Que por marzo era, por marzo. Por José Félix Sánchez-Satrústegui

 

portada face huella

 

felix            Tengo escrito, en un poema en prosa titulado Los no lugares, que la soledad es la compañía multitudinaria de nadie. Luis García Montero, sin embargo, escribe con acierto que el pasado día ocho, Madrid fue una multitud sin soledades. Y toda España. Esa jornada, tras el éxito del año pasado, se ha convertido en los ímpetus de marzo, una semana antes de los idus romanos.

Las fechas celebratorias se quedan en nada si no sirven como impulso para continuar el camino iniciado. Probablemente no todo empezó un 8 de marzo, quizá el humo de aquella fábrica textil incendiada donde murieron muchas mujeres no fuera violeta y sea muy difícil teñir de lirismo tanta épica y tanto drama previos y posteriores.

Las mujeres que iniciaron un movimiento imparable previo al reconocimiento de su Día Internacional eran socialistas, muy politizadas, y querían luchar contra la doble explotación a que estaban sometidas como mujeres y como trabajadoras. El feminismo será transversal, aunque sin olvidar sus orígenes, pero no puede ser apolítico, como algunos sectores pretenden, porque eso sería acabar con su carácter transformador.

Ese mismo día, durante un festival poético contra la violencia machista en el que tuve el honor de participar, escuché, otra vez, a una mujer decir que ella no creía ni en el machismo ni en el feminismo, contraponiéndolos. Aún hay que seguir explicando a estas alturas que no tienen nada que ver uno y otro: el primero defiende la superioridad del hombre sobre la mujer y el segundo, por el contrario, lucha por la igualdad entre ambos. No creo que sea ignorancia, sino ideología que los acerca a los “ciudadanos” inventores del feminismo liberal por diluirlo, a la “vox franquista” que acusa a las feministas de “feminazis” por destruirlas o al “casadismo verborrágico” que utiliza la litotes o atenuación (magnífico artículo de Álex Grijelmo en El País al respecto) para hablar de los asesinos de mujeres como aquellos que no se están portando bien con ellas.

Mientras tanto, la política sigue su curso grosero, situada en precampaña eternal y áspera, camino de las diversas elecciones que nos esperan durante una primavera que se antoja plúmbea y emética.

Casado tiene un extenso repertorio de frases que ya han superado, en tiempo record, al mejor Rajoy. Dudo entre que, abducido por expresiones de felicidad escuchadas a Paolo Coelho, por ejemplo, le embistan ocurrencias radiantes que expulsa sin digestión previa; que haya sido contratado como guionista del Gran Wyoming o que, en su interpretación errónea de la realidad, intente poner de continuo ejemplos de las distorsiones cognitivas conocidas que, quizá, aprendió en algún máster de Psicología mientras paseaba entre Harvad y Aravaca. Ahora propone que las inmigrantes irregulares no sean expulsadas por un tiempo si dan un hijo en adopción.

La “vox franquista”, mientras prepara la reconquista, inicia una caza de brujas en Andalucía, compara el rescate de Salvamento Marítimo con un servicio de autobuses y ficha ex generales apologetas del dictador asesino.

Rivera que, en clara desorientación espacial, busca el centro haciéndose más de derechas, está dedicado a fichajes ad libitum, a diestra y a siniestra, y al pucherazo interno. Ya no es capaz de ocultar los desconchones de las paredes de su partido ni a base de gotelé.

Mientras, unos físicos han conseguido retroceder el estado de un ordenador cuántico una fracción de segundo hacia atrás en el tiempo, la Destrísima Trinidad, sin ningún esfuerzo investigador, da cada día una lección de cómo violar la segunda ley de la termodinámica y darle la vuelta a la flecha del tiempo, viajando cuando quieren al medievo o, incluso, a las cavernas.

Las izquierdas deberían fijarse dónde están los problemas que hay que atacar. Pero Sánchez está muy ocupado en esquivar a los quintacolumnistas anaranjados que le mueven la silla desde los tiempos de aquella traición vergonzosa de octubre e Iglesias sigue dispersando infieles que fueron fieles.

Algunos datos para la reflexión. El 10% más rico de la población española concentra el 53,8% de la riqueza total, es decir, más que el otro 90% restante. Los principales directivos del Ibex 35 ganaron 87 veces más que la media de sus empleados (datos de 2017). La desigualdad social en España es alarmante y el mayor enemigo en esta batalla es el poder económico y sus acólitos.

Hay otros campos de desigualdad social que merecen nuestra atención urgente. Además de la de género, hay que combatir la que se da entre mujeres y la de todos frente a los líderes del latrocinio capitalista salvaje, que pretenden vaciar de contenido lo público poniéndolo en manos privadas y aumentar la brecha entre ricos y pobres.

Prestemos también atención al ecologismo. El sexto informe de la ONU sobre medio ambiente es demoledor y confirma los efectos catastróficos del cambio climático. La lucha contra él es urgente. Feminismo y ecologismo son los movimientos con mayor fuerza hoy y pueden arrastrarnos hacia un mundo más igualitario y sostenible.

En cada pueblo o ciudad, en cada plaza, cada día debe reunirse una multitud sin soledades para no dejar avanzar a franquistas y demás derechas regresivas. Si no, llegaremos ser una multitud solitaria asomada al abismo.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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