Me llamo Rosa Peñasco y tuve cáncer (III) y fin.

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 Sólo así pude empezar a entender su razón de ser, crecer y aprender a sanar mi cuerpo y mis emociones, eliminando rencores y dolores después de transmutar la negación y el daño que, arbitrariamente y no sé si por sus propios complejos, algunas personas me habían causado.

A veces sólo por “no poder controlar”- según decían- ni a mi persona ni mi creatividad (ignorando que las personas no se controlan como si fueran fardos y la creatividad de por sí es incontrolable hasta para quien la goza y sufre); o por tener buen humor y confundirlo con una visión frívola del mundo cuando, en realidad, muchas veces es una coraza que amortigua la excesiva sensibilidad de percibir su lado más profundo y oscuro;

o por ensalzar la intuición, la inteligencia emocional y una visión espiritual de la vida que me acompaña desde que nací; o por no entrar por el aro de lo que me parecía inadmisible, arbitrario y hasta deshonesto o, simplemente, por no coincidir con el ADN de sus ombligos.

Por suerte y cuando ya daba por hecho que este mundo es demasiado frágil para soportar la grandeza de la sensibilidad, el camino-cáncer también me ha llevado a comprender y hasta tener empatía y compadecer a l@s que hirieron, asumir que somos uno, perdonarl@s y perdonarme e intentar entender mis y sus porqués, no amargarme ni amargar a nadie, respirar con humor -o ya para mí “thumor”-, crear y disfrutar de las letras y del arte que me recorre las venas desde que nací, y sobre todo VIVIR la vida, valorando su belleza y aprovechando cada segundo de ella como si fuese a acabar el mundo.

Tras esta salida de mi ALMA-rio, también reconozco que no sé si ya tengo en el bolsillo mi billete de vuelta (en realidad nadie lo sabe), pero acogiéndome a la ironía de que “el asunto de morir voy a dejarlo para el final”, mientras, pienso disfrutar cada instante con mi “gran sentido del thumor” para ir sumando puntos y gritar también “¡¡¡CONFIESO QUE HE VIVIDO!!!”

Además de hacerme escribir poesías místicas como una loca (y como CREER ES CREAR, digo desde aquí que las quiero publicar para dejarlas al mundo que es a quien de verdad pertenecen), el cáncer me ha ayudado a espantar a la tristeza rechazando la amargura, a asumir -a veces no sin dolor- que está quien debe estar y que quien dejó de estar es porque no podía o ya no merecía seguir estando…

A cambio: tengo el privilegio de caminar junto a hermosos seres de luz que me regalan su Gracia todos los días, y hasta han aparecido en mi vida, justo en estos momentos (¡qué casualidad!, jijijiji), seres-ángeles hermosos que también fueron Ave Fénix y venero desde aquí porque me han acompañado, “estando conmigo a VIDA”, enseñándome muchas cosas (aunque ell@s saben quiénes son porque no me canso de agradecérselo, les envío un beso a cada rincón de su SER).

Y lo reconozco: respetando hasta el infinito el Sagrado Proceso de cada cual, creo que el fenómeno-cáncer también me ha vuelto radical porque, aun comprendiéndolas, huyo de las personas tóxicas como arma que carga el diablo, quizás porque me he vuelto intolerante al cotilleo, las mentiras y a las críticas, a la ponzoña de los enredos, a la miseria de las envidias, las comparaciones y la competitividad, a las faltas de respeto y las malas formas, a la endogamia de los clanes que se retroalimentan y hasta transmiten a las siguientes generaciones sus sombras (¡y eso sí que es una metástasis!), tal vez porque utilizan chivos expiatorios para volcarles sus frustraciones personales y un lado oscuro que no quieren reconocer, trabajar o curar, a la suspicacia enfermiza de quienes siempre y de todo “pillan trapo” y como si fueran l@s únic@s capaces de mover los complejos hilos del mundo, y a la autocompasión y a la amargura que teatraliza el dolor, caricaturizando a ese gran Maestro para convertirlo en quejas y pataletas de niño que llama la atención a cualquier precio.

También he pasado mis crisis y hasta me fui sola a acallar mis ruidos y a buscar fuera lo que siempre estuvo dentro. Así que no… No todo ha sido del color de mi nombre… He tenido que enfrentarme a la tremenda idea de mi propia muerte, hasta sentir la difícil pero liberadora conclusión de que, en realidad, no tendría mucha importancia: sólo el cuerpo termina porque somos vasijas efímeras albergado inmortalidad; templos de materia orgánica, portadores de energía divina que no se destruye jamás. Pero, por favor, sin equívocos: eso no significa que este “templo” que escribe ahora, no vaya a quemar sus naves VIVIENDO a tope y gozado la VIDA como en su vida. Porque si antes gozaba y vivía el presente, ahora he afinado “los tiempos”, volviéndome una descarada vividora y gozadora del segundo y del instante…

Incluso muchas veces retrocedo y caigo en la dañina inercia de antes, pero mi Ave Fénix cada vez tiene menos paciencia y resurge de las cenizas con más rapidez, obligándome a volver a empezar, perdonándome “las vacaciones” y rompiendo el círculo vicioso. Creo que en este imán de dos polos, por fin me imanta mi nueva adicción a la cúrcuma, a la risa, al jengibre, al espíritu, a las semillas de lino, al sarcasmo, a la espelta, a la meditación, a Ecomoral Huerta Ecologica con las verduras de mis queridas Ana y Marivi y, sobre todas las cosas, al surrealismo que tanto se parece al realismo del sur, quizás porque, en realidad, Macondo no es un lugar, y sí un estado del corazón…

También soy fan de las recetas anti-cáncer de Odile Fernández, así como de las ancestrales plantas sagradas que estuvieron siempre, demostrando durante siglos y en muchos lugares del mundo sus maravillosos efectos, como la caléndula, el aloe, la stevia y el kalanchoe daigremontiana, aunque ahora hayan sido rescatadas por algunos visionarios que sufren persecuciones injustas, bien por el miedo típico que nace de la ignorancia, bien por el terror a la diferencia o bien por el interés económico de unos ya muy sospechosos poderes fácticos (bendita Dulce Revolución y grandioso y visionario Pamies a quien animo y apoyo desde aquí: http://pamiesvitae.com/es/index.html).

Y después de todo y de tanto que, en realidad, es casi nada si tenemos en cuenta la difícil, fascinante y transitoria época que nos ha tocado vivir, respiro y reciclo estos y otros reveses porque ya me he apuntado a la alcalinidad de la vida que desecha los tóxicos y los ácidos (a alguna industria ya “muy sospechosa” de lo peor, también le ha interesado negar el carácter científico de que el cáncer es la consecuencia de una alimentación y estilo de vida antifisiológico o, ni más ni menos, el descubrimiento de Otto Heinrich Warburg que dio lugar al Premio Nobel de 1931).

Soy también adicta a los remedios naturales de la Mejor Salud (https://www.mejorsalud.es) de mi querida Pilar López Martín, a tratamientos complementarios que nunca restan y sí suman porque integran aspectos de nuestro ya de por sí holístico e integral SER (un abrazo a la Asociación de Oncología Integrativa de la que aprendo con interés todos los dias: https://es-es.facebook.com/Asociacion.Oncologia.Integrativa/),
por mucho que a algun@s, ahora en pleno s.XXI, ignorando e incluso avasallando la libertad de los demás, les interese hacer una caza de brujas volviendo a los métodos de la inquisición, para perseguir la heterodoxia: ¿será que el cáncer y sus ortodoxos tratamientos es demasiado rentable para “alguien”? ¿Será que no interesa cierta información en plena sociedad de la información? ¿O es que nuestra inteligencia emocional es tan pésima que nos sentimos inseguros y machacamos al otro porque no toleramos la diferencia?

Me pregunto si ya es imparable el momento de buscar el equilibrio perdido, ensalzado la importancia de la ciencia, pero mucho más de la con- CIENCIA que nos lleva a rescatar el Humanismo que legitima todas las cosas…

Sea como sea y por encima de todo, ahora y más que nunca, la única que me interesa es la meta del éxtasis que supone la “METÁXTASIS”. Y me declaro adicta al CO-RAZÓN y a su mandato de “LEVÁNTATE Y AMA” porque, queramos o no y le pese a quien le pese, el CO-RAZÓN es la única víscera que, como su nombre indica, siempre lleva razón.

Le he pillado el punto al desap-EGO (ju-EGO que ya no dejo para lu-EGO), a la limpieza de mi cuerpo, de mi casa, de mis entornos y de mi alma y me deshago con facilidad, agradecimiento y amor, de objetos, compañías y emociones que nada aportan. Estoy agradecida a mis ancestros y a su herencia sagrada, a mis experiencias con sus errores y aciertos, a mis seres queridos y hasta a l@s que se empeñaron en ser mis enemig@s porque, siento con toda certeza, que el Universo nunca nos deja solos, “no da puntá sin hilo”, y nos regala los motivos, las ayudas y hasta nos pone delante a las personas con las que necesitamos interactuar, para vivir la experiencia que cada cual deba vivir en un momento de su Sagrada Existencia…

En definitiva, amo mi pecho o, mejor dicho, ¡AMO MI PECHO! (terminé aquel mural dibujando una teta florida porque medio en broma, medio en serio, a veces se me antoja que a raíz de este enorme proceso, mis tetas se han vuelto luminosas: ¿pero cómo no voy a pensarlo, si hasta mi tumor se llama “luminal”?). Y Acepto y Amo a mi Ser Índigo con todo lo que significa…

Además de intentar eliminar -y reconozco que me cuesta- los dañinos efectos de esos Rayos que llaman X (supongo que que tendrán este nombre porque convierten la vida de quien los recibe en una incógnita…), ahora ME CUIDO EL ALMA, aprendiendo a practicar el sano ejercicio de poner límites que, otra vez dicho sea de paso, aunque cada vez menos sigue costándome mucho, después de haber pasado media vida dejándome pisotear e invadir. Pero el esfuerzo vale la pena: he descubierto que ya no busco que me quieran quienes nunca supieron quererme, respetarme y ni mucho menos aceptarme como la vida quiso que fuera. Así que lo siento mucho, pero aun siendo cada vez más orgánica, ni soy el contenedor de basuras de otros, ni cubro carencias ajenas, ni me quedo vacía amamantando al mundo a cambio de una sonrisa, una caricia o un reconocimiento que nunca puede llegar de quienes creen que reconocer al otro, en vez de una grandeza y una riqueza, es una debilidad que acarrea pobreza, quizás porque, para su desgracia, ni siquiera pueden reconocerse a sí mismos.

Es un lujo sentir que ha valido y vale mucho la (no) pena pasar por este mundo, en vez de creer que casi debía pedir perdón a algun@s por el simple hecho de reír, sentir, escribir, compartir y hasta existir (¡Todo un juego de viv-IR!). En otras palabras: “ME LLAMO ROSA, PERO YA NO ME DECLINAN MÁS”.

Hoy doy mil gracias a la vida por regalarme un gran aprendizaje, a través de un particular maestro llamado cáncer. SIGUE CONMIGO… SIGO APRENDIENDO… Así que hoy, 365 días después de la gran noticia que detonó este engranaje, justo cuando acabábamos de presentar mi novela “Ángeles en el laberinto” (http://editorialpiedepagina.com/angeles_en_el_laberinto.html), con ese curioso título casi premonitorio, he decidido liberar a los ángeles de las cárceles del alma y los laberintos de las miserias, sin olvidar, jamás, que desde el principio están en este proceso porque de 365, decidieron operarme (¡Oh!, ¡nueva casualidad!), precisamente, el día de los ángeles!!!

Pero, sobre todas las cosas, hoy quiero felicitarme: primero porque me gusta la Astrología y me da cierta fuerza-jocosa gritar que soy acuario y no cáncer. Y segundo porque, “gracias a mi profundo sentido del thumor”, llevo un año PASÁNDOMELO TETA, intentando dar el DO DE PECHO (buen título para un nuevo libro que igual me animo a escribir, ¿no?). Ahí va… Rosa: ¡CUMPLEAÑOS y CUMPLEDAÑOS FELIZ!

Rosa Peñasco.

 

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