Uno de cada cuatro sois pobres, yo también. Por Patricia Núñez

 

PATRICIA         Llega la Navidad a bombo y platillo y, como todos los años, nos bombardean la inconsciencia con anuncios de perfumes glamourosos, ofertas de cruceros y enormes descuentos del Black Friday, entre otras mil locuras transitorias que provocan más trastornos que alegrías.

Sabías que 1 de cada 4 personas que te cruzas por la calle, en el supermercado o en fiestas, es pobre. Sí, es pobre, y lo peor aún, es que aunque esté trabajando sigue siendo pobre, porque no le alcanza para hacer frente a los pagos fijos y necesarios de un hogar, es decir pagos tan básicos como la hipoteca o el alquiler, el gas, la electricidad, la comunidad, la cesta de la compra, ropa, farmacia y un mínimo de ocio.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2018, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España  somos 12,2 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, un indicador que se mide no sólo en términos monetarios, sino también de intensidad laboral o de acceso a bienes como la calefacción. Son el 26,1% de la población, 1 de cada 4, para verlo claro.

Este es un drama que estamos ocultando, o mirando hacia otro lado, como si no estuviera ocurriendo, y seguro que tú, que estás leyendo, si miras a tu alrededor conoces a alguien pobre, y no es un migrante, que lo tienen peor, desde luego, es un nacional , porque «una gran parte de la población en riesgo de pobreza está constituida por personas españolas en un 80,5%”

Ese indicador, en 2018, se situó en 8.871 euros para una persona sola; 14.193,6 euros para una madre con dos niños pequeños (menores de 14 años), es decir una madre con dos hijos, debería tener una nómina de 1.200€ al mes, no todas la tienen, la verdad y sino mira a tu alrededor y pregunta, verás que fácil es encontrar a ese 1 de cada 4.

La situación de de vulnerabilidad aumenta cuando se tienen hijos a cargo, es lógico, por eso alcanza a la mitad de hogares monomarentales,constituidos en más de un 80% por madres.

Los indicadores son peores para las mujeres, porque muchas veces tienen sueldos más bajos, o acceden a puestos peor remunerados, o son contratos parciales, medias jornadas o eventuales. De ahí que la tasa de paro es más alta también para las mujeres. La precariedad tiene nombre de mujer.

Con la crisis esto se acentuó, pero vamos a dejar de llamarla crisis, porque a estas alturas de la película, ya nos hemos enterado que vino aquí para quedarse. Estamos nadando en un modelo insostenible, donde hay menos trabajo, peor pagado, con menos horas o más precario. En cualquier caso repercute en todo el entramado económico basado en el consumo de todas y todos, los que aún puedan, claro.

Es fácil verlo con un ejemplo: si no tienes dinero para hacer frente a las necesidades básicas (vivienda, luz, calefacción y comida), como vas a consumir en otros productos, o peor aún, en negocios locales que se resienten cada día al levantar la persiana, es decir, ir de compras navideñas, cenas o celebraciones o sin ir más lejos, a los pintxopotes que tanto promocionan y cada vez son menos rentables. Por no hablar del black friday, el cyber monday y otras hostias, con la que nos bombardean, para que pongamos a prueba las tarjetas de crédito, si aún las tienes a salvo.

No nos engañemos, en todas las familias las cosas han cambiado y lo sabes.

La pobreza, nos da vergüenza y por eso se esconde muchas veces en hogares normalizados. Vamos a dejar ya la vergüenza de lado y dejar de asumir una culpa que no es nuestra.

Porque, lo peor es que cuando la situación de una persona es de vulnerabilidad, parece que sea tu única culpa, pierdes incluso la dignidad, justo por esa vergüenza que no es tuya, como si la quiebra del sistema no tuviera nada que ver con tu situación económica, y tú seas más torpe que otros, y no es así porque los números cantan:

«Una parte de la población en riesgo de pobreza está constituida por personas españolas (en un 80,5%), adultas (en un 77,6%), de nivel educativo medio o alto (un 22,9% con el bachiller o FP y un 13,4% con educación superior) y, además, con trabajo (un 32,6%)», según Carlos Susías, presidente de la red que agrupa a más de 8.000 ONG, entre ellas, Cáritas o Cruz Roja.

Este año la navidad propone acrobacias para muchas personas, y pasará la navidad, y el problema seguirá y seguirá sumando. Te invito a reflexionar y tomar conciencia, no quiero hacer tu navidad menos dulce, pero ¿qué podemos hacer para afrontarlo? , ¿qué cambios necesitamos ya?

Patricia Núñez

Precariada

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