La desagradable actualidad, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Hoy se cumplen nueve años y dos meses, menos dos o tres días, que empecé a colaborar en Estella Noticias. Lo recuerdo por llevar la contraria a las celebraciones en cifras redondas, también porque quería comenzar con alguna noticia grata para mí antes de opinar sobre cualquier otro asunto de la desagradable actualidad.

1. El mundo. Lo que sucede tan lejos nos afecta muy de cerca. Trump desea que la Unión Europea (UE) cambie el rumbo, que no se dirija hacia la Europa del bienestar, sino del malestar, que se vaya inclinando cada vez más hacia la derecha y termine en la extrema derecha. Vaticina el «fin de la civilización europea» por culpa de la inmigración y de la baja natalidad. Además de las medidas para mejorar la economía de EE.UU y, sobre todo, la suya y de los suyos más cercanos, pretende imponer su ideología ultra a nivel mundial y europeo. Ya ha declarado su intención de apoyar a los que llama «partidos patrióticos» de la UE, donde dispone de sumisos aliados: los que piensan como él, encarnados por Orbán, Vox, Meloni, Le Pen, Farage y AfD, entre otros, y los pasmados, agrupados en torno a Von der Leyen. El Agente Naranja apuesta por la interferencia política que puede alterar la vida política de cada país europeo. Ya lo hizo en América Latina defendiendo a Bolsonaro, que le salió mal, y con Milei, que le salió muy bien.

Con su habitual descaro y movido por el interés político-económico compró Argentina por un puñado de dólares. Lo que podría parecer el título de la película inaugural de un nuevo subgénero cinematográfico, el trumpi western, es una desgraciada realidad. Argentina es un país tan rico-tan pobre (riquísimo en recursos naturales; paupérrimo en su traducción a riqueza económica, salvo para unos pocos) que lleva años de mal en Perón (he querido decir peor; o no) y ahora pasa a peor imposible. De acuerdo que 20 000 millones es algo más que un puñado de dólares y que no es un apoyo del Agente Naranja a los argentinos, sino a Milei, pero hay que tener en cuenta que, si esta ayuda no ha sido definitiva para el triunfo de la motosierra, sí ha supuesto un empujón importante para la victoria del loco fascista. Soledad Gallego-Díaz, en El mañana está aún más lejos en Argentina, afirma que tal victoria «es en buena parte una victoria de la resignación», la cual no es otra cosa que una derrota para los resignados.

Trump ya tiene su premio de la paz concedido por la FIFA, esa organización corrupta y miserable que debería dedicarse al fútbol, y que ahora elige humillarse ante el líder. La derrota en algunos estados y en la ciudad de Nueva York, donde triunfó el socialista, inmigrante y musulmán Mamdani, es un bofetón en todo el rostro del matón; esperemos que esta luz entre las tinieblas sea el principio del fin de la pesadilla naranja. Ojalá.

Con el triunfo de Kast, Chile se suma a la ola de gobiernos ultraderechistas del mundo y de la región. Que Chile vote por mayoría aplastante a un pinochetista invita a hacer una profunda reflexión no solo a los sectores progresistas de la sociedad, sino a todos los demócratas de América y del mundo. Así como en Chile no desapareció el pinochetismo con la muerte de aquel dictador asesino, aquí tampoco desapareció el franquismo con la muerte de este dictador asesino. Te recuerdo Amanda, te recuerdo Víctor Jara.

No nos olvidemos del genocidio de Gaza, que persiste más disimulado. Esto no justifica en absoluto el atentado antisemita de Sidney llevado a cabo por seguidores del Estado Islámico.

2. España. Los casos de corrupción y acoso que rodean al PSOE, aunque tratados con rapidez en general, no todos, indican que hay que actuar con protocolos preventivos y terapéuticos mucho más eficaces. Esto no puede ocurrir en un partido que llega al gobierno tras una moción de censura a M. Rajoy, ese personaje desconocido, por corrupción y que está acreditado como feminista en su actuación diaria y legislativa allí donde ha gobernado. Tiene que actuar con tolerancia cero frente a ambas gravísimas situaciones. La contundencia de la que presume Pedro Sánchez ha sido poco contundente en los últimos casos conocidos. A uno le pueden salir ranas dos secretarios de organización de la máxima confianza, pero, además de hacerse mirar la fiabilidad en la concesión de tales confianzas, debe tener instalados mecanismos suficientemente eficaces para que no puedan actuar impunemente y sean descubiertos de forma inmediata si no han funcionado las medidas preventivas.

La hipocresía de la derecha en estos casos es tremenda. Ha votado de manera sistemática en contra de legislación en materia de igualdad, violencia de género, derechos sexuales y reproductivos y paridad. Igual ocurre con la corrupción. La Audiencia Nacional tiene en su poder, congelado desde hace dos años, un informe policial que señala a Cospedal por obstrucción a la Justicia y manipulación de pruebas. En una grabación indica a Villarejo que «la libretita… Sería mejor poderlo parar», en referencia a las anotaciones del tesorero del PP sobre el dinero B de su partido. Estamos a la espera de que se muevan los casos de Montoro, el novio de IDA 7291, los protocolos de la vergüenza, la guerra sucia de Interior en el Gobierno de Emepunto Rajoy, Ribera Salud y similares, desvío de fondos recaudados para la dana por las juventudes fascistas, aparte de demasiadas causas pendientes. ¿A qué se deben las diferentes velocidades de actuación de la Justicia y la UCO?

En las últimas semanas, dirigentes del PP han anticipado públicamente actuaciones judiciales aún no ejecutadas, apuntando a futuras detenciones e investigaciones que afectarían al PSOE. Cuca Gamarra ha llegado a afirmar que «cuando finalice esta semana habrá nuevos casos, nuevos detenidos, nuevos investigados… que formarán parte del círculo más estrecho de Pedro Sánchez». ¿Quién filtra al PP la información? ¿Medios judiciales y policiales?

De la escandalosa sentencia al ex fiscal general ya han hablado y escrito ilustres entendidos en la materia; sin embargo, me quedo con esto: «Lawfare para celebrar el 20N» (Carlos Bardem), «Hoy los golpes de Estado se hacen en sede judicial» (Gabriel Rufián) y «Golpe judicial contra el Estado de derecho» (Martín Pallín). Pues eso, la insoportable tortedad de la Justicia.

La Conferencia Episcopal ha seguido las directrices de su otro dios, el Aznarísimo, y ha hecho lo que podía hacer. Por bocaza de su presi ha declarado que «hay que ir a una cuestión de confianza, moción de censura o elecciones» (se entiende que en defensa de la vuelta al nacionalcatolicismo o cristoneofascismo —término que creo que usó el teólogo JJ Tamayo—).

Es vital para la estabilidad democrática que los togados puñeteros retornen a las sedes de los tribunales, de donde nunca debieron salir. Es necesario, asimismo, que los recuras y sotanudos se vayan a hacer puñetas a rezar por sus pederastas y llorar por la pérdida del significado del valle de Cuelgamuros, mientras se deroga el régimen concordatorio.

Adenda: Extremadura ha votado recortes en sanidad, educación y servicios sociales, debilitamiento de los derechos laborales, cuestionamiento de las políticas de igualdad y diversidad, y una visión excluyente que deja atrás a una parte importante de la ciudadanía. La izquierda queda mal. Derrota sin paliativos del PSOE con los peores resultados de su historia y ascenso importante, aunque insuficiente para mantener a la izquierda, de Unidas por Extremadura. El PP de Guardiola obtiene una victoria pírrica, porque necesita a Vox para gobernar (para este viaje no hacían falta alforjas). Como tampoco le salen las cuentas, ¿volverá a convocar elecciones hasta obtener la mayoría absoluta? Vox crece de forma significativa y sus votos no proceden solo del señorito terrateniente, sino que muchos deben proceder de los herederos de aquellos sirvientes a los que el señorito mandaba olisquear el suelo en Los santos inocentes (recuerden la novela de Delibes) y de otros que, por desgracia nos recuerdan la reiterada, por mí, frase de Santayana: «Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Lo siento por Extremadura. Al resto puede venirle algo parecido.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

Deja un comentario