El “Bribón” y los amantes de la “Consti”, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Leo en el diario Público la serie (mezcla de suspense y drama político, real como una ficción) sobre las presuntas actividades ilícitas realizadas por Juan Carlos de Borbón y “Bribón”, que deberían ser suficientes para destronarlo del emeritazgo. En un acto reflejo no me he llevado las manos a la cabeza, sino al bolsillo. La monarquía es un anacronismo, y la española es un fraude a la democracia; el rey que nos vendieron como uno de sus artífices devino en chorizo (presunto). Que los dirigentes del PSOE actúen junto al trifachito obstruyendo una investigación parlamentaria, me enoja como socialista. Es él quien le falta al respeto a las instituciones y a los ciudadanos.

La Transición fue el inicio del camino hacia la democracia. Los que preferíamos ruptura frente a reforma sabíamos de la dificultad, pero sospechábamos que de esta forma, aquella, no tan modélica, quedaría inconclusa y esta resultaría incompleta. Aún se ven las consecuencias.

Aquellos que obstaculizaban la evolución hacia la libertad, que preferían mantenernos en la inmovilidad del Movimiento y negaron la Constitución Española (CE) del 78 con su voto, hoy procuran apropiarse de ella. Los conservadores la llaman la Consti, en acortamiento de familiaridad. En las resoluciones y sentencias del Tribunal Constitucional (TC) se observa, además de una sospechosa lentitud en decidir, la tendencia a validar las numerosas demandas de los ultras para dificultar la labor parlamentaria y, con ello, la democracia. El TC, para reforzar la C, se muestra Carcamal y Confesional. ¿Qué hará cuando en esta regresión continuada lleguen al absurdo de solicitarle la inconstitucionalidad de la propia CE?

Para este órgano hubo graves alteraciones de orden público al comienzo de la pandemia (supongo que se refieren, principalmente, al frenético asalto a las estanterías para vaciarlas de papel higiénico por una multitud con ansiedad defecadora) que hubieran precisado de un estado de excepción. El fallo nos ha dejado en estado de perplejidad; el TC, en cambio, parece haber alcanzado una especie de estado crepuscular, intermedio entre la conciencia y la inconsciencia.

La directora general de Salud Pública de Baleares debió permitir que aquellos niñatos (no se trata de criminalizar a la juventud, sino a los irresponsables y a sus papás, que en el resultado de la medición de su cociente intelectual dieron negativo) salieran a infectar al mundo. Imputada por aislar a los contactos estrechos, todo indica que recibirá como castigo un curso sobre libertad, impartido por Ayuso, en una terraza madrileña delante de unas cervecitas.

La pandemia va por la 5ª ola, ahora en cuarto menguante. No se sabe si las nuevas variantes serán más resistentes y si aumentarán en número para recordarnos que nos olvidamos de los países pobres. Como no los surtimos de vacunas suficientes por solidaridad y humanidad, hagámoslo por egoísmo. Su falta de inmunidad terminará por afectarnos. En la nueva nomenclatura de la OMS ya está por aquí la variante lambda, según he leído. Creo que el virus, mediante disfraces y regates, desea acabar también con el alfabeto griego.

Según la teoría de la conspiración que PP y Vox comparten, Pedro Sánchez, desde su Gobierno “ilegítimo” PSOE-UP, prepara un golpe de Estado para acabar con la monarquía parlamentaria en indisimulable complicidad con el separatismo y el comunismo internacional. Contubernio era la expresión elegida por el dictador asesino (igualmente conocido por Franquito o Cerillito) para designar, con su peculiar voz aflautada, los continuos intentos internacionales de acabar con la España eterna. Y en ello seguimos. Cómo somos los rojos.

Érase un juez al “PPpegado”, García Castellón, que da carpetazo a la Kitchen para que permanezca la incógnita de quién dirigía el cotarro desde arriba (¿Cospedal y Rajoy?). A los magistrados, como son de letras, se les dan mal las ecuaciones y nunca aciertan a despejar la X.

Leo un artículo de Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho (si lo hubiera leído antes no hubiera escrito las opiniones que preceden, aunque he decidido no borrarlas para mostrar mi incorporación a la burricie opinante general: acabaré de tertuliano todólogo tabernario). Cita a Montesquieu al referirse a la necesaria división de poderes para que “el poder contrarreste al poder”. Nos recuerda que la legitimidad democrática de origen concurre en el legislativo y en el gobierno, no en los jueces. El gobierno de estos y de los órganos que desarrollan la función jurisdiccional que constituyen el Poder Judicial corresponde al Consejo General (CGPJ), uno de los tres poderes del Estado. No debe haber interferencias del legislativo o del ejecutivo en la actividad de los jueces, tampoco al revés. Sin embargo, en contra de lo que se intenta hacer creer, son muchos de estos los que junto a Vox y PP procuran bloquear las iniciativas jurídicas del ejecutivo o del legislativo. Lo dijo Iñaki Gabilondo: “La justicia española no es ciega, es tuerta; ve muy bien con un ojo: el derecho”. El empeño para que el CGPJ sea elegido entre los jueces, sin participación de los titulares de la soberanía, se llama “corporatocracia”, no democracia.

Hubo un tiempo, tras la crisis económica de 2008, en el que me atreví con las páginas sepia del periódico. Se me pasó rápido. La ineptitud para comprender el mundo económico, como me sucede con tantos otros, hizo que me quedara con algunas frases para resumir mi ignorancia. Lawrence J. Peter: un economista es un experto que mañana sabrá explicar por qué las cosas que predijo ayer no han sucedido hoy. Bob Hope: un banco es un lugar que te presta dinero si puedes probar que no lo necesitas.  Y Keynes: los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia.

La luz produce sombras. Por mor de las privatizaciones iniciadas por González y generalizadas por Aznar, que dejaron al sector eléctrico en manos de los mercados, así como de los expresidentes y exministros electrificados y los empresarios eléctricos politizados, resulta que los ciudadanos acabamos electrocutados. Ojalá el Gobierno se convenza del inexcusable control público del sector (no hablo de nacionalizar para que Begoña Villacís, en su desconocimiento, no me acuse de copiar a Venezuela, elegido como comodín ofensivo por el trío colombino).

La xenofobia, la LGTBIfobia y el machismo (macro y micro) siguen su curso imparable, jaleados por la derecha y permitidos por la desidia de todos; los mares se convierten en fosas comunes de inmigrantes, en mausoleos de ignominia. A la par, nuestro tozudo intento por acabar con el planeta va camino de triunfar: el calentamiento global enfría las esperanzas de conservación de la Tierra. El capitalismo salvaje, esa redundancia, insiste. En el entretanto, Marlaska y el presidente ceutí devuelven en caliente (o en templado) a los niños marroquíes en una actuación ilegal; nosotros, tanto los españoles como el resto de europeos, nos acomodamos en un silencio inmoral. Al otro lado del mundo, Occidente renuncia a la ética y abandona a los afganos en manos de los talibanes. Las mujeres volverán a la esclavitud.

Se busca progresar hacia una educación en valores de igualdad entre hombres y mujeres; respeto a la diversidad étnica, cultural y sexual; reconocimiento a la diversidad lingüística; memoria histórica; afrontar el futuro desde una visión ecologista e insistir en los principios democráticos. Pero el trifachito lo considera adoctrinamiento, así lo afirman los dogmáticos que quieren imponer el himno y la religión católica en las aulas. El cinismo es su emblema. Los fachas, en su pretensión de reescribir la historia, querrán ocultar que Lorca fue asesinado por los suyos hace ahora 85 años por rojo y al grito de ¡maricón! Poeta inmortal. “Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!”.

La progresividad fiscal está en la Consti, señores patriotas. Es apremiante que la izquierda sea valiente, que aplique una reforma ambiciosa con un sistema tributario más justo, que se acabe con la elusión y el fraude. Apelemos pues al patriotismo fiscal. Aunque con el ejemplo de Su Majestad, qué se puede esperar de los súbditos. Si el demérito es el primero en defraudar (presuntamente)… del rey abajo, cualquiera.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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