Año nuevo, viejos problemas. Por José Félix Sánchez-Satrústegui

 

  FOTO MONTEJURRA SOLO

El año nuevo comienza (no todo va a ser arrancar, verbo convertido en voraz depredador de iniciar, empezar o comenzar, entre otros, con los que no tiene parentesco sinonímico, salvo si hablamos de máquinas, a pesar de los esfuerzos de los muchos parlanchines mediáticos que en el mundo son) con viejas costumbres nocivas que, al parecer, tienen la intención de seguir torturándonos durante 2018. Y nosotros a aguantar. Es como si en lugar de atragantarnos con las uvas lo hubiéramos hecho comulgando con ruedas de molino.

La luz sube por la sequía, por la lluvia, por la nieve, por el gas, por el frío, por el calor  o por los franceses. La luz sube siempre. Y no es una distorsión cognitiva (interpretación errónea de la realidad) del vulgo. No, la luz sube siempre, y el motivo ya se buscará a posteriori: los consumidores pagamos más, las compañías cada vez tienen más beneficios y, aun así, nos culpabilizan por el déficit de tarifa (concepto incorpóreo que intentan vender como real, calculado según criterios de los propios cobradores). Así, somos sometidos a un proceso de victimización secundaria, mientras a los directivos y a los políticos coadyuvantes se les petrifica el rostro de forma directamente proporcional a la subida abusiva de precios y a sus excusas. La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma en riqueza para unos cuantos.

Las puertas giratorias, en el sector energético, son numerosas y funcionan a pleno rendimiento no para generar energía eólica, como pudiera pensarse, sino para agradecer los servicios prestados a políticos y cargos públicos “privatizados”.

Pero las sombras no proceden únicamente de la luz.

Aquello que escribía un magistral José Hierro, “después de tanto todo para nada”, podría aplicarse al “procés”. La incertidumbre en la política catalana prosigue su camino con paso firme y certero hacia el mismo lugar de donde partió. Entre tanto, la derecha patriota, la misma que ha deteriorado gravemente la calidad de vida de los ciudadanos aquende y allende el Ebro, ganó entre los independentistas y entre los no independentistas catalanes, mientras la izquierda se rila y, como consuelo, canta La Internacional (unos sonriendo a los liberales y otros a los independentistas) en un alarde no sé si de incoherencia o de cinismo, o de ambos. Cualquier cosa menos izquierda, vamos.

El último informe del Consejo de Europa deja a España malparada por la corrupción, como durante todo el Marianismo. Aunque el partido que, según todos los indicios, diseñó una estrategia para financiarse ilegalmente intente ocultarla de variadas formas (cuando les va mal no cambian de abogado sino de juez), aquí hay mucha Gürtel, Púnica etc. que cortar y queda Rato para rato. Correa, cerebro de la Gürtel, ha cantado alto y claro, y no creo que sea por que quiera presentar su candidatura al festival de Eurovisión.

Rajoy presume de crecimiento económico mientras asfixia el gasto público. Las pensiones y los salarios son míseros, el trabajo es precario, la hucha de las pensiones ha desaparecido, la inversión pública en sanidad, educación y dependencia ha caído peligrosamente… El milagro económico español debe consistir en que la ejemplar familia Borbón, con tantos “años de leal servicio a España”, posee un patrimonio de 2.300 millones de dólares (cuando partía de cero al volver Juan Carlos en 1948), según publicó New York Times y nadie ha aclarado ni desmentido.

La violencia machista sigue imparable y la mujer que no se ha resistido suficientemente es cuestionada. Si el debate se centra ahí, perdemos de vista la realidad que hay detrás: machismo y violencia. ¡Basta ya!

Confío, sin embargo, en el feminismo que, más allá de promover la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y de su fuerza emancipadora, será un movimiento que empuje definitivamente en la dirección de la superación de las diferencias por la condición sexual y, junto a otros movimientos por los derechos humanos, ayudará a impulsar las transformaciones necesarias para una sociedad más justa e igualitaria.

Cassandra se enfrenta a la Justicia por un chiste sobre la muerte de Carrero; mientras tanto, los franquistas, cuando les viene en gana, nos escupen brazo en alto y cara al sol sus mierdas y una treintena de familias de entre ellos mantienen los títulos nobiliarios que les otorgó el dictador. La impunidad del fascismo en España es preocupante y ha llegado al Parlamento Europeo.

La incapacidad y la indolencia de Serrano (DGT) y de su ministro Zoido dejaron atrapados en la nieve a miles de ciudadanos durante horas. Podría utilizarse como metáfora, pero yo creo que es un aviso real: pretenden irnos dejando poco a poco helados y paralizados. ¿O ya lo estamos?

Mientras los problemas (los que interesan de verdad y los que sirven para taparlos) ciabogan formando un peligroso remolino que nos empuja hacia el fondo, aquellos que más afectan y preocupan a los ciudadanos permanecen los últimos, ahogados en las profundidades abisales de la agenda política.

Creo que me repito, pero es que todo sigue igual. Solo saldremos del bucle catabólico en que nos hallamos si dejamos solo de quejarnos, actuamos contra las políticas injustas y expulsamos de los lugares de decisión a los indecentes que nos gobiernan, empezando por “Tartarín de Bruselas” y “Marianico, don Tancredo de la Moncloa”.

Termino, sin embargo, con una buena noticia: somos los primeros en donaciones de órganos y trasplantes. Feliz solidaridad.

 

José Félix Sánchez-Satrústegui

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