Desde Calatayud a  Kanaganapalli pasando por Estella-Lizarra. Por Susana Serón.

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¿Te has preguntado alguna vez por qué eres católico en vez de musulmán?

¿Por qué tienes una carrera universitaria en lugar de estar pidiendo en la calle?

¿Te has parado a pensar por qué tienes una casa para vivir y comida cada día?

O estás tan inmerso en tu ego que prefieres quejarte de tu trabajo, tu dinero, tu día a día sin percatarte que nacer en un país desarrollado te ha dado unos derechos adquiridos, que otros por desgracia no tienen, esos otros a los que tú criticas sin conocer…

Mi relación con Shidhar y su futuro comenzó cuando él era apenas un bebé con una esperanza de vida muy por debajo de la mía. Sin más en la vida, que una familia que vende pulseras para sustentar a sus hijos en una aldea olvidada, en un lugar del mundo llamado Kanaganapalli.

Shidhar  tiene ahora17 años y un futuro como ingeniero por delante gracias a uno de esos locos de la vida que son capaces de olvidar el privilegio de su “ius soli”. Un bendito loco que un día pensó y decidió en favor de los  necesitados de verdad.

Esa persona comprendió que se pueden levantar montañas con un granito de arena de aquí y otro de allá si somos muchos los que decidimos darle un pellizco a la esperanza y a la justicia.

He pasado años escuchando comentarios acerca de la Fundación Vicente Ferrer; que sí estoy segura de que ese niño existe, que si sé que usan el dinero para fines benéficos de verdad, bla bla bla …y por fin he podido ver con mis propios ojos la evolución de Anantapur ( hospitales en los que se atienden 20 partos diarios, escuelas donde niños con ilusión tienen además una opción de vida, proyectos de ecología, de asfaltado de las aldeas, de integración de personas con problemas… )

He podido respirar la paz y las sonrisas que Anna y Vicente han llevado hasta un rincón de la India donde no existía nada. Y ahora, una vez de vuelta a la realidad, ésa que muchos anhelan, me siento vacía sin sus manos agradeciéndome estar ahí, sin la mirada de su madre que me hizo sentir una diosa en mitad de la nada, sin la sonrisa de su hermana al abrazarme, y ya nada, absolutamente nada, ni mi armario lleno de ropa que no uso, ni los 75 pares de zapatos que antes me volvían loca, ni las palabras de la gente que me quiere…

Nada es suficiente para que mi alma cese de sangrar lágrimas que no solucionan pero calman…

Me siento extraña entre las calles y las personas que antes me hacían vibrar para continuar este camino llamado vida.Me siento fuera de lugar, como Alicia en el país de las maravillas, rota y anclada en un mundo que me queda grande; en un mundo que continuamente replica “aquí también estamos mal” y necesito correr, escapar de la doble moral, de los lamentos hipócritas, de la soledad que me recuerda lo afortunada que soy, aunque mi entorno luzca negro tupido.

Quiero gritarle a cada persona que me recuerda que “esta es la vida que te ha tocado y no puedes solucionar la de los demás” que no la quiero. Porque no sé conformarme con lo que me han regalado, porque quiero luchar por aquellos que me hicieron sonreír sin pensar en mis creencias, en mi nacionalidad, en mis orígenes o en mi color de piel.

Y porque no me siento extraña cuando todo lo que te rodea es verdad y es justo.

 

Susana Serón Sánchez-Camacho

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