Mi ex coronavirus y yo (XXIII), por Algarabía. “Lo conseguí”.

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El sábado pasado fue un día raruno, lo mismo estaba en la cresta de la ola que en las profundidades del centro de la tierra. Llegaba una buena noticia y a la hora siguiente una terrible, creo que es lo que estamos pasando todas en estos días y hay que acostumbrarse a ello.

Pero yo me niego al desánimo, porque si me hubiese rendido, hoy no estaría celebrando con vosotros y vosotras que he ganado la batalla contra la bestia, que sin permiso y con premeditación se había colado dentro de mí como lo ha hecho con otras muchas personas. Así que sí, se puede, claro que se puede. Ayer me dieron el alta médica, eso sí recordándome que en unos días no saliera a la calle.

Y por fin pude hacer lo que más me había apetecido en un mes enterito, treinta días parecidos y desiguales, pude abrazar a mi hijo, mucho, a cada rato, estuvimos a punto de dormir juntos, si no fuera porque recordé lo mucho que ronca y lo que abulta, pero nos abrazamos mucho, todo lo que pudimos. Por eso me niego a la negatividad, aunque parezca una redundancia.

No a las malas noticias, no a la impotencia, ni siquiera a la resignación, bueno yo como no soy cristiana lo de la resignación nunca ha sido mi fuerte, soy más de rebeldía, lucha y resistencia, de esperar el momento para salir victoriosa, y de no olvidar los errores para no reincidir. De valorar a las personas por lo que hacen más que por lo que son, de recordar quién y en qué momento acertó con la salida y sobre todo porqué.

No me voy a acostumbrar a la desidia, al individualismo de las personas egoístas, a los profetas del día después, ni a los mansos porque ellos verán a dios, ese que no ve nadie, salvo los alucinados sin hongos, al de la resignación cristiana, al de hay que conformarse mientras viven como reyes, al de yo cuido de vosotras y propone matar al bicho con unas cuantas banderas a media asta, cuanto más grandes mejor.

Yo creo en la bondad de las personas, en lo colectivo por encima de lo individual, en lo que beneficia a la mayoría, no lo que enriquece a unos pocos que cuando van mal dadas, ¿Ande andan? Creo en la amistad, en lo público, en lo de todas, en las personas que teniendo muy poco, casi nada, lo comparten con quien tiene menos que ellos.

Pero sobre todo creo en la solidaridad, ese vínculo que une a las grandes personas, no a las famosas, a las grandes como son nuestros cuidadores y cuidadoras, limpiadoras, reponedores, transportistas, ahora, esos colectivos vilipendiados en tiempos mejores y que ahora nos han demostrado que sin ellos, sin ellas, el mundo no gira, se para.

Un ejemplo de ello está en la residencia de San Jerónimo de Estella, dónde cada día nos enseñan  la esencia de esa palabra. Para los que no lo sepáis por no ser de allí, el personal decidió encerrarse durante el confinamiento con sus ancianos. No quiso dejarles a su suerte, como han hecho otras dedicadas a la adoración de un dios imaginario. Ellos y ellas están ahí con su gente porque han entendido que es dónde más pueden ayudar.¿ Alguien se imagina la desesperación que tienen hoy nuestros mayores, sin poder ver a sus seres queridos y pensando en si el bicho les atrapa? Pues para mitigar ese dolor está  el heroico personal de  San Jerónimo. Ánimo gente buena que os necesitaremos también cuando esto acabe.

No quiero que se me olvide daros las gracias a todas y todos los que me estáis mandando fotografías de mi mar Mediterráneo. Qué grande es la amistad, hasta estamos haciendo planes para comer frente a él. Pondremos una fecha y después si hay que posponerla lo haremos, pero de momento tenemos planes y eso en estos tiempos anima mucho. Me dice un amigo desde Barcelona que los planes fastidian mucho al bicho, así que vamos a hacerlos, yo os tengo prometido que la primera salida de mi Madrid será a Estella, así que prepararos que como dicen los jóvenes, “lo vamos a petar”.

Lo mejor de ir a Estella o a Barcelona es que no tengo que coger ni avión, ni pasar el arco, así que no tendré que pensar en qué me pongo, sólo tengo que ir con mi maleta llena de amistad, cariño, solidaridad, risas muchas risas, ganas de conoceros a unos y otras y muchas ganas de volver a veros a los que hace mucho que salisteis de mi día a día para formar parte de la cajita del corazón. Aquí es dónde alguno de vosotros, lo sé porque os conozco, está pensando “se puede ser tan moñas” pues sí, se puede y se debe, porque a lo que nunca hay que negarse es a los sentimientos y os aseguro que de eso llevaré llena la maleta.

Así que amigos y amigas, nos vemos más pronto que tarde y mientras, hagamos planes, muchos planes para que siempre tengamos una ilusión, una alegría por la que salir adelante. En mi caso, lo más urgente será cuando tenga la seguridad de haber matado al bicho, conocer a Julia en persona,  y después compartir mi tiempo con vosotros y vosotras que tanto me estáis ayudando.

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