limitar las macrogranjas en las Autonomías que presiden (y no se acordaban), arremetieran contra Garzón, ya que ambos bocachanclas tienen por costumbre hacerlo contra cualquiera que pueda parecer de izquierdas alrededor. Especialmente vergonzosa me ha parecido la actitud pasiva del presidente Pedro Sánchez, el cual, en mi opinión, debió defender sin ambages al ministro.

Detrás de la manipulación de la noticia sobre la cacería al titular de Consumo, Ignacio Escolar enumera las que desea esconder la derecha, como el récord histórico de empleo, los referidos casos pendientes de Mañueco o el archivo definitivo de la supuesta caja B de Podemos, entre otras.

Los grupos de presión proatómicos pretenden pintar de verde la energía nuclear basándose en mentiras, tras las que se disimulan enormes intereses económicos, porque no ven la manera, aún, de privatizar el sol y el viento.

Que la Supercopa de España se juegue en Arabia Saudí, lo que en principio podría parecer un descuido geográfico, responde a la búsqueda de un importante beneficio económico. La Federación Española de Fútbol oculta el objetivo mercantil disfrazándolo de apoyo a la democratización de aquel país y a la igualdad de las mujeres árabes. Intentan convencernos de que aspiran a instaurar allí la ginecocracia. Increíble, salvo que decidamos instalarnos en la candidez.

Sería verosímil que el tramposo Trump hubiera sido el subproducto de un contubernio entre Vladimir Putin, Xi Jinping y Kim Jong-un para destruir EEUU, porque es difícil explicar el triunfo de ese bestia de otra manera. Boris Johnson, en cambio, debe ser un error de Isabel II, que mandó al bufón al número 10 de Downing Street en lugar de quedárselo, para solaz de la familia real, en el palacio de Buckingham. El peluquero tiene problemas para desenredarle el caos de la melena; sin embargo, el que lo tiene imposible es el especialista que pretenda ordenarle lo que debería tener un poco más abajo, las neuronas y sus correspondientes conexiones. Acude a tantas fiestas que no tiene tiempo para ejercer las tareas propias sin la influencia etílica y confunde los guateques con reuniones de trabajo, siempre cubata en mano. ¿Qué le echará?

A este paso, Djokovic, el soberbio tenista serbio, jugará en solitario el próximo Frontenis Máster de Soberbios Antivacunas de Serbia (un torneo de aliteraciones). Almeida lo recibiría con los brazos abiertos en el Open de Madrid porque “es un gran reclamo para el torneo” (y para el coronavirus). Aquí no somos tan melindrosos con los inmigrantes ilegales ricos como en Australia, sí con los que llegan en patera. Como en Australia.

En las granjas los populares se fotografían con animales (chuchuá, chuchuá). Lo han hecho delante de cabras, ovejas y vacas. A estas últimas, de costumbres comunistas, Casado, les dirigió un mitin en bovino vulgar. Acudió “’arreglao’ pero informal”, con zapatos nuevos de ante, ideales para pisar boñigas. También visitó cerdos, pero hoy no hablo de ellos (me refiero a los suidos, que de los ruines sí lo he hecho).

“La poesía es lo contrario a la posverdad”, le escuché a Luis García Montero. Para no caer en un final escatológico o que distorsione la realidad, cito dos versos de sus Impertinencias, aunque con un significado distinto al que él les dio: “y después de la espera se aceptan las mentiras, / y después el silencio”. Al contrario, no aceptemos mentiras, bulos o manipulaciones de la verdad, sino que exijamos respuestas ciertas; y no callemos. Palabra y acción frente a los mendaces.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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