Misterios de estos días, por Jesús Javier Corpas Mauleón.

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Ahora que andamos por su ecuador, aunque ecuador no parezca palabra apropiada para estos fríos, y las fiestas de Navidad avanzan hacia la llegada de los juguetes, quisiera repasar las costumbres y tradiciones navideñas de Estella con su origen.

El más antiguo de los actos es la Misa del Gallo, creada por el papa Sixto III en el siglo V. La primera de estas misas se celebró en un altar de Santa María Maggiore de Roma, “as praeserum” es decir, ante pesebre. Y, enseguida, se pasó a celebrar en todas las iglesias cristianas del orbe.

Los villancicos, aunque con antecesores, alcanzan su plena forma en el siglo XVI, haciéndose populares en Estella, al igual que en toda España, durante la centuria décimo séptima.

El hábito de tomar uvas en Nochevieja se importa de Francia y se comienza a difundir en España desde 1855, constando que para 1927 ya se había popularizado en toda nuestra nación.

San Nicolás, motejado de Bari por su enterramiento, fallece en el año 280. Se le relaciona con los niños por el milagro siguiente: un malvado tabernero asesinó y troceó a tres críos y los metió en un barril con sal, para venderlos como pitanza a sus clientes. Llegado al mesón, Nicolás insistió mucho en que le dieran los filetes de ese tonel y, cuando hacia él acudió el mesonero, se dio con los que iban a servir de comida vivos. En algunos sitios se le conoce como Papá Noel.

A San Nicolás siempre se le representó con túnicas, mayoritariamente verdes, y en USA, por una pronunciación defectuosa, devino en Santa Claus.

Fue en 1931 cuando Coca Cola encargó a Haddon Sundblon una imagen de Santa Claus adaptada para unas campañas publicitarias de la compañía. Y el poder e influencia de esta multinacional hizo que ahora veamos tanta gente con los trajes colorados, especialmente desde las últimas décadas.

El Olentzero era un carbonero tiznado, con gran afición fumar pipa y a beber abundante vino, que bajaba hasta Lesaca por Navidad. De allí fue importado a Pamplona por la Escolanía de San Antonio, e incorporado por la ikastola Lizarra a Estella en 1971.

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Los Reyes Magos, como tradición más longeva de todas, los he dejado para el final.

A sus Majestades ya se les cita en el evangelio de San Mateo, ya va para un par de millares. Allí se cuenta que llegan de Oriente para adorar a Jesús, a quién ofrecen oro incienso y mirra. La palabra mago procede del elamita ma-ku-ish-ti, de donde trascendió para denominar a los miembros de la casta sacerdotal persa durante el reinado de Darío el Medo (31-46 a.C.); su acepción principal era la de hombre sabio. El llamado Evangelio de la infancia de Tomás, escrito entre la primera y la segunda centurias, recoge tradiciones anteriores o amplía detalles, diciendo que traían tres legiones, una de Persia, otra de Babilonia y una tercera de Asia.

La inicial mención a sus nombres la encontramos en el siglo V en dos textos: Excepta latina barbari, que les llama Melichior, Gathaspa y Bithisarea; y el Evangelio armenio de la infancia, que lo hace Melchior, Gaspard y Balthazar.

Para la centena siguiente ya aparecen recreados por un mosaico sobre San Apolinar Nuovo de Rávena. En él, tres hombres blancos vestidos a la usanza persa, con túnica y gorro frigio, entregan presentes a la Virgen y el niño. Sobre sus cabezas sobrevuela el escrito «Gaspar, Melchior y Balthassar».

Un relato ancestral dice que el apóstol Tomás los bautiza y consagra obispos en Saba, donde serán después martirizados. Sus restos, que encuentra y lleva a Constantinopla en el siglo IV Santa Elena, llegarán en el V a Milán, para ser trasladados en el X por el emperador Federico I Barbarroja a Colonia. Allí, los millares de pelegrinos que acuden a venerarlos, hacen que se construya la catedral que hoy conocemos, culminada por una estrella emulando la que apareció en Belén.

En Toledo se conserva el texto de un Auto de Reyes Magos del siglo XII, considerado la primera obra teatral española. Pero no será hasta el 1600 cuando la iglesia católica decida que, al ser tres, simbolicen al trío de continentes entonces conocido. Por ello, ya entrado el siglo XVII, se populariza que uno de ellos simule ser de raza negra: Garpar, en la cabalgata de Alcoy, que se celebra desde 1866, y Baltasar en la mayoría.

En su origen, Melchor premiaba con dulces, Gaspar traía ropas o calzado, y Baltasar dejaba carbón a los chiquillos malos. Sin embargo, en el siglo XIX esto cambia, para entregar los tres juguetes o carbón. En Sangüesa los Magos salen en comitiva para celebrar un auto sobre el Misterio de Reyes desde 1900; en Pamplona se organiza como cabalgata desde 1923; y sabemos que ésta en Estella al menos lleva recorriendo la ciudad desde 1931, y es muy probable que desde antes.

Mategna, Da Vinci, Giotto, El Bosco, Velázquez, Rubens o Durero, entre otros grandes artistas, han plasmado la adoración de los Reyes y hasta Shakespeare les dedicó una obra. Mas todo es poco para homenajear a estos embajadores de la ilusión y repartidores de alegría gracias a sus millares de Epifanías. Brindo por vosotros, Magos de Oriente. Feliz Navidad.

Jesús Javier Corpas Mauleón

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