El día que Zoe volvió a Estella

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Si el Viernes de Gigantes, justo cuando el cohete anuncia a los cuatro vientos que ya estamos en fiestas, alguien iniciara un viaje por carretera desde Bolonia, llegaría a Estella pasadas las dos y media de la madrugada. Encontraría  los últimos compases de la verbena en la plaza de los Fueros, cuando los ecos del baile de la Era no son capaces de enmudecer la madrugada.

Entre la ciudad del Ega y esta ciudad italiana, hay nada menos que 1.491, 8 km.

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¿Qué tienen en común Estella y Bolonia?  Una gran historia, un casco histórico medieval extraordinariamente bien conservado, a falta de uno, dos ríos, altas torres levantadas en el s XII, la visita del emperador Carlos V, aunque este llegó a Estella siete años antes, aquí estuvo en 1523 jurando los fueros, y allí en 1530 para ser coronado por el Papa Clemente VII. Y poco más. Entonces; ¿Qué se le ha perdido a una familia boloñesa que decide atravesar media Europa para visitar las fiestas de Estella?

La familia la componen Stefannia Somma e Isaac Squerzanti, además del pequeño Zoe, de apenas un año de edad.

Hace 5 años, en el 2013, esta pareja decide realizar el Camino de Santiago y, en su peregrinaje, se encuentran el sábado 3 de agosto con una Estella que hace apenas veinticuatro horas ha estrenado sus fiestas. Entran en la vieja Lizarra por la calle Curtidores, atraviesan La Rúa y en la Plaza de San Martín se dan de bruces con la mayor demostración festiva que tenemos en este lugar, sea verano, invierno, de día o de noche: la mesa, el mantel, el banco corrido, el vino fresco, o dicho en dos palabras: la gastronomía. Ese es un buen día para presumir de pochas y cordero en chilindrón, o calderete, conejo con caracoles, patatas con chorizo, marmitako, y ese largo etcétera que convierte la barrera del idioma en un:

-¡Eh!, vosotros dos. ¿Habéis comido? Ya podéis sentaros.

Y se sentaron. Así fue como Isaac y Stefannia paladearon ese guiso de la amistad, que no siempre se cocina a fuego lento. Hay afectos que hierven al momento y son capaces de mantener la temperatura a pesar de que existan mil quinientos kilómetros que nunca son distancia.

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Al cabo de tres años, la cuadrilla que invitó y acompañó por la ciudad y la fiesta, a sus nuevos amigos jacobípetas, recibió una invitación de boda. Stefannia se iba convertir en la señora Squerzanti, e Isaac haría del apellido de su novia una excelente operación matemática. (Es sabido que en el amor uno más uno, casi nunca somma dos).

Ni cortos ni perezosos, hasta la boda de Bolonia se fueron Mikel Andueza y Elizabeth Ciordia, con la promesa de contar todos los detalles a los que aquí se quedaron con todos sus dientes largos. Del trato recibido y de la temperatura constante de esa amistad, recibieron el recado quienes no viajaron: Andrés Díaz de Cerio, Ion Lorenzo, Gorka Sarasa, Aritz Sesma, Ainara Gorritxo…

Ahora, transcurridos otros dos años, Isaac y Stefannia han querido que su hijo Zoe, quien apenas somma un año, conozca la vieja Lizarra, la ciudad de los dos ríos, la de las altas torres, no tan altas como la de Asinelli (97,60 metros), pero también gallardas y rotundas.

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Y Zoe, se ha bañado en la poza, en la gaita y en la risa, en la simpática alegría de una ciudad que hace del blanco y del rojo una bandera con los mismos colores que la enseña de la ciudad de Bolonia.

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Aún tardará el bambino en saber por qué motivo se encontró tan a gusto en Estella, porque ese rincón del barrio de San Pedro le resultó entrañable y familiar. Todo tiene una explicación. Mis amigos judíos aseguran que nada ocurre porque sí, que todo obedece a un propósito que algunas veces se desvela, aunque todo puede y debe ser interpretado.

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En Bolonia, las calles de la vieja judería desembocan en la plaza de San Martino, del otro lado un puente medieval ayudaba a cruzar el río y llegar a la ciudad nueva. La plaza, tal y como se ve, también tiene una fuente. Ellos tendrán las torres más altas, pero nosotros la fuente más hermosa, porque la amistad también hay que refrescarla.

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Juan Andrés Pastor

Un comentario en “El día que Zoe volvió a Estella

  1. Muy interesante y bonito el relato ! Comprendo muy bien todo lo que cuentas ! Yo llegué a Estella con 5 años en 1947 , también entramos por Curtidores y aparcamos delante del Che ; pasé allí, en la ciudad del Ega , parte de la infancia y adolescencia ! Dicen …que es de bien nacidos ser agradecidos …pues eso por mi parte ! Saludos a los estellicas en fiestas !

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