Ongi etorri, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Las bienvenidas tienen varias caras. Hace 10 años se la dimos a la paz que significaba el final de ETA. Ahora, debemos dársela al nuevo paso dado por EH Bildu. Aunque se pueda calificar de tacticismo político, tanto la apuesta por “votos frente a bombas” de entonces como la declaración actual deberían ser bienvenidas.

En el proceso de pedir perdón es necesario reconocer previamente el daño causado. Ponerse en el lugar del otro y acercarse a sus sentimientos puede llegar a hacer percibir el dolor ajeno. Falta el compromiso de que no vuelva a ocurrir nada parecido, pedir perdón de forma explícita y no escudarse en las circunstancias que concurrieron en su inicio (analizables, sin duda) ni en la guerra sucia.

La primera ETA parte de la idea mitológica de que Euskadi es un pueblo amante de la libertad, sometido por una España retrógrada que niega a los vascos sus derechos, y de que las desgracias que se abaten sobre él están provocadas por el ocupante. Conclusión del silogismo: La única forma de volver a la felicidad y recuperar las libertades es luchar a muerte por la independencia (ver Zutik nº 32 de agosto de 1960). Nada de lucha social u obrera ni contra la dictadura, sino espíritu sabiniano puro.

Para que se dé la reconciliación, que sería el paso final, es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, y cumpla la pena impuesta. En cambio, el traslado de los presos a cárceles lejanas es, en mi opinión, un castigo adicional, que afecta sobre todo a las familias, y me parece injusto e innecesario.

Pedir perdón es difícil. Nadie lo hizo entre los muchos que se acostaron franquistas y se levantaron demócratas de toda la vida por el genocidio cometido durante la dictadura; tampoco sus herederos ideológicos. Es más, la derecha continúa dificultando la búsqueda de los asesinados, el reconocimiento público de los olvidados. El PP calla cuando alguien niega el golpe de Estado del 36. Justifican a los golpistas para defender los pactos con Vox; Casado sonríe con cinismo y se celebra un ‘Ongi etorri’ a los votos fascistas. No pasa nada. Nadie pidió perdón por la creación de los GAL, digno sucesor del terrorismo tardofranquista. A los condenados, excarcelados con rapidez mediante indultos, Felipe González les preparó un ‘ongi etorri’ en toda regla. Si bien no pretendo ser equidistante, las respuestas ante las atrocidades de los que cada uno considera “los suyos” se parecen bastante. Rechazo cualquier acto público de homenaje a terroristas.

Bienvenidos al debate presupuestario. La izquierda se acobarda cuando llega al poder. El contacto con la realidad obliga a matizar los deseos, sí. Pero ¿cuál es la realidad?

Ahí va. La lista de Forbes señala que en España hay un 17% más de ricos en el último año (que acumulan 153.575 millones de euros) mientras un 27% de la población se halla en riesgo de pobreza y exclusión (uno de cada tres niños vive por debajo del umbral de pobreza). Economistas de diversos países, tras analizar un informe de Oxfam, llegan a una conclusión terrible: «El aumento de la desigualdad podría provocar que la humanidad tarde como mínimo 14 veces más en reducir la pobreza hasta el nivel previo a la pandemia que el tiempo que han tardado las mil personas más ricas del mundo (en su mayoría hombres blancos) en recuperar su riqueza». El sistema político mundial se llama plutocracia. Hace falta mucho más coraje gubernamental, más empuje de las izquierdas y mayor implicación general para revertir la dramática situación.

Tanto las leyes que está impulsando el Gobierno de coalición como los presupuestos (con sus indudables carencias) pretenden reducir las desigualdades sociales y restablecer las libertades amordazadas por M. Rajoy. Sin embargo, para la derecha son los presupuestos etarras, que gobiernan junto al “traidor” Sánchez.

La alternativa que se nos presenta es la de esos generadores de grandes mentiras que, a la postre, legitiman la violencia. Su matonismo se expresa en la frase del diputado de Vox “eso no me lo dice usted fuera”, que resume la enmienda a la totalidad a la democracia por parte de la derecha extrema.

El Gobierno da la bienvenida a los acuerdos con el PP para renovar a los miembros que detentan, fuera del tiempo constitucional, el poder en las altas instancias judiciales.

Recordemos cómo son. A instancias de Vox, el Constitucional (TC) ha tumbado los estados de alarma que salvaron miles de vidas y ha instado a las administraciones a sufragar a los colegios que segregan por sexo. Hay cómicos, tuiteros y cantantes condenados a penas de prisión o que se han sentado en el banquillo por comentarios o chistes. La condena del Supremo al diputado Alberto Rodríguez por una patada sin pruebas es una vergüenza jurídico-política. Los chicos de Altsasu fueron a la cárcel por un caso en el que Amnistía Internacional señaló el riesgo de trivialización y ambigüedad del cargo de ‘terrorismo’, así como la «desproporcionalidad» de las acusaciones. La justicia condena por injurias ‘a’ la Corona, dos anacronismos en una misma frase, no por las injurias ‘de’ la Corona. No es un problema preposicional, sino posicional: realeza frente a pueblo llano. Ya se sabe la posición de la judicatura, reaccionaria, frente a los que no están a la altura “meritocrática” de los reyes, colocados ahí por la procedencia real de los espermatozoides y la bendición divina.

Nombramientos “apolíticos” para el TC son los de Espejel y Enrique Arnaldo, el cual, además de haber facturado cerca de un millón de euros a administraciones gobernadas por el PP y ser asiduo de la FAES aznariana, supuestamente infringió la ley al cobrar de dos universidades al mismo tiempo. Está claro que hay que modernizar en muchos aspectos el sistema judicial español; no obstante, al acuerdo no se le puede llamar renovación, sino regresión. Los efectos indeseables más graves provocados por su fetidez no serán las náuseas.

ETA, vencida por la democracia, anunció su adiós definitivo en 2011. Desde entonces no ha vuelto a matar, desapareció. Cuando era presumible que los antecedentes llevaran a completar un silogismo (otro), los líderes conservadores han llegado a una conclusión inconsecuente ampliamente difundida por sus fieles: ETA no ha sido derrotada, está más presente que nunca (Mayor Oreja, portavoz del área de Filosofía Lógica del PP). ETA está más viva que nunca (Díaz Ayuso, secretaria de Ontología y Acción Aristotélica). “¡Estos son los presupuestos de ETA!” (Casado, líder metafísico del reaccionarismo y máster en Ética Genovesa por la Universidad de “Harvaravaca”).

Mi absoluto respeto a las víctimas. Pero el griterío facha no es en absoluto respetuoso con ellas. Eduardo Madina, otra víctima, considera una victoria de la democracia que quienes atentaron contra él salgan de la cárcel, cumplida su condena, y que su modelo de sociedad (contraria a la de sus verdugos) triunfe y tenga un hueco para ellos.

En el ideario pepero, la desaparición de la banda supuso un severo golpe para su repertorio de culpabilización digital. Duró un rato, lo resucitó enseguida. Tanto es así que, a falta de encapuchados en el presente, recurre a fantasmas del pasado.

Mientras nos confunden con mentiras, el nazi-franquismo se va colando, delante de nuestros ojos, en el poder legislativo y judicial; también en la sociedad. La respuesta debe ser urgente mediante políticas redistributivas que reviertan el aumento de las desigualdades (reformas laborales y fiscales profundas). Taparse los ojos o la nariz no ayuda. Hay que revertir la frustración y desmovilización que aúpa a la ultraderecha.

Bienvenido sea Odón Elorza al grupo de los que, cuando ataca la mierda fascista, no nos pilla en anosmia voluntaria, con una pinza en la nariz.

PD.: Ongi etorri nire artikulura, irakurle maitea. Bienvenido a mi artículo, querido lector (disculpad si hay errores. En Badajoz, como es natural, no hay ikastolas; aprendo euskera solo).

Mi enhorabuena, PCE, en tu centenario. Gracias por tu lucha por la libertad y la democracia.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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