Juventud, divino tesoro, por Pilar García Torres

JUVENTUD DIVINO TESORO

¿De verdad? ¿Divino tesoro? ¿Nos hemos parado a pensar las madres y padres qué educación estamos dando a nuestra prole? ¿Dónde hemos dejado eso de la educación, el sentido común, la solidaridad, la responsabilidad?

Ya, sé que ahora viene eso de que la juventud es todo lo contrario, pues no, a riesgo de convertirme en la “abuela Cebolleta”, ser joven no es sinónimo de inconsciencia, de inmadurez sí, inmadurez que hay que contrarrestar desde casa con la educación en valores de igualdad, solidaridad, de respeto al otro, a otra, al diferente, a la persona, a las cosas, a los animales, en definitiva de respeto a la vida.

A la vida de los demás y a la propia. Voy a hablar de dos situaciones que tienen como protagonistas a los y las jóvenes y, la verdad, no sé cual es más grave porque en ambas estamos hablando de vidas humanas, o bien arrancadas cuando empezaban, o de poner en peligro a una misma y al resto.

Hace justo una semana nos sorprendía la noticia, a mí desde luego me sorprende y me seguirá sorprendiendo el poco valor que algunas personas le dan a la vida de los demás, a lo que voy que me disperso, habían asesinado a un joven de 24 años al grito de “te voy a matar maricón” y efectivamente lo mataron de una fatal paliza, aún no se sabe cuantas personas participaron en la misma.

Lo que sí se sabe es que hay seis detenidos de entre 20 y 25 años y se ha solicitado el internamiento en un centro especial de dos menores.

Como soy madre, puedo decir alto y fuerte ¿Qué clase de educación estáis dando a vuestros hijos? No me da la gana incluirme en un colectivo de padres y madres que han confundido el que sus hijos sean felices, con no infundirles ningún tipo de límites ni respeto a sus congéneres.

Les estáis inculcando que ellos son el centro del universo y por lo tanto, tienen todos los derechos, ninguna obligación y son dueños y señores de todo lo que hay a su alrededor, incluidas las vidas de las personas que no están dentro de sus cánones sociales.

Es verdad que los discursos nazis, hay que llamar a las cosas por su nombre, nazis, de las señoras y señores de la ultraderecha no ayudan, pero son la generación mejor preparada por lo que deberían saber distinguir entre el bien y el mal, no el que enseña la iglesia a la que van los domingos los que lanzan proclamas de odio al diferente, sino el bien que da el respeto al otro y el mal de despreciar al diferente.

Queridos y queridas jóvenes, no tenéis ninguna excusa para cercenar la vida de una persona porque no os gusta cómo ama. El único motivo es que sois tan nazis como vuestros padres y madres, de otra forma no se entiende que matéis a golpes a una persona por ser quien le da la gana de ser y por no esconderlo.

Entre 20 y 25 años y dos menores, o sea dos personas de menos de 16 años, porque si tuvieran 16 tendrían ya responsabilidad penal. ¿No se os abren las carnes? Ahora pregunto a los padres y madres de estos nazis monstruosos ¿Estáis orgullosos y orgullosas de los que habéis engendrado y parido? ¿Sabéis cómo se sienten los padres de todos los Samuel a los que vuestros cachorros han dejado sin hijos o hijas? ¿Vais a pedir pena de cadena perpetua sin revisión para vuestros hijos asesinos? Ahí lo dejo.

Vamos con la segunda parte, no menos grave y me dirijo a los padres y madres que tienen mucho que ver en este asunto como hemos podido comprobar en los últimos días, vamos a hablar de esas pobres criaturas privadas de libertad en un hotelazo, a cuerpo de reyes y reinas y para los que sus inconscientes ascendentes pedían nada menos que el “hábeas corpus”( El artículo 17.4 de la Constitución española de 1978 señala que «La ley regulará un procedimiento de “hábeas corpus” para producir la inmediata puesta a disposición judicial de toda persona detenida ilegalmente. Asimismo, por ley se determinará el plazo máximo de duración de la prisión provisional.)

Se puede ser más imbécil pero rayaría la incapacidad intelectual más grave que pueda existir. Vuestros hijos e hijas no estaban en la cárcel, ni detenidos ilegalmente, por si todavía iluminados no os habéis enterado, estamos en una pandemia. Vuestros vástagos estaban y están poniendo en peligro a los demás, no están vacunados y por si fuera poco, no les habéis educado para protegerse y protegernos, porque si lo hubierais hecho, esto no sería noticia.

La incidencia entre las personas comprendidas en el tramo de edad entre 20 y 29 años es de 1.200 por cada 100.000, en el tramo entre 12 y 19 de 950 a día de hoy sábado, la incidencia general ha subido 39 puntos, gracias chicos y chicas por vuestra aportación a la sociedad y a la lucha contra la pandemia.

Miles de personas infectadas, entre ellas vosotros y vosotras mismas infectadas por la inconsciencia de los “pobrecitos” adolescentes de los que os habéis deshecho durante unos días porque no los soportáis. En qué cabeza cabe mandar a una manada de descerebrados sin ningún control a desparramar y emborracharse hasta no saber lo que hacen en mitad de una pandemia.

Sois una panda de impresentables, los padres y madres y los hijos e hijas, porque además del quebranto social que supone una nueva ola de contagios, muertes e ingresos, nos vais a costar un pastizal a todos y todas las que pagamos con nuestro salario la sanidad de la que os vais a favorecer el tiempo que lo necesitéis.

“Pobrecitos los adolescentes y los jóvenes, son los que peor lo han pasado en esta pandemia” y una mierda del tamaño del sombrero de un picador, con los medios a su alcance, tecnológicos, técnicos, etc. que se veían todos y cada uno de los días, a la hora que querían y que tenían prioridad absoluta para conectarse a las redes a cualquier hora. Mi hijo todas las tardes hacía videoconferencia con sus amigos y amigas, cosa que no hacían sin pandemia, se veían como mucho dos días a la semana.

Pobrecitos los ancianos que vivían solos y no podían recibir visitas ni ser atendidos, pobrecitos los ancianos que vivían en las residencias y tampoco podían ver a sus seres queridos, pobrecitos los que no tenían las más elementales necesidades cubiertas, los que no han podido trabajar y aún no lo hacen.

No, lo siento, no me puedo solidarizar con esa parte de la juventud que no tiene el más mínimo respeto por los demás, ni siquiera por los suyos. No puedo empatizar con esa parte inconsciente de jóvenes que tienen por bandera el botellón y el más absoluto desprecio por sus conciudadanos.

No puedo y además no me da la gana, mucho menos con sus padres y madres que no han pasado la prueba de ingreso para serlo, lo estáis haciendo fatal, vosotros que presumís de haber inventado la paternidad y maternidad responsable.

Enseñar a los hijos e hijas a gestionar la frustración, no es hacerles infelices, es educarles para vivir. Tendrán que estudiar, trabajar, tener relaciones, convivir con la vecindad, con la sociedad y no siempre se hará su voluntad y si no les has enseñado que el universo está formado por billones de seres vivos, entre los que seguro habrá que sean diferentes a él o ella y que tendrán que aceptar normas que no les gustarán, pero que son las mínimas para poder vivir en sociedad, si no les has enseñado que su “libertad” esa palabra tan manipulada hoy, acaba dónde empieza la de los demás, estarás creando seres egoístas, insolidarios, mezquinos e intolerantes.

No sé si es eso lo que quieres para tus hijos e hijas, tampoco sé si eso es lo que quieren ellos o ellas, pero flaco favor les estamos haciendo si decimos amén a todo lo que se les pase por la mente, si no les enseñamos a ceder, a negociar, a tolerar, a respetar, a amar a los demás tal y como son, si no les enseñamos a pensar en el colectivo en vez de en la individualidad.

Espero que esos padres que hoy veía en la prensa, que lloran amargamente porque sus hijos venidos de Mallorca les han contagiado el covid a toda la familia, hayan aprendido la lección, o no, eso corre de su cuenta, pero al menos van a vivir de cerca y en primera persona las consecuencias de su inconsciencia de la cual solo ellos y ellas son responsables.

Y ahora seguir animando a la prole a que se divierta como le de la gana, sin temer las consecuencias de sus actos y sin pensar en el daño que hacen al resto porque “pobrecitos qué mal lo están pasando en esta pandemia” Como diría Labordeta “vaya usted a la mierda” con todos los respetos para los detritus.

Pilar García Torres

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