Democracia, por Juan Mantero Ruiz.

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Tengo varios diccionarios, lo confieso. Los uso, a menudo; unos más que otros, pero mis visitas son más frecuentes conforme la ignorancia me obliga a consultarlos, y cada día que pasa veo que no debería ser el único en tomarse un tiempo mínimo en definir aquellos términos -tan sagrados- con los que se nos llena la boca en charlas de taberna o debates seudointelectuales que tragamos a fuerza de ideología o, en el peor de los casos, de paciencia.
He buscado la definición de DEMOCRACIA, probablemente para justificar mi condición de “no demócrata” (no ante mi conciencia, pues me la trae bastante al pairo, sino ante todo el elenco de libertarios seculares) y a partir de ella intentar explicar que mi alineamiento en esta idea tiene una base y está regida por el sentido común y por una profunda madurez.
La democracia es la “forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por el pueblo” (jajaja, disculpen, me he atragantado), o más concretamente, el “sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. O sea, lo mismito que aquí… Este país de pandereta que lleva cuarenta años -¡ahí es nada!-, yendo cada cuatro años a echar una papeletilla y lo de controlar, ya si eso, otro día…
Argumentos peregrinos no faltan: “el pueblo ha depositado en nosotros su confianza”, “hemos de buscar la estabilidad en el marco de la Constitución”, “los españoles han votado por la honradez y la continuidad”, blablabla…. Parece ser que una vida sexual sana es que una vez cada cuatro años alivies tus venéreas en plena libertad y, mientras tanto, te quede el recurso del pataleo (léase onanismo) para justificar que eres partícipe del único sistema que garantiza que te van a dar por todos los lados porque tú lo has decidido.
Dejo de lado los fantásticos argumentos peregrinos de los vencedores que pregonan aquel tan manido “si no votas, no te quejes”, con el mismo argumento moral y ciudadano de “acepto pulpo como animal de compañía”, obviando que el mismo derecho asiste al votante que al que no lo ejerce, los mismos impuestos pagan, y los mismos desmanes sufren; y olvidando que votar no es un deber (eso ya pasó a la historia negra).
Pero olvidan que una democracia en la que se reforma una Constitución sin referéndum (sólo se ha celebrado el que decidía nuestra entrada en la OTAN), sin respuestas parlamentarias a preguntas de la oposición, con comparecencias ante los juzgados y ante la prensa y los ciudadanos por plasma, con hemiciclos vacíos cuando se debate el futuro de las comunidades más débiles, con leyes que impiden manifestar el descontento de la ciudadanía a menos de 500 metros de los jacuzzis del poder es, cuando menos, una democracia inmadura.
Pero si añadimos que en este país, el principal partido de la oposición, con millones de votos, cambia el “no es no” por el “ya veremos y no he dicho nada”, amén de tener imputados a tres de sus cuatro últimos presidentes de la comunidad autónoma más extensa del territorio y con más desempleo, por desvío de fondos para la formación de los desfavorecidos, desafiando así la ilusión y el deseo al menos de sus fieles acólitos; también que el presidente en funciones y siendo la lista más votada, deja durante un año un país sin legislar y a su monarca y Jefe de Estado con, literalmente, “el culo al aire”, por no ver los apoyos suficientes;  un Ministro de Defensa manda a casi un centenar de militares a una misión institucional y los entierra con las prisas del que recoge un puzzle y acaba la legislatura con el honor de una embajada golosa en Gran Bretaña; un exministro de Economía es juzgado por blanqueo de capitales y desamortizar la principal Caja de Ahorros; sin añadir todas las investigaciones abiertas por evasión de capitales, blanqueo de dinero y delito fiscal.
Yo casi prefiero no ser demócrata. Y no entro en la cuestión territorial. Para mí sí que “NO ES NO”. Una democracia en la que prescribe en el mismo tiempo una multa de tráfico que un delito fiscal, en la que se nombra a la alta judicatura a dedo, en la que es más fácil y a la cárcel por un control de alcoholemia que por llevarte miles de millones a un paraíso fiscal siendo madre superiora es, como mínimo, una democracia incompleta y de escaparate.
Pero no se preocupen, ¡sigan votando!

2 comentarios en “Democracia, por Juan Mantero Ruiz.

  1. Leído y aprobado, creo que tu repaso es completo y acertado, solemos rompernos el pecho hablando de cosas que no entendemos o que en su defecto no practicamos.
    Gracias por compartir tu talento con nosotros.
    Un saludo Juan.
    Reme Gras.

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