Mi ex coronavirus y yo (XXXIII), por Algarabía. “Cardenales”

 

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Señores cardenales, o debía decir señoras, ya que llevan falda muy larga y les gustan los niños. Ustedes que no han trabajado en su vida, que viven parasitando a la sociedad desde hace dos mil años, piensan que tienen talla moral y social para decir que no les parece bien que haya un ingreso mínimo vital permanente.

Nos va a dar lecciones de ayudar a las personas una entidad que no sirve para nada, que recibe del Estado 11.000 millones de euros cada año, de los que aporta a Cáritas su ONG particular, nada más que el 2,3%, sólo 256 millones para ayudar a las personas más necesitadas. No lo admito de ninguna manera.

Además, esta maravillosa organización que dice que “antes entra un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de los cielos” ¿Os acordáis de las monjitas y su marido? Pues bien, estos que se apropian de 10.744 millones de dinero público, para no se sabe qué, nos dicen que las personas más desfavorecidas, no deberían tener un ingreso mínimo vital permanente.

Exacto eso mismo pienso yo, por qué no se ha revocado ya el acuerdo con el Vaticano en un país aconfesional, constitucionalmente hablando. En qué se gasta la Iglesia Católica nuestro dinero, porque hasta dónde yo sé, la mayor parte de los edificios históricos o monumentales que hay que restaurar, etc. se encarga patrimonio de ello.

Al tiempo, estas joyas posteriores al paleolítico, pero que no salieron de la Edad Media, se quejan de que durante el estado de alarma han perdido 245 millones, por no haber misas ni oficios religiosos.

¿De verdad que los que váis a misa sois tan generosos, o tenéis tanto dinero para dejar en el cepillo esa cantidad de euros a los ángeles del infierno? Me gustaría preguntaros para qué se lo dáis si no tiene un reflejo en la sociedad y su dios no es de este mundo, o estáis comprando el paraíso…… igual alguien me lo puede explicar.

Yo con estos personajes siniestros, he tenido algunos desencuentros que me han ido quitando la fé, si alguna vez la tuve, porque siempre he creído en lo que veo, siento, palpo, etc .

Os voy a contar una. Cuando tenía 7 años iba a misa porque había hecho la “Primera Comunión” era invierno y hacía frío, por lo que llevaba puesto unos pantalones largos, recuerdo perfectamente que eran de pata de gallo y de repente llega un monaguillo y me dice que no puedo entrar en la iglesia con pantalones porque soy una mujer.

Por el amor de su dios, era una niña de siete años, en qué se diferenciaban estos fundamentalistas católicos de otros que esconden a sus mujeres bajo velos, túnicas o burkas.

Yo no pude entrar a la cúpula del Vaticano porque en pleno mes de agosto, llevaba un vestido de tirantes y olvidé en el hotel un pañuelo con que taparme los hombros. Mire usted el fundamentalismo.

Por cierto, esa iglesia de la que me expulsaron con siete años, es majestuosa, en un barrio en el que la mayor parte de las viviendas no tenían ni 40 metros habitables, dónde vivíamos familias obreras y pobres con las cantidades industriales de criaturas que nacimos en el baby boom, con un cura que se pegaba con los feligreses y tenía poderes plenipotenciarios.

Y son esas mismas personas que con las sayas púrpura, las barrigas llenas y amasando riquezas que al paraíso que van cuando se mueran no se pueden llevar, tales como Rouco con casas de 300 m en el barrio más caro del centro de Madrid, las que dicen que 500 € para que una familia que no tiene ningún ingreso malviva, no se debería mantener indefinidamente.

¡¡¡¡Hala, ahí los tienes sin despeinarse!!!! ¿Se puedes ser más miserable que estos macarras de la moral? como diría Serrat, creo que no. Por eso, habrá que tenerlo en cuenta cuando esto pase y decir a quien corresponda, también como la canción, que a los parásitos se les nutre cuando no se conoce su existencia, pero si se conoce se les extirpa del cuerpo que han habitado sin permiso.

Quería pediros disculpas por abandonaros ayer, pero mis obligaciones laborales no me permitieron haceros el caso que os merecéis, ya que el día sólo tiene 24 horas, y las cabezas llega un momento en que no dan más de sí.

Ya sabéis, un día menos de confinamiento y un día más superado antes de recuperar los sueños, la vida, los deseos, los besos y abrazos guardados y no dejéis de darlos cuando esto acabe, no os preguntéis como Víctor Manuel “A dónde irán los besos que no damos”. Yo sé quienes van a ser las personas a quienes van a ir destinados cada uno de mis besos y abrazos, de los cuales no os vais a librar.

2 comentarios en “Mi ex coronavirus y yo (XXXIII), por Algarabía. “Cardenales”

  1. Mi queride Algarabía, ya que no sé si eres macho, macha, neutro o neutra, si leyeras antes sobre lo que vas a escribir algo quizás no meterías tanto la pata, pato o pate, o también si fueras ecuánime y te diese por usar tu saber hacer, quizás no se te notaría ese odio que te supura por todos tus poros, poras o pores. Un abrazo muy fuerte, por supuesto virtual, ya que hay que cumplir la normativa de Salud

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  2. Me parece muy legitima pero desafortunada tu opinión y además comparto parte de tú parecer ya que soy un regenado y esta parte la comprendo. Pero eso no quita para que ya desde el primer parrafo tu escrito tenga tufillo.
    Me sumo a Boni, como el suspuras odio y eso además de que no queda bien, te retrata demasiado.

    El odio es oido venga del lado que venga.

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