Emociones y censura, por José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

 

 

FOTO MONTEJURRA SOLO

En general es más fácil conseguir adeptos contra alguien que en favor de uno. Así, a Pedro Sánchez le costó menos de lo esperado lograr un apoyo amplio para expulsar democrática y constitucionalmente a Rajoy de la Presidencia del Gobierno, quien hasta el final no cejó en su empeño de ganarse a pulso una reprobación general. La sentencia del caso Gürtel y la particular manera del expresidente de explicarla, sin vergüenza, urbi et orbi colmó la paciencia parlamentaria. A Rivera le cogió desprevenido yendo, o volviendo, de una ocurrencia a la contraria y sufrió un vahído demoscópico. Al líder naranja le ha faltado visión política, perdió el enfoque mientras dudaba entre las gafas de fijarse solo en las encuestas y las de ver solo españoles.

De acuerdo que la moción de censura ha provocado emociones encontradas, pero qué se podía hacer frente a un Gobierno ensoberbecido, invadido de corrupción, con Rajoy agarrado al sillón, incapaz de dimitir (a este hombre le cuesta dimitir incluso a petición propia). Y no sé de donde se han sacado algunos que lo democrático después de una moción ganada es convocar inmediatamente elecciones. El sistema parlamentario ha sabido cumplir con su responsabilidad. Lo que hay que hacer ahora es gobernar, con todas las dificultades que ello conlleva en esta situación tan complicada, pero hay que hacerlo con un programa de medidas concretas. En el debate de la moción, Pedro Sánchez ya expuso algunas grandes líneas de cómo quería que fuera su Gobierno: socialista, paritario, europeísta, constitucionalista, dialogante, estableciendo una hoja de ruta consensuada para recuperar la normalidad política, atender las urgencias del país y convocar elecciones generales en su momento.

Rafael Hernando, el “portacoz” pepero, ha mostrado las primeras pinceladas de cómo se ejercerá la oposición en el Parlamento: a cara de él mismo. Incapaz de albergar en su vesícula una mínima cantidad de la hiel que fabrica, ha comenzado a soltarla por la boca para no provocarse una explosión biliar. Su gesto clásico es un código de barras.

La España casposa de ministros novios de la muerte, a los que solo les faltó el grito en favor de la defunción de la inteligencia, como el legionario fundador; la España de mantilla y bandera a media asta de la ex ministra “finiquito-santera”, de nacionalcatolicismo crucifijo en alto y rojigualda arrojadiza está muy cabreada. Anuncia cataclismos, como es habitual, por culpa de los rojos que quieren romper “su” Patria.

El nuevo Gobierno solo ha tenido tiempo de emitir señales prometedoras. Donde el PP veía inmigrantes, el gobierno socialista ve personas. Existe efecto huida del hambre y la guerra y efecto llamada a la dignidad y la solidaridad. No es cierto que vengan a quitarnos trabajo, colapsar los servicios sociales o de salud y provocar inseguridad. Sánchez y sus ministras y ministros han mostrado sensibilidad y humanidad acogiendo al barco “Aquarius” con más de 600 inmigrantes y refugiados a los que nadie quería a bordo. Dos fantasmas recorren Europa y hay que colocarse enfrente: xenofobia e hipocresía. Trump, ese malandrín irresponsable, está señalando el camino si no se actúa contra esta tendencia: enjaular a niños arrebatados a sus padres.

Las políticas de Pedro Sánchez (solo hay que mirar la calidad y cantidad de mujeres),  van a estar atravesadas de feminismo y de búsqueda de la igualdad. Recuperar la Sanidad Universal es solo un primer paso.

De momento me quejo del nombramiento, como jefe de Gabinete, de Iván Redondo (“maquiavelito” lo llama Escudier), el vendedor de humo que ya padeció Extremadura cuando aplicaba las políticas reaccionarias de Monago. Tampoco me gusta Marlasca.

En un artículo reciente de El País, mi admirado Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política, afirma que “si se gana la moción fundándose en la corrupción del PP, su incapacidad para asumir las culpas y la necesaria regeneración de la vida política”, la legitimidad no le llegará a este Gobierno “si no hace de la lucha por la integridad pública el centro de su agenda”.

La rápida actuación en el caso Maxim Huertas puede dar una idea del cambio de actitud en este asunto. Los apologetas de la Equidistancia Corruptiva, que anduvieron callados durante los muchos años que el PP actuó en B, ahora entonan, fervorosos, su famoso himno “Todos los políticos son iguales”. Demostrad que no.

En su primera entrevista en TVE, el nuevo Presidente no rehuyó preguntas, habló con claridad de los retos a los que se enfrenta y adelantó algunas de las líneas maestras de actuación de su Gobierno. Moncloa abre puertas y ventanas para que se ventile la vida política. Cambia el estilo y el fondo, no solo es que Sánchez corra mejor, sino que, sobre todo, habla, no se esconde, responde, propone, actúa. Y aquí estamos muchos, embarcados en cierta emoción y esperanza.

Un paso previo a cualquier medida tiene que ser sacar los restos del dictador del Valle de los Caídos: mantener al asesino de miles y miles de españoles en ese monstruoso mausoleo no es posible en un país democrático. Es el símbolo del nacionalcatolicismo y del franquismo; quienes se oponen a su traslado hacen apología de él.

Rajoy utilizaba las patatas para hablar de la unidad de España. Pedro Sánchez se ha visto obligado a interpretar el papel de ave fénix, Lázaro y llanero solitario en la misma película. Repasad las hemerotecas: han mejorado hasta las metáforas.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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