Mi ex coronavirus y yo (XVII), por Algarabía. “Apelativos cariñosos”.

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¿Alguna vez os habéis parado a pensar en los apelativos cariñosos que nos ponemos? Y no hablo sólo de los familiares, que a veces dejan mucho que desear, también de esas cosas que nos llamamos cuando nos enamoramos y el cerebro desaparece por un tiempo para convertirse en una masa blanda (supongo), informe (también supongo) que se queda inservible.

Voy a empezar por los familiares. En mi casa somos, o más bien éramos, mami (abuela) tito, tita, chache, chacha, Ita, Tito, Tata y Totó, ¿Alguien da más? Además somos muy besuconas y educadas, nos levantamos por la mañana, nos damos un beso, salimos de casa, da igual para lo que sea, comprar el pan, irnos a trabajar, de viaje, nosotras nos besamos, cuando volvemos también y dos besos porque mi abuelo decía que “con un pie solo no se anda”, lo mismo pasa cuando nos vamos a dormir. Sin beso de buenas noches no se duerme bien.

Imaginaos la mezcla, entre los apelativos cariñosos que como decía aquel, “parecéis de guardería” y los besos, desde fuera deberíamos parecer la familia Telerín, Somos así y nos gusta serlo, las familias políticas que se fueron insertando en la tribu, de esa manera en que el cariño nos llega, lo alimentamos y va creciendo, se fueron acostumbrando a esa forma sincera de demostrarnos lo importante que somos unos para otras y al revés.

Pero claro, imaginaos en un mundo de moñas, o no tan moñas, los apelativos cariñosos que nos llegamos a poner cuando nos enamoramos. Además de churri, y cari, que con todos mis respetos están muy caducos y suenan a poca creatividad, como a desgana, pansinsal, ósea no me apetece pensar, ni siquiera dice cariño, cari. Un poquito de respeto al amor que no cuesta dinero darle un poquito al magín.

A mi me han llamado cosas graciosas y otras que nunca entendí, tampoco me apetecía preguntar por si acaso. “Coquito” explicación: en esa época había una serie, FAMA y había una bailarina afroamericana que se llamaba Coco, pues que queréis que os diga, por el color no, soy casi transparente de blanca, bailar no se me ha dado mal nunca, pero vamos que no creo, porque teníamos el pelo igual, eso es más creíble. El caso es que durante un tiempo yo fui Coquito.

La cosa se empieza a complicar cuando alguien en vez de llamarte churri o cari, te llama “pequeño pimpingano de la selva brasileña” que cuando termina de decirlo en circunstancias normales, te has ido a tomar el fresco si no estás confinada, o se te ha bajado la lívido al centro de la tierra. Pues no, a mí me hacía mucha gracia porque yo me imaginaba a través de sus ojos, como una grácil indígena que va de liana en liana por la selva amazónica, porque no tengo ni idea de lo que es un pimpignano, lo he buscado en el diccionario de mis amigos decimonónicos y no existe.

Tampoco os asustéis porque no os voy a contar todos, más que nada porque algunos yo creo que no tienen ni gracia, o que se extinguen a los cinco minutos de haber dejado la relación, pero otros se quedan por graciosos, por resueltos, o porque te hacen sentir bien como “señora estupenda” anda, ahí lo dejo, que no es verdad. Pues mira, durante un rato te lo crees y te olvidas de tu aspecto “porque a ti no te gusta el dulce” jajajaja.

Y luego están esos que te llegan como tardíos, como para dentro, que sólo tú y quien lo genera sabéis el por qué, que tienen el sentido de lo que expresan y que se te eriza la piel cuando lo oyes, y que si te lo dicen a menudo, te conviertes, como dice Susi Caramelo, en “pibonéxica” esto es, que entras al probador de la tienda de turno, te pruebas algo y te ves perfecta, y sales a preguntar a la dependienta si han puesto un filtro en los espejos, para ratificar en su negativa, que efectivamente eres un pibón por el que Arturo y Lancelot han decidido que como Aute, mejor organizarse entre los tres, a que uno de ellos se quede sin Ginebra y todo eso con una sola palabra.

Hoy he decidido que había que leer cosas sustancialmente insustanciales, porque como es sábado de gloria y a lo mejor si alguno o alguna tenéis suerte, celebráis el ascenso de no sé quién, a no sé qué cielo dónde no os van a esperar 72 vírgenes. No sé exactamente el número me suena ese, pero vamos que no os hagáis ilusiones, que me enrollo de mala manera.

Feliz final de vacaciones de primavera como me gusta llamarlo a mí, un día más y uno menos para recuperar la pibonexia, las palabras tontas y el resto de nuestras vidas y mientras ya sabéis……Soñemos

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