Yankees go home, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Hitler se anexiona Austria, ataca Checoslovaquia, ocupa Polonia y amenaza al resto de Europa. Perdón, me he liado. Trump se anexiona Venezuela, compra Argentina y amenaza a México, Cuba, Colombia y Europa, Groenlandia mediante, de momento (no me olvido de Putin, por supuesto, que ya ocupó Ucrania e intimida a países limítrofes). Ojalá tengan razón los que decidan acusarme de exagerado. No sé si la historia se repite, aunque con distintas fórmulas de camuflaje para despistar, pero muchas veces lo parece. O es demasiado tozuda, como he señalado en varias ocasiones.

En su incansable pugna por el poder político y económico mundial, que él disfraza de lucha por la paz y la democracia, Trump secuestra al impresentable dictador venezolano Maduro para hacerse cargo del petróleo, porque la dictadura bolivariana y la democracia le importan un carajo.

La doctrina Monroe (que debe su nombre al presidente estadounidense James Monroe), articulada en el siglo XIX, que podría resumirse en la frase «América para los americanos» (para los norteamericanos, quería decir, en contra del colonialismo europeo) se sumó al «Destino Manifiesto», que se basa en la creencia en la superioridad moral, política y cultural de EE. UU., por lo que la expansión territorial hacia el oeste la asumieron como un derecho y un deber para difundir su forma de vida. Si a esto se añade la actual Estrategia de Seguridad Nacional trumpista, cuyo objetivo no es expandir la democracia ni defender los derechos humanos (que le importan un bledo, repito), sino beneficiar los intereses de los ricos de Estados Unidos y los suyos propios, tenemos el caldo de cultivo perfecto para la deriva autocrática y expansionista norteamericana, todo ello revuelto en el batiburrillo de neuronas que ocupan el cerebro afectado de narcisismo maligno dentro del cuadro general de psicopatía (todo psicópata es narcisista, no todos los narcisistas son psicópatas; este sí).

Tras el fallido asalto al Capitolio hace cinco años, en menos de doce meses de su vuelta al poder ha asaltado el país entero transformándolo a gran velocidad en un régimen autoritario, además de demoler el orden internacional. Para mantener su (des)orden ha retocado el papel de la ICE, creada tras los atentados del 11S, hasta convertirla en una especie de Gestapo, como ya ha denunciado Bruce Springteen en un homenaje a Renee Good, la mujer asesinada en Minneápolis por esta «policía patriótica».

María Corina Machado visitó al matón en la Casa Blanca entrando por una puerta lateral y salió sin la medalla del Premio Nobel de la Paz que le entregó «como reconocimiento por su compromiso con nuestra libertad». El humillante regalo ha sido descrito como patético, insólito o ridículo por medios de comunicación noruegos. «Una medalla puede cambiar de dueño, pero el título de Premio Nobel de la Paz, no», ha zanjado la institución sobre la posibilidad de que la opositora venezolana quisiese transferir el premio al mandatario estadounidense.

En un artículo, Ignacio Escolar describe que su plan para la Unión Europea (UE), más allá de arrebatar Groenlandia a Dinamarca, es que le compre más armas y permita que sus monopolios tecnológicos se lucren a costa de los europeos sin ningún control. Ya dijo Elon Musk que había que abolir la UE, y en ello están Putin y Trump con China expectante.

Pero necesita de colaboracionistas: «La creciente influencia de los partidos europeos patrióticos da, en efecto, motivos para un gran optimismo», dice la Estrategia de Seguridad Nacional. Es decir, va a favorecer a la extrema derecha europea, a los que el mismo Trump llama «patriotas», sin descartar injerencias en los procesos electorales. A los besaculos nacionales, tan pelotas, y a los que tiene cogidos por las mismas, hay que sumar los internacionales.

Los muy españoles y «mucho españoles» de banderas rojigualdas al viento y pulseritas ídem, resultan ser patriotas de otra patria, del Imperio Trump (ya expresaba Lenin que el imperialismo es la fase superior del capitalismo). Porque el Agente Naranja necesita por el mundo de Naranjitos, como Abascal e IDA 7291, y de incoloros e insípidos, como Feijóo. La respuesta de la derecha carpetovetónica a cuenta del ataque sobre Venezuela, violatoria del derecho internacional, ha sido indigna.

Según el mito fundacional de Roma, son los parias quienes construyen las patrias, nos recuerda Irene Vallejo, de las que luego se apropian los que detentan el poder y sus esbirros.

El energúmeno supone una seria amenaza para el bienestar, la soberanía y la paz mundial —aquí estamos incluidos los europeos, que no se nos olvide—. «No necesito leyes internacionales. Mi propia moralidad. Mi propia opinión. Es lo único que puede detenerme», dijo en una entrevista.

Javier Cercas opina que la UE puede, debe y sabe lo que hay que hacer (otra cosa es que se decida), además de respaldar a Ucrania, como es concluir el mercado único, mejorar la competitividad, emanciparse cuanto antes de Estados Unidos y construir una Europa federal para convertirse así en el proyecto político más potente de nuestro siglo, el único que puede garantizar la victoria de la democracia sobre la autocracia. Necesitamos más Europa, o sea.

El masculus ibericus, que ha estado y sigue estando muy bien representado en este país por tanto machirulo, hoy llega a un nivel superior con el caso de Julio Iglesias (¡hey!), acusado por dos extrabajadoras de agresiones sexuales en el año 2021 en un «ambiente de control, acoso y terror» en sus mansiones de República Dominicana y Bahamas, según una investigación exclusiva de elDiario.es en colaboración con Univision Noticias.

En su momento le llamaron el Termo porque una de las estrofas de Gwendolyne rezaba: «Tan dentro de mí, conservo el calor, que me hace sentir…». Con el tiempo el termo se convirtió en horno, ya que no solo guarda el calor, sino que lo crea y quema lo que no debe a través de manos, labios, polla, dinero y poder.

El personaje, que ya había avisado que era un truhan (y se quedó corto), aunque intentó rectificarlo añadiendo que también era un señor, lo que luego se ha demostrado que quiso decir que era un truhan y no un señor, ya advirtió estar «más allá del bien y del mal» en una entrevista en la SER allá por los años 80.

El machismo de la mujer lo personaliza IDA 7291 con su defensa del chulo en una frase histérica —digo histórica—: «Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda. La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias». Sé que a muchos lo primero que le ha venido a la cabeza, porque así me lo han dicho, es lo de «esta tía es tonta» (entiéndase como definición, no como insulto), pero yo creo que habría que ir a descalificaciones más graves aún.

Mientras el neofascismo se extiende por el mundo, incluida Europa y España, y el machismo insiste, EE. UU., tras destruir Gaza (no olvidemos nunca este genocidio tan actual y permanente), quiere colonizar no solo América, sino también Europa y lo que se le ponga por delante. Es hora de que la UE despierte, de una resistencia antifascista potente y de que los estadounidenses se vayan a su casa y dejen de conquistar países. Hay que volver a gritar ¡Yankees go home!

Adenda: No puedo acabar este artículo sin trasmitir, desde una profunda tristeza, mi pésame por las víctimas del accidente ferroviario del pasado domingo en Adamuz (Córdoba). Lo primero, ahora: DEP las víctimas y un abrazo solidario a familiares y amigos.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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