!Hasta el gorro de las banderas, de todas las banderas! Por Juan Andrés Pastor.

 

 

yo por david

Se ha puesto a llover como lo hace un domingo; entre campanas. Hoy salpican los bronces y las platas y en las portadas grises de la prensa aparecen colores;  blanco y rojo. Estamos aún en junio y no son fiestas. Llegará ese momento en que Navarra acoge, recibe, invita, abraza, baila y es capaz hasta de reírse de si misma en compañía.

Pero hoy no. La gente está enfadada, hay sospechas, desprecios, distancias en las frases del saludo. He visto más periódicos a la venta en las tiendas que otros días. Como si hubiera madrugado mucho una noticia que a algunos llega tarde y para otros no es lo que parece, ni siquiera parece lo que es.

Lo del blanco iba por la docena que es como se venden los huevos ahora y siempre. Punto y aparte.

Lo del rojo es más serio, siendo al revés la pedagogía del color. Pero esto son banderas, con toda la rotundidad que tiene la palabra desplegada.

Banderas que ondean, que se agitan, se enseñan, que señalan un territorio que tiene más colores. Banderas, estandartes, pendones, enseñas, insignias, confalones, gonfalones, emblemas…

Banderas las de enfrente, las de aquí, las dos, las miles de banderas solitarias, con más o con menos colores y casi siempre el rojo de la sangre, la gesta, la contienda, la lucha, la traición, el puñal, el disparo, la espada, la bomba, la intención; el rojo color de la roja sangre arrojada, sonrojada y carnal.

Solo sangre, nada que se pueda contar, ni detener, porque la sangre solo es el color de la muerte que acaba de llegar y no da abasto. Luego se seca y entonces las banderas ya no  buscan el aire y se vuelven tan graves como para cubrir ataúdes y rezos y más odios.

Más alto, más arriba, en la torre, en el balcón más grande, por encima de todos… les llamamos banderas y es orgullo. Y se lo digo a todos los mástiles inhiestos como un tótem enraizado en los muertos.

No creo en las banderas y no me representan. No creo en las fronteras porque no me detienen, ni creo en los insultos, tampoco en la sospecha.

No me gustan los gritos, tampoco la razón del porque sí, ni siquiera soporto las duras mayorías que tienen una voz tan repetida que el eco se desmaya de cansancio.

No soporto las tibias minorías hechas al papel del victimario. Me resulta difícil creer en los grupos conexos, en las tribus pintadas, en un chamán que manda o desordena Me queman las hogueras en el centro y todos los demás bailando en una sola dirección. Me ahoga ese humo aburrido de lo obvio. Me duelen los grandes titulares, el despliegue ostentoso de tipografías arrojadas cargadas por diablos, que son pobres diablos y lo saben.

Y cuando eso pasa me acuerdo de mi amigo Kapirutxo cuando dice que :

“En el país de los ciegos, el tuerto es… extranjero”

Es como si quisiéramos fabricar extranjeros desde dentro que es lo mismo que decir que sobráis, que no os queremos, que os barre mi bandera y la tuya es un trapo descosido en un barco de burgueses y la mía es real, más vieja, más usada, sin gastar, y… son trapos.

Me acuerdo de Flaubert cuando descompuso todas las banderas y llegó a la conclusión de que, todas son todas, están hechas de sangre y de mierda.

Me acuerdo de Gloria Fuertes:

“Todas las banderas huelen a sangre

de hombre joven.

El aire puro de mala gana las ondea…”

Me acuerdo de Brassans:

https://www.youtube.com/watch?v=iFOcIvSBDV0

Y sé que como no tendamos puentes de ambos lados, la trinchera será cada vez más profunda y más ancha y se nos quedaran los hijos a ambos lados.

Luego alguien dirá, otra vez, que el río se desbordó por ambas orillas y todo dará igual.

Mientras tanto en los comercios al comprar un regalo nos preguntarán:

Te pongo un felicidades o un Zorionak?

Cada vez que me lo dicen me entristezco. Nos siguen separando los papeles de los regalos cuando lo importante está dentro y en la voluntad, no en otro sitio.

 

Juan Andrés Pastor

 

2 comentarios en “!Hasta el gorro de las banderas, de todas las banderas! Por Juan Andrés Pastor.

    1. Más que un territorio la bandera de la III República, representa un modelo de sociedad. Incluso la vida de un hombre, como por ejemplo tú, vale mucho más que todas las banderas del mundo. Ahora me entiendes? Si te vuelvo a resultar demagogo lo lamento mucho.Por cierto tú quien eres?

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