La rebelión de los papeles, por José Félix Sánchez-Satrústegui

En pleno dominio digital, se debate sobre el progresivo sometimiento del papel a los dispositivos electrónicos, hasta hay quienes pronostican su desaparición. Aquel se resiste con diversas artimañas, incluso los expertos aseguran que el cerebro prefiere el papel (habrá que esperar a ver qué eligen los cráneos digitales en unos años). Me voy a referir a algo más tangible. Se ha declarado en rebeldía y, además de sustituir la discreción por el alboroto, ha abandonado el singular para erigirse en protagonista de la actualidad, se ha pluralizado: los papeles. Vienen de antes, pero los de Panamá o Bárcenas y, más recientemente, los de Pandora los han lanzado a una fama explosiva.

Pandora (“la que da todo”) ha abandonado la mitología para instalarse en la realidad moderna, aunque persiste en los mismos caprichos. Esta monomanía de culpar a la mujer de ser la que mete la pata (si bien es posible que fuera su marido Epimeteo, “el que reflexiona tarde”, quien cometiera el desaguisado) se inicia en Eva e insiste con vocación de continuidad. Sea como fuere, la ha vuelto a liar lanzando papeles, mediante periodistas valientes, con datos de los poderosos que, desde su situación privilegiada, estafan sin pudor. Esperemos que en el fondo no quede nada más que la esperanza citada por la mitología, que todos los negocios opacos salgan a la luz (no debería nombrarla delante de las eléctricas: son de piel muy fina, ante cualquier susto disparan su precio y nos trasladan el miedo y la oscuridad a los ciudadanos de bolsillo asequible).

Numerosos líderes mundiales, políticos, empresarios y artistas, entre ellos cientos de españoles, figuran en las listas de defraudadores. El agujero que dejan los desvíos en los estados afectados se calcula que es de casi 370.000 millones de euros anuales. El daño a las sociedades del bienestar es superior al que pudiera parecer por el dinero ocultado. Dos datos en la misma dirección: una de cada tres multinacionales paga al fisco menos del 10% de su beneficio; 20 grandes grupos españoles tributan el 1’9% de sus ganancias globales. O hay una verdadera lucha contra la evasión y elusión fiscales o los magnates se quedarán con todo y las desigualdades serán cada vez mayores.

Àlex Grijelmo, en una de sus columnas, Diccionario pandórico, escribe que, por un desliz en la traducción, se les llamó paraísos a los refugios fiscales (Baltasar Garzón propuso vertederos). En el mismo artículo plantea traducir offshore por escaqueo (de dinero); además, asegura que magnate es una errata, ya que debería decir mangante.

La derecha de este país, incluida la ilustrada, como Savater, utiliza la palabra “comunista” como un insulto. El diputado socialista riojano Ocón ha respondido a Casado, el de la sonrisa extemporánea, habitual de la pretendida ofensa, que el Partido Comunista de España hizo en cinco minutos de 1977 más por la llegada de la democracia que la derecha en 40 años. También desde entonces hasta aquí, añado.

Abascal, en un acto reciente de Vox, se refiere al orgullo de sabernos herederos de los que inventaron el “imperio solar español”, que no es una empresa instaladora de tecnología solar como pudiera parecer, sino una expresión que figura en el Himno de las Falanges de Combate de las JONS. El PP pacta con los herederos de los golpistas del 36, fascistas de arriba abajo, ¿o es que piensa (perdón por exagerar) como ellos?

Nunca he sentido orgullo por lo que me ha venido dado sin mi concurso, incluso con él, solo alguna pequeña e íntima satisfacción por los escasos logros propios o muy cercanos. Nada como para lanzar cohetes. Tampoco los orgullos colectivos me han estimulado fibra sensible alguna, los veo como un exceso de arrogancia y complejo de superioridad, más aún cuando se refieren a supuestos hechos históricos interpretados por cada cual a mayor gloria de sus intereses.

Ya que estamos cerca, metámonos en el charco. Los presuntos descubiertos consideran lo ocurrido aquel lejano 12-O conquista e invasión; los invasores, descubrimiento y encuentro. La denominación de Día de la Hispanidad vino a sustituir a la mohosa de Día de la Raza (si la raza superior la representan Abascal, Ayuso, Casado, Aznar, Egea o Cantó, por ejemplo, yo me bajo). Ahora es solo la Fiesta Nacional, que sirve para que una muchedumbre envuelta en perejiles, en un exceso rojigualda, insulte al presidente socialista de turno mientras bala junto a su ídolo, el carnero legionario. No entiendo que se llame así a espectáculo tan parcial, divisorio, elitista, rancio…; tan militarista (“Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar”, cantaba Paco Ibañez por Brassens). Javier Aroca ve en estos desfiles una continuación de los de la victoria franquista.

Entretanto, el alma republicana se cuela en la celebración cuando los pilotos de la Patrulla Águila dibujan en el aire la bandera española: salen los colores rojo, amarillo y ¡morado! ¿Acto fallido freudiano? Pablo Iglesias niega haberlo provocado él.

Que Colón no llegó a América repartiendo abrazos está tan claro como que Moctezuma no construyó su imperio a besos. Isaías Lafuente nos lo recuerda en la radio; añade que le sorprende que más de 500 años después algunos coetáneos se empeñen en exhibir aún la soberbia del conquistador o en mostrar el victimismo del conquistado dos siglos después de su independencia. La escritora oaxaqueña Clyo Mendoza habla de hacer las paces con el árbol genealógico. Celebremos, por tanto, los mestizajes. Es preciso conocer la historia, no apropiársela (la derecha patriotera llegará a interponer un recurso de inconstitucionalidad contra la historia que no sea revisada por ellos), reconocer la violencia contra las comunidades aborígenes en el pasado; pero, sobre todo, saber encontrarnos en el presente y descubrir juntos el futuro.

La Catedral de Toledo ha sido escenario de un vídeo musical en el que Nathi Peluso y C. Tangana protagonizan un sensual baile que ha puesto cachondo al personal (en casi todas las acepciones de personal y de cachondo). La jerarquía de la Iglesia, líder del movimiento okupa patrio (disimulado en inmatriculaciones, esa apropiación del patrimonio público por arte de birlibirloque, eufemismo de saqueo), con el arzobispo de la cosa al frente, se ofende a posteriori. Un grupo de tragaavemarías, de puritanismo arbitrario, reza en la noche toledana para reparar el ultraje. Estamos a la expectativa de una quedada para pedir perdón por el rosario de actos de pederastia cometido por la clerigalla. Callan, prefieren esconderlo en paraísos morales (refugios inmorales, o sea).

La Asociación de Abogados Cristianos consigue que una jueza obligue al Ayuntamiento de Castellón a retirar lotes de libros sobre homofobia y temática LGTBI, que fomentan el respeto a la tolerancia y a la diversidad. La censura político-religiosa es inconcebible en un Estado democrático y laico. Lo próximo será pedir un “bibliocausto” inquisitorial.

“El precio de la luz bate un nuevo récord histórico” es la frase más repetida en los informativos de los últimos tiempos. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, asegura que “con extremistas dentro del Ejecutivo no se puede gobernar”. Se le olvidó añadir “como nosotros quisiéramos que se gobernara”. Este individuo, tan moderado, cobró en 2020 más de 12 millones de euros, seis veces más de lo que cobra la totalidad del gobierno socialcomunista, incluidos extremistas, rojos varios y el líder sanchista. El ricachón milita en el extremismo económico, su sueldo está en el otro extremo del salario mínimo interprofesional, cuya subida es un riesgo para los que no encuentran para ellos el techo de un salario máximo inmoral.

La naturaleza ruge, el volcán expulsa lava sin parar (mi solidaridad con La Palma). La derecha brama. La caja de Pandora arroja papeles que revelan latrocinios, y se rebelan.

PD: Me sumo a la petición de la diputada Aina Vidal sobre la autoexploración mamaria en el Día Mundial contra el Cáncer de Mama. «Tocaos las tetas».

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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