Las zanahorias son para la campaña electoral, por José Félix Sánchez-Satrústegui

 

FOTO MONTEJURRA SOLO

  La conocida estrategia del palo y la zanahoria afirma que si deseas conseguir que un burro se mueva debes colocar una zanahoria por delante, para que el animal la persiga, y un palo golpeando por detrás. El filósofo inglés Jeremy Bentham, en el siglo XIX, lo explicó como una Teoría de la Motivación asegurando que toda acción humana es impulsada por la evitación del dolor y la consecución del placer. Aunque tiene muchos argumentos en contra, lo peor es que, según lo veo yo, el asno no escapa al palo y no se come la zanahoria, es decir, ni evita el dolor ni consigue el placer.

El misántropo Montoro (la faceta más humana, o Jekill, del ministro es el malvado Sr. Burns de Los Simpson), afirmó el verano pasado que hay que dejar las zanahorias, o alegrías de gasto, para el final de la legislatura, es decir, para fechas electorales. Queda claro que nos considera unos burros, que piensa seguir atizándonos y que continuará engañándonos con alguna bajada pírrica de impuestos. Eso sí, nada de incrementar el gasto social, aumentar los ingresos mediante una fiscalidad que haga pagar a los que más tienen (prefiere la amnistía fiscal para los ricos), recuperar el dinero perdido en la banca o en las autopistas, luchar contra los paraísos fiscales o rebajar el gasto militar. Cómo explicar el derroche de 500 millones de euros en fabricar un submarino que se ha quedado bajo el agua, inmóvil e incapaz de subir a la superficie, un caso claro de inmersión, que no inversión, en I+D+i, y desprecio a Arquímedes. ¡Qué falta de principios! Además, Defensa plantea un gasto en armamento de más de 10.000 millones de euros cuando aún debe 20.000 millones (la subida de las pensiones mínimas solo supondría 3.000 millones).

Ciudadanos, el partido de moda según las encuestas, está sustituyendo el tradicional color azul de la derecha por el naranja. En su ambigüedad lo mismo apoya a los pensionistas que a los presupuestos del PP que vacían su hucha, o quiere ser feminista sin etiquetas y sin criticar un ápice al sistema que explota a las mujeres.

Entre el color de la hortaliza metafórica de Montoro y el del partido de Rivera y Arrimadas, es ver el color naranja y provocarme sabor amargo, visión borrosa, náuseas, diarrea y carne de gallina. Me hallo hundido en la sinestesia.

Lagarde, la directora del FMI, ya nos anunció hace algún tiempo que “los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía mundial; hay que hacer algo ya”. Lo que no sé es si intenta proponer la jubilación postmortem, como pudiera parecer por la evolución de los hechos y ya he advertido por esta vía o, lo que es peor, promover la muerte prejubilación. Acojonado estoy, que uno ya tiene una edad.

Linde reprocha a los jubilados su escaso ahorro en fondos de pensiones privados, tener vivienda propia e invertir poco en activos financieros. El Gobernador del Banco de España pretende gobernar España como si fuera su banco. El muy caradura es pura coherencia.

Los pensionistas son hoy un 20% más pobres que cuando llegó Rajoy al gobierno. Había recibido una herencia de 70.000 millones en la hucha de las pensiones, que ha dilapidado.

El feminismo es una tarea de todos. Este 8M había muchos motivos para la huelga, pero me quedo con uno, copiando a Ignacio Escolar: ellas lo han decidido.

Cada vez más, los detentadores del poder pretenden que la sociedad indeseable del futuro, la Distopía, no sea una ficción, sino la realidad provocada por ellos. El capitalismo puro y duro aprieta, pero no suelta.

Hay, sin embargo, motivos para el optimismo, porque a la sociedad anestesiada la están despertando las protestas justas e imparables de los pensionistas, que están haciendo temblar a la derecha, y las de los movimientos feministas, acompañados ambos por cada vez más indignados. Las mujeres, que, como es sabido, se dejan engañar por el demonio con suma facilidad (obispo Munilla dixit), reclaman diabólicamente en masa sus derechos, acompañadas de muchos hombres, convencidas de que el movimiento feminista es el futuro para una sociedad que pretenda avanzar.

Mujeres y pensionistas se han levantado en pie de paz, porque la paz social no es posible sin la igualdad.

Mientras tanto, Montoro prepara sus zanahorias para las próximas campañas electorales. Esperemos que no encuentre asnería suficiente y se las tenga que comer él solo.

 

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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