Merecida jubilación, por Pilar García

Me faltan siete días para pasar a mejor vida como diría aquel, después de 47 años 9 meses y 20 días voy a disponer por fin de mi vida, mi tiempo y mi persona, afortunadamente lo suficientemente bien como para poder disfrutar unos años, o eso espero. Poder dedicarme a lo que me apetezca, sencillamente a hacer lo que me parezca mejor, o me sugiera la vida en ese momento, no tiene precio.

Bueno lo de que no tiene precio es un decir, ya lo creo que lo ha tenido, aunque reconozco que en los últimos 20 años de mi carrera profesional he hecho muchas cosas que me gustan y por lo tanto, que no hago demasiado mal. Afortunadamente también me he sentido considerada y querida en este último periodo y doy gracias por ello a todas y todos mis compañeras y compañeros de CCOO por hacerme sentir tan bien.

He tenido la gran suerte de no pasar nunca por el INEM, pero también la pena de no haber descansado en estos casi cuarenta y ocho años, sólo catorce semanas en el embarazo, que ya me diréis lo que descansa una recién parida, (entonces no eran diez y seis semanas) y dos meses cuando me rompí el pie, por eso os reconozco que estoy cansada, muy cansada de trabajar, de tener un horario, unas responsabilidades diarias, de madrugar, aunque los fines de semana lo haga por gusto, así que me dedicaré a otras muchas cosas que no he podido hacer mientras me apuraba el trabajo.

Cuando oigo o leo a los próceres de la patronal y de la patria hablar de ampliar la edad de la jubilación, se me ponen los pelos como escarpias. Tenemos casi un 50% de paro juvenil, nuestros hijos no pueden realizar su proyecto vital porque siguen dependiendo de nosotras ¿No pensáis que ya es hora de hacer un relevo generacional en el mundo laboral?

Señores y señoras del gobierno, de las cortes y de la CEOE, hay que hacer lo necesario para que nos marchemos los que ya hemos trabajado lo nuestro y lo de todos vosotros, por salud nuestra, pero sobre todo por no ocupar un espacio laboral que corresponde al futuro, que les corresponde a esas criaturas a las que estamos robando el presente.

Es curioso que todos los que hablan de alargar el tiempo de trabajo, han trabajado, trabajan o trabajarán poco o nada, son tan temerarios al hablar del tiempo que podemos trabajar los demás porque nunca han sentido la tenaza del trabajo duro, de los horarios infames, de las condiciones precarias, de estar a la intemperie con un martillo percutor levantando calzadas, de servir a déspotas señoritos que piensan que nuestra vida les pertenece.

La pensión por jubilación, no es un privilegio, es el producto de haber trabajado por cuenta ajena toda una vida, de haber estado dependiendo de un salario, de haber aportado a las arcas del estado durante tantos años, el país lo hemos levantado entre todos y todas las que nos jubilaremos en los próximos meses y años y los que lo hicieron antes que nosotras.

Parece excesivo decir que hemos levantado el país, pero no lo es, ya que son nuestros impuestos los que han hecho posible una sanidad de calidad, desgraciadamente cada vez menos,  gracias a las privatizaciones de los gobiernos de derechas que se llevan el dinero público para regalárselo a sus amigos. Debido a nuestros impuestos tenemos una educación gratuita, carreteras de primera, servicios públicos y universales, todo gracias a los IRPF que hemos pagado durante toda nuestra vida laboral.

Cuando escucho o leo, que hay que reducir los impuestos en boca de los que siempre se han podido permitir una sanidad, dependencia y educación privada, gracias a los salarios precarios y las condiciones deplorables de los que no mandamos nuestros ahorros a Panamá o similares, sino que los dejamos en España porque nosotras sí que somos patriotas y queremos que nuestra ciudadanía, se pueda curar, educar y cuidar gratis con nuestra aportación.

Curiosamente unos y otros son los mismos, los que evaden y nos roban y los que dicen que hay que alargar la vida laboral hasta que nos muramos en el tajo, o hasta que nos dé una apoplejía, mientras nuestra juventud no puede ni pensar en encontrar un trabajo que le permita vivir dignamente.

Las pensiones son sostenibles, claro que lo son, sólo hace falta voluntad para que la solidaridad mostrada por los que ahora son pensionistas y los que lo seremos después, se extienda a los que pueden aportar mucho más de lo que aportan, mientras que yo he estado aportando un 20% de mi salario durante muchos años, las multinacionales, las empresas del IBEX y las grandes fortunas aportan menos de un 7%.

Y si los que tienen dinero no aportan lo que les corresponde hay que obligarles a que lo hagan, hacen falta leyes que igualen las aportaciones de las trabajadoras y las empresas que más beneficios tienen, así como las personas que poseen las grandes fortunas de este país, o de otros pero viven aquí para que todos podamos tener calidad de vida. La reforma fiscal es absolutamente necesaria, no cualquier reforma sino aquella que consiga que quien más tiene más pague

La amenaza de que se irán las grandes fortunas si les hacemos pagar por lo que tienen, debe contrarrestarse con leyes que les obliguen a dejar aquí la riqueza que hemos generado con nuestro esfuerzo, esto no es comunismo, porque si lo fuera y siguiéramos la máxima de que “la tierra para quien la trabaja” estos parásitos no tendrían nada. El funambulismo financiero debería estar penado no sólo con la pérdida de los activos con los que realizan esos equilibrios, sino con la cárcel, las sociedades offshore deberían estar prohibidas y todo aquel o aquella que no pague sus impuestos en España que se vaya allá dónde los pague.

No obstante hoy me siento feliz hay que conmemorar, diez años sin atentados, diez años de reconciliación. Otegui siente el dolor de las víctimas en nombre del mundo abertzale y dice que no debió suceder y a la derecha le es insuficiente, cómo no, en vez de celebrarlo, lo desprecian, de todas es sabido que sin la coartada del terrorismo la derecha pierde fuelle, por eso lo sacan en cada momento que salen a la luz sus miserias aunque no exista ya, pero se quedan sin excusas, de lo cual me alegro muchísimo.

Hace diez años yo escuchaba la radio como cada día, la emoción que me embargó humedecía mis ojos y aquellos arroyuelos que bajaban por mis mejillas y desembocaban saladamente en mi boca germinaron de esperanza el fututo. Ya no tendría que explicar a mi hijo qué era el terrorismo, como tuve que hacer años antes cuando siendo un niño descubrió que lloraba viendo en la televisión las imágenes del atentado de Vallecas, no podían ser de izquierdas aquellos que mataban personas pobres, trabajadoras, nada justifica arrancar una vida, nada.

Por eso hoy soy feliz, por celebrar el fin de uno de los horrores vividos por este país, aún quedarían otros y quedarán aquí y en otros lugares del mundo, pero mal que le pese a la derecha española, este acabó.

Igual os parece que he mezclado cosas, soy así de rebelde, así que no he querido dejar pasar la oportunidad de felicitarnos por haber hecho algo bien.

Pilar García Torres

Un comentario en “Merecida jubilación, por Pilar García

  1. Enhorabuena, Pilar, disfruta todo lo que puedas, que merecido lo tienes. Por mi parte llegaré al mismo punto que tú un día antes desde el contrato de relevo. Te deseo lo mejor, compañera.

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