La Plaza de Toros de Estella cumple este mes 100 años. Por Jesús Javier Corpas Mauleón.

 

Nadal ha vuelto a dar una exhibición, y lo ha hecho sobre tierra hasta cierto punto muy hispana. Los «parisiens de toute la vie» llaman a la pista suprema de Roland Garros Les Arenes. Y ello porque así nombraban a la más longeva de sus plazas de toros, que en ese preciso punto se alzó (la otra lo hizo junto a la torre Eiffel). Me acuerdo de esta coincidencia entre deporte y tauromaquia, ya que cumple cien años el actual ruedo de Estella, segundo de los que ha tenido la ciudad. Para celebrarlo, el Club Taurino ha programado diversas actividades meritorias, a las que se sumó el Ayuntamiento suprimiendo los encierros de la Virgen del Puy, a pesar de que la empresa aportaba gratis las vaquillas.

El coso estellés ha estado ligado siempre a la familia Hermoso de Mendoza, primero por Ciriaco, encargado de mulillas y alguacilillos dese el día de su inauguración; luego por su hijo Pablo, responsable de las mismas tareas; después por el maestro del toreo a caballo; y luego por el vástago de este y bisnieto del Ciriaco, Guillermo. También a los Marco, por el novillero Marquitos o su hijo Francisco, de alternativa. No quiero dejar de citar a Agustín Hipólito Rivero, «Facultades», la persona que más veces ha lidiado sobre su albero. Matadores estelleses aparecen citados desde 1393, como Juan Saintander. Otro, Jaime Aramburu falleció de una cornada que le propinó en Valencia un toro, también navarro, de la ganadería Guenduláin, en 1786. Les siguieron Noáin, en el XIX y Saturio Torón, en los inicios del XX. Torón, falangista notorio, si bien no falleció de cornada, fue obligado bajo amenaza de fusilamiento a alistarse en las milicias del Frente Popular, donde de forma muy extraña lo destrozó una bomba propia.

Como trágica curiosidad, el único muerto por percance taurino que ha sufrido este ruedo estaba en el tendido de sombra. Ocurrió ni más ni menos que durante la charlotada del 4 de agosto de 1952, cuando un pinchazo en la cruz fue escupido con tal fuerza que el estoque mató al niño Alberto Osés Abaigar, de seis años, que contemplaba el espectáculo con su familia.

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Hablando del sincretismo antedicho, este ruedo ligero y coquetón, aparte de su uso propio, tiene mucho que ver con el fútbol. Su arquitecto fue Matías Colmenares Errea, quién realizó la Cruz de Peñaguda, el primer quiosco de la ciudad del Ega, o la elogiada Teatral Estellesa. Además, sus inquietudes culturales se plasmaron en la creación del periódico La Merindad Estellesa. En Barcelona edificó el estadio Sarriá, casa de los «periquitos», y sede, tanto de la Copa Mundial de fútbol 82, como de esa disciplina en los Juegos Olímpicos. Matías logro alzar en la calle Yerri estas 3.500 localidades de tendido y 20 palcos pese a la cicatería presupuestaria de aquellos munícipes contra su proyecto de 5.000 y 80. Para ello tuvo que usar el subterfugio de invertir todo en ruedo y gradas, sin edificar corrales, por lo que el consistorio tuvo que aflojar el puño en una ampliación presupuestaria a posteriori.

El edificio se inauguró en septiembre, para lo que hubo que retrasar las fiestas de agosto, con dos corridas de los hierros navarros Zalduendo y Alaiza para Francisco Posada y Francisco Peralta.

Pero Matías llegaba más allá, y fue delantero titular del FC Barcelona durante nueve años, y otro más del Real Club Deportivo Español. Además, participó en muchas construcciones como la ciudad jardín Florida. No sabemos cuántas cosas otras hubiera podido aportar este estellés ya que, como el 86% de los oriundos de Tierra Estella atrapados por la guerra en zona izquierdista o separatista, fue asesinado por esas fuerzas. Fue en 1937 contra una tapia del cementerio de Cerdañola del Vallés.

No obstante, como se trata una la celebración por cien años, quiero terminar con algo alegre, aunque contrario al sincretismo citado. Cosa de puristas que entonces existían. Cierta vez que dieron a Juan Belmonte invitaciones para un partido entre los dos equipos de fútbol sevillanos, el Pasmo de Triana ofreció compartirlas con un amigo. Y este le contestó:

—Mira Juan, te lo agradezco mucho, aunque perdona que no te acompañe. Yo, gracias a Dios, todavía sigo siendo belmontista.

Jesús Javier Corpas Mauleón

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