“23-f, versus democracia plena”, por Pilar García Torres

Me he levantado esta mañana con la noticia poco conocida de que hace 40 años, nos sometieron a la ciudadanía española al mayor engaño en “democracia” en aras de preservar la incipiente “democracia”, valga la redundancia, siendo el emérito el artífice de la misma. Como podéis imaginar la noticia no era esa, era “Hoy se cumplen 40 años de la consolidación de la democracia en España” y por eso las Cortes van a hacer un acto de homenaje para recordarnos que somos los más demócratas del universo conocido y desconocido.

Porque la derecha, la extrema derecha, la derecha extrema y la socialdemocracia del PSOE, muy demócratas todos ellos y ellas, se echan las manos a la cabeza cuando alguien pone en duda si existe o no “democracia plena” en este maravilloso país. Y yo me pregunto, cuando en el mismo país se mete en la cárcel a tuiteros, raperos y titiriteros por decir verdades como puños y al mismo tiempo, quedan impunes los desmanes de los jueces, de las fuerzas del desorden y de militares o policías municipales que amenazan a la mitad del país o a una alcaldesa elegida democráticamente, o se permite que al vicepresidente del gobierno y la ministra de Igualdad, se les acose día y noche en su domicilio ¿Podemos hablar de “democracia plena”.

¿Alguien en su sano juicio, tiene la fuerza moral para pedirle a ese vicepresidente que está siendo acosado con toda su familia, que no dude de la democracia española?

Cuando el poder judicial se dedica a gobernar a golpe de sentencia, a cual más sectaria, cuando se secuestran los tribunales por el veto de un partido corrupto, cuando los fascistas andan impunes haciendo de las suyas con el beneplácito del resto, la fiscalía no actúa de oficio contra la xenofobia, el racismo, machismo, etc. todo ello en aras de la libertad de expresión, de verdad que podemos hablar de “plena democracia”

Pero además, qué significa el término, la democracia es, o no, no puede haber un poco de democracia, bueno sí, debe ser esto que tenemos en la Esñapa monárquica, como dice un buen amigo. España debería ser otra cosa para ser demócrata.

Debería haber una separación de poderes real, los jueces a juzgar no a gobernar, los curas a rezar con sus propios medios, no con el dinero de todos y robando propiedades a diestro y siniestro, los militares y la policía a defender a la ciudadanía, no a amenazarla y machacarla y nosotras las ciudadanas y ciudadanos a votar y exigir que se cumplan los programas votados y los acuerdos pactados.

En lugar de eso, tenemos lo que decíamos al principio, además de una juventud sin futuro a la que también estamos arrebatando el presente y que si protesta, le decimos que pierde la razón. A los demás, a los que entendemos su protesta, que no por eso tenemos que estar de acuerdo con la manera de hacerlo, se nos dice que alentamos las masas hacia la insurrección y la barbarie.

Curiosamente muchos de los que dicen eso, se emocionaban con los chalecos amarillos en Francia, con su lucha y su insurrección. Qué cosas oiga, cuánta hipocresía, que nos remueva más un contenedor quemado en una calle de Barcelona, que dos criaturas ciegas por la acción de la policía, que sintamos más un adoquín levantado que cientos de niños sin luz en plena Filomena, que nos remueva más por dentro un atasco producido por una manifestación que miles de ancianos muriendo por desatenderlos en una pandemia, que criminalicemos a un rapero, de bastante mal gusto por cierto, pero que dice lo que pensamos muchísimos y no hayamos quitado la pensión que pagamos todos a los militares rancios retirados que quieren fusilar a la mitad del país.

¿De verdad que seguimos pensando que estamos en el paraíso de la democracia? Estoy harta, muy harta de escuchar a los puristas de la izquierda, esos a los que he admirado toda mi vida hasta ahora, decir que los que decimos que esto no es una democracia es porque no hemos vivido una dictadura.

Pues sí, la viví durante 17 años y lo siento, no nací antes, y sé de vuestros miedos porque los he vivido en los ojos de mi madre y mi abuela, cuando mi padre llamaba canalla a Franco y sus ministros cuando salían en la tele, eso sí, conozco los miedos de algunos porque los que hoy son los más demócratas y constitucionalistas, unos estuvieron 40 años de vacaciones y los otros votaron que no a la sacrosanta e inamovible Constitución, salvo para aplicarnos el mayor austericidio de la historia.

No siento haber nacido más tarde, esa suerte tuve, pero no tener que correr todos los días delante de los grises, yo fui más de maderos. No haber entrado en la cárcel por defender la democracia, tampoco me da menos derecho a decir lo que pienso que es desde siempre, que la transición fue otra rendición y que el 23F fue una mentira urdida por los super demócratas de hoy, para que nos tragáramos al emérito, para que no hubiera una depuración en el ejército, para que los poderosos siguieran marcando el ritmo, para que la iglesia siguiera manteniendo sus privilegios y para que pensáramos que nosotros habíamos derrotado a la dictadura.

Y en cierto modo así fue, la “democracia” de ahora se ganó en las calles, en las fábricas, en los pueblos, con la lucha de miles de personas a las que se traicionó después. Pero la democracia no es votar cada cuatro años, eso es lo que se ganó, votar cada cuatro años. La democracia es tener la madurez política suficiente para exigirla por encima de todo y de todos, por encima incluso de quien dice defenderla, pero permite los desmanes que se están produciendo contra quien está convencido de que la democracia es otra cosa.

Sé que esto me va a acarrear no sé si enemigos, pero seguro que algún amigo se va a sentir mal, lo siento no pretendo molestar a quienes hicieron lo que pensaban que era lo que había que hacer, pero tampoco me puedo callar que de aquellos barros, estos lodos, seguramente porque no me paré en ese momento y lo veo en perspectiva, no es malo que reconozcamos que se pudieron hacer las cosas de otra manera, o que todo es mejorable, incluso lo que se pactó entonces y que 40 años después no vale.

La vida de este país no se puede regir por una carta magna de hace tanto tiempo, porque la sociedad, la economía, las relaciones personales y colectivas son dinámicas, somos seres vivos y debemos movernos para adaptarnos a los retos que supones vivir en democracia. Hace un momento me decía un amigo, adaptarse o morir, pero no, yo prefiero decir que hay que adaptarse para vivir lo mejor que sepamos individual y colectivamente, que nos preocupe más lo que podamos hacer entre todos que nosotros solos y desgraciadamente, la democracia española de hoy no se está preocupando de eso.

Estamos dando más eco al ruido que a las nueces y así nos va, o como diría Aristóteles estamos machacando al “todo” (el pueblo) por la parte (concepto de democracia plena) sin atender a lo que es ella “Sistema político que defiende la soberanía del pueblo”.

Pilar García Torres

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