Arranco y paro. Por Palmy Mancheño

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Acaban de traerme un aparato electrodoméstico. Dicen que es una lavadora pero yo creo que es una nave espacial.

Me la dejan instalada y lo último que me dicen es ” Señora, no se agobie” y no sé por qué pero me pongo automáticamente en guardia.

Pronto lo descubro: lo primero que hago es arrimarla y encajarla bien en el hueco que corresponde y pasarle un paño y ella me suelta una serie de gruñidos acompañados de lucecitas tipo inauguración de feria de Navidad.

Estoy como una recién parida poniendo su primer pañal: con las manos estilo viejo Oeste cuando te apuntan con una pistola y con los ojos como Igor de ” El jovencito Frankenstein” y Marujita Díaz, bien abiertos y dando vueltas.

Pero soy de determinaciones rápidas: llamo a mi novio y me pongo a gritar. Él ya sabe que algo tecnológico me está atacando y procede al ritual básico “¡desenchufa!”
Y el enchufe se encuentra al fondo y tengo que volverla a sacar. Para cuando logro sacar del cajón la tecnilavadora, desenredar los tubos de agua y los de la alimentación a la red noto que se ha callado y que ronronea como un gato acompasado de las lucecitas. No sé si me ha estado calibrando como amiga o enemiga pero me da un ” impasse” para recuperarme.

Así que vuelvo a meter al enemigo en su cubil e intento encontrar algo que me indique que la puedo domar, parar o arrancar. Que lave ya será otro cantar porque lo mismo dobla y plancha cantando por soleares.

Me pongo en modo receptivo: las manos en jarras y la miro fijamente ( o empatizo con ella, no lo sé). A todo esto me han dejado un plástico sellado sobre la mesa con mil papeles dentro así que lo abro y lo primero que se ve es una especie de abecedario políglota: RU, UKR, RO, BG, EL, FR, PL…y así hasta 24 párrafos!. Parecen las claves para una guerra mundial. Por fin encuentro mi “clave” ES que dice: ” Para consultar las características técnicas, por favor diríjase a la dirección de internet del productor”, genial, otro enemigo a la vista.

Sigo sacando papeles y trozos de diseño de plástico que vienen a ser los,tornillos que siempre sobran cuando terminas de montar un mueble de Ikea.

Por fin un librito muy moderno que está decorado como los “come-come” de antaño: con cuadraditos vacíos y de vez en cuando un premio. Solo que aquí en vez de premio hay una camiseta, un sol y una copa. Realmente me da miedo abrirlo, ¡ es la caja de Pandora!. Así que planeo la estrategia mientras recupero fuerzas comiendo.
Mi dieta es sencilla pero en vez de pechugas y verduras solo veo selectores de ropa, programas centrifugadores, display digital, mini y macro lavado y ¡tecla inicio/pausa!

Ahora que he calibrado yo a mi rival y he conseguido meterle los siete kilos de ropa preceptivos, descubro que no sé dónde se pone el detergente porque en las tripas, pegado a la tapa, hay unos cubículos enormes con más señalizaciones que en el aeropuerto de Barajas.

Esa debe ser el arma secreta de la caja blanca. Yo, sin embargo, solo tengo una botella de plástico blanco de detergente líquido con escamas de jabón Lagarto. Me siento como Luke Skywalker frente a Darth Vader. Y me lanzo al vacío.
Lleno el tanque, cierro la escotilla, rozo sutilmente el disco digital de la derecha y ella empieza a encenderse como las máquinas tragaperras, pulso el ¡acción!, parpadea, yo vigilo, me dice que no es compatible, le doy otro toque, enciende los ojos bien rojos, me desafía, rueda, me enseña un dispositivo electrónico de desequilibrio, me salen letras y números a la vez, va a toda pastilla y por fin, cansada, se para aunque no me deja abrirla.

Hemos llegado a un acuerdo, ella lava a su modo y yo me desentiendo porque no puedo ir a mirarla cada cinco minutos a ver qué está haciendo ni ella puede concentrarse en lo suyo.

La de la tienda me dice que ahora todas son así, que es una generación nueva y que me vaya al Gym a tirar adrenalina. No le he dicho que el del Gym me ha mandado a terapia porque no quiere que le soliviante al personal de la clase.

Por eso estoy aquí, para hacer un llamamiento en masa “Perdida lavadora de arranco y paro, separada de su dueña en el día de hoy. Vestida de blanco roto y con una cicatriz en la tapa. Se gratificara”. Copia, pega o haz lo que te de la gana pero comparte y haz una buena obra.

Palmy Mancheño García

Un comentario en “Arranco y paro. Por Palmy Mancheño

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